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LA LECTURA INVERSA

LA LECTURA INVERSA – Foto: OPI Santa Cruz/Francisco Muñoz

11:15 – (Por Rubén Lasagno) –  Acostumbramos a leer linealmente un triunfo o una derrota política, perdiéndonos, en general, entre los pliegues de un triunfalismo efímero, en el caso de los ganadores o en la decepción a futuro, en el caso de los perdedores, omitiendo el análisis de las proporciones y las consecuencias (de la derrota o el triunfo) y cómo se proyectarán o cómo podrán impactar más adelante dichos logros o pérdidas.

Esto, claro, para el “ser político” que tiene un poder de adaptabilidad increíble, es casi tan regenerativo como la piel en un reptil; muda (y puede mudar) una y otra vez de ropaje, lineamiento, orientación, conducción, nombre y hasta de ideología, si los tiempos y las condiciones socio-políticas así lo requieren.

El ejemplo más claro es el del kirchnerismo, que fue un movimiento autónomo provincial el cual llegó al poder nacional como Frente para la Victoria y ahí se mimetizó con el peronismo (despreciando a Perón), usó el escudo y la pantalla para perdurar 12 años y CFK llegó al punto de decir que no se podía ser peronista sin ser kirchnerista. Minimizó el desmarque político de Massa en el 2013, hasta que se dio cuenta del error, en las urnas.

Cuando fue eyectada en el 2015 y las causas de corrupción comenzaron a inundar su living y el de sus cómplices, el Frente para la Victoria olía a muerte electoral preanunciada y entonces pretendió cooptar al peronismo para ir con su nombre y todos sus votantes, a la caza del Congreso. Algunos sobrevivientes como Pichetto y barones del connurbano bonaerense, Randazzo y el propio Massa, adelantaron la jugada y resistieron; entonces Cristina se escindió definitivamente del PJ, hizo rancho aparte y creó Unidad Ciudadana, pretendiendo desde ese lugar, como un canario llamador, atraer a otro que no fuera K. No lo logró, pero destrozó al PJ. Al final del camino quedó un partido “propio” K reducido a un 30% y un peronismo en minoría, disperso y sin fuerzas, al cual el kirchnerismo le extrajo la sangre y lo zoombizó haciendo que caiga derrotado en casi todo el país, por una alianza nueva y variopinta, sin ideología firme, sino más bien convergencia de intereses partidarios.

En Santa Cruz la cosa fue más simple, pero no menos importante. El FPV ganó siempre con alguna ventaja y privilegio; una de ellas fue estar en campaña al mismo tiempo que gobernaba. Cuando las papas quemaban y Alicia Kirchner era la única etapa a quemar, porque a Peralta lo habían perdido en el camino, sabiendo que la hermana del ex presidente con su solo apellido no reuniría votos, ya que jamás había logrado ganar un puesto electivo en la provincia, forzaron la Constitución y promulgaron la Ley de Lemas y allí en sociedad con el PJ que lideraba Peralta, hicieron posible otro gobierno de 4 años que ellos soñaron de la mano del tándem nacional Scioli-Zanini y no pudo ser.

Como ya pasó en otras oportunidades, con la Ley de Lemas, Eduardo Costa aún ganando perdía. Ayer, donde cada uno compitió con lo suyo, el frente de alianza Cambiemos se impuso por una diferencia de 12 puntos, lo cual es una ventaja sustancial, teniendo en cuenta las históricas elecciones del FPV en épocas no muy lejanas.

Pero es aquí donde el kirchnerismo, para menguar su derrota, emerge con la lectura inversa. Está claro que uno ve la realidad, de acuerdo al punto de vista de donde se pare. De esta manera un mismo hecho puede que dos personas lo interpretemos de maneras diferentes. Es un ejercicio meramente subjetivo y en algunos casos tiene efecto placebo en las derrotas y debería ser analizado más seriamente por quienes resultan ganadores.

A nivel nacional CFK admite que perdió, pero “es la segunda fuerza nacional”, por delante, inclusive del propio Peronismo. Lo cierto es que de controlar el mapa nacional, Cristina Fernández pasó a ser telonera de una orquesta nueva y si eso fuera poco, podemos advertir que perdió “contra nadie”, porque Esteban Bullrich podrá ser un buen tipo pero no tiene perfil de candidato, al igual que históricamente sucedió con Rossi o con Filmus. Es decir, CFK perdió por méritos propios y el peronismo por no haber reaccionado a tiempo y rearmar el partido luego del tsunami K que lo arrasó.

En Santa Cruz el FPV pudo sostenerse en minoría e ingresar un senador y un diputado. Lejos quedaron las épocas donde la mayoría absoluta les permitía construir poder sin importarle lo que diría el de al lado. Pero íntimamente, el FPV sabe que de seguir así, el 2019 es su fecha de vencimiento. Por eso, claro está, Pablo Grasso anoche revaloró la figura de Daniel Peralta y le pasó un mensaje con aviso de retorno, porque sin el 10 o el 15% de los votos que puede arrastrar el ex gobernador, el FPV en Santa Cruz no puede pasar de su piso que está en un 30% promedio.

Ahora bien; si después de todos los hechos de notable corrupción, desmanejos, excesos, mentiras y maltrato que desplegó el kirchnerismo en 12 años de gobierno nacional y 26 años en Santa Cruz, su plataforma electoral es de un 30% promedio en ambos ámbitos, creo que Cambiemos, debe tener cuidado y como sociedad replantearnos qué nos pasa y a dónde queremos ir.

A nivel nacional está claro que el kirchnerismo tiene un núcleo duro y está conformado por una militancia ciega, sin autocrítica y dogmática. No importa lo que haya hecho o haga Cristina, siempre va a ser su líder y la preferida en las urnas. En todo caso, la llave del futuro político de la ex presidenta, si intentara una nueva aventura en el 2019, dado el buen precio que le están haciendo los jueces de la nación, es el peronismo, donde deberán decidir si siguen subsumidos y kirchnerizados o deciden reconstruir el partido, renovando seriamente su conducción y sus cuadros.

En Santa Cruz el fenómeno es similar. Si bien la derrota sufrida en manos de Cambiemos es indiscutible y la ventaja extraordinaria, el componente de votos de Eduardo Costa tiene varias vertientes, incluyendo del propio partido peronista, descontentos con Peralta y enfrentados directamente con el kirchnerismo/FPV. Sin embargo, si uno mira cómo está la provincia y hacia qué lugar la está conduciendo Alicia Kirchner, sostener un porcentaje de votos del 30% no es lo que yo llamaría “una mala elección”. En términos objetivos y si uno mira cómo está Santa Cruz hoy, un “voto castigo” para el kirchnerismo hubiera sido estar como tercera o cuarta fuerza en la provincia; sin embargo solo retrocedió al segundo lugar y está al acecho.

El electorado es maleable y hay una franja que suele recostar sus preferencias de acuerdo a estímulos de los más variados. Por lo tanto el 12% de Eduardo Costa es muy importante, pero no tanto como para descuidar el frente interno, de cara a las elecciones generales en las que el hoy elegido senador, irá para probar suerte como gobernador.

El factor desequilibrante en esta provincia, como lo es el peronismo a nivel nacional para CFK, es el posicionamiento que tenga Peralta en las elecciones del año 2019. Si acaso surge una nueva alianza con el FPV, cosa que el ex gobernador descartó cuando dijo que “su límite es el kirchnerismo”, el frente “Cambiemos” tendrá que surfear en un océano complicado de votos. Pero aún peor sería si la Ley de Lemas no se anula y el FPV junto con Peralta, vuelven a integrar un frente colaborativo como el del 2015.

Sin embargo aquí va la lectura práctica de esta lejana teoría: a nivel nacional el peronismo tendría que decidir volver a ser un elemento útil a Cristina, sabiendo que si la dama llega, después los vomitará (como ya lo hizo). En Santa Cruz Peralta tendría que resignarse a ser eyectado de la política, porque “su” electorado lo segregaría definitivamente de sus preferencias. En el 2015, el ex gobernador sostuvo que si no cedía a la Ley de Lemas, no iba a poder gobernar el año que le restaba con Cristina instalada en el poder nacional. Hoy ya no tendría ningún tipo de excusas para sustentar una sociedad con el FPV, excepto su propia decisión de hacerlo o el simple hecho de oponérsele a Costa. Y posiblemente, el voto que aún lo sigue, lo terminaría perdiendo definitivamente si acaso persiste en la alianza nefasta con el kirchnerismo residual.

Quien en términos políticos más ha crecido en Santa Cruz ha sido el Partido Obrero. Puntualmente por persistencia y una coherente continuidad programática, Miguel del Pla y Omar Latini han logrado ampliar notablemente su caudal de votos. Si bien muchos de sus votantes provienen de sectores enfrentados con Costa (en el caso de zona norte) o de personas descontentas con el peronismo y desencantadas con otras fuerzas políticas como el Frente Renovador u otros sectores de izquierda/socialista, los casi 9 puntos que los colocan como tercera fuerza en la provincia, es un signo de crecimiento genuino que les resta votos a los partidos tradicionales y construye una nueva alternativa que algunos, erróneamente, miran con displicencia y absurda soberbia, cuando los partidos tradicionales han dado sobradas muestras de incompetencia en la práctica activa de la política en los ámbitos ejecutivos donde se desenvuelven.

Definitivamente la realidad política de la provincia y el país se nos presenta con una serie de enfoques interesantes, lo cual hace prever que ningún sector tiene ganado nada, sino más bien existe un fino equilibrio que amenaza con evitar hegemonías, las cuales son malas de cualquier lado que provengan. El triunfo, seguramente, será de aquel candidato o partido que sepa leer el mensaje oculto en la entrelíneas del poder, la política y compatibilizarlo con lo que le pasa a la sociedad.

El FPV siempre adoleció de esta carencia. En los últimos días/meses, arreció con el tema de Santiago Maldonado, pretendiendo colgarle al gobierno una roca que lo llevara a perder en las urnas. La gente no se inmutó. La sociedad supo leer el mensaje, decodificarlo e identificar claramente a su emisor. En estas elecciones de medio tiempo, el votante ha comenzado a tomar conciencia de lo importante y lo necesario. Ha empezado a entender la intencionalidad de las acciones y a tamizar sus efectos; rescatar a las personas y desechar los personajes y sobre todo, harto de tanta mentira y manipulación, castigar en las urnas a sus cultores para terminar con aquellos elementos tóxicos que nos contaminan cada dos años en interminables campañas.

Pero los ganadores de ayer deben saber leer este triunfo y no caer en los mismos vicios, porque de ser así, las consecuencias arreciarán y esto, en definitiva, es lo mejor que le puede pasar a la democracia: que nadie esté tan seguro de su poder, ni el poder les haga estar tan seguros. (Agencia OPI Santa Cruz)

Santa Cruz

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