Por qué el gobierno no puede sostener a Jorge Triaca

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18:45 – (Por Rubén Lasagno) – Tras el tsunami que arrasó las oficinas del Ministerio de Trabajo con la revelación de OPI Santa Cruz sobre el ministro Jorge Triaca y su ex empleada, se baten ahora situaciones, no solo confusas, sino muy apremiantes para el funcionario en lo personal, pero para el gobierno en lo institucional.

Es que la información revelada por OPI tiene varias aristas graves, como ya lo indicamos en otras oportunidades, la cual se completa con una coyuntura política particular y una relación del gobierno con los sindicatos super sensible y crítica. Todo esto hace la tormenta perfecta. El detonante fue nuestra nota (en realidad, dos notas), pero la llave para minimizar el efecto de la onda expansiva la tiene el propio presidente Macri.

Ya lo destacamos, pero lo vamos a repetir. De todo lo que informamos se desprenden varios hechos y/o ejes de la misma causa: un comportamiento inadecuado para un Ministro y hombre, con un trato desmedido, irrespetuoso, grosero y violento hacia una mujer, a su vez empleada de la familia; el despido sin preaviso, causa (aparente, al menos no comunicada) ni indemnización; la existencia entre su personal a cargo de una empleada en negro; la acción premeditada de blanquear parcialmente a Sandra Heredia 21 días antes de ganar las elecciones y la decisión de colocarla como Interventora en el SOMU de San Fernando, como forma de aportarle más ingresos a su asistente personal y no sacarse dinero de encima, en oportunidad en que Heredia en el 2016 le pidió un aumento salarial. Todo esto es multiplicado en gravedad por la función de Ministro de Trabajo que cumple.

A su vez, todo es repotenciado por el marco político opositor, donde el kirchnerismo busca cualquier proyectil que le quede bien para pegarle por debajo de la línea de flotación al gobierno, en la esperanza de que, por efecto dominó, Macri salga del poder antes de tiempo, ante la ilusoria idea de que la gente pedirá por ellos; y cierra el paquete nuclear que tiene el presidente en el bolsillo, una tensa relación con los sindicatos, que si estaban algo dispersos y fracturados, ahora se unieron para hacer un frente común y decirle que NO en todos los idiomas posibles, ya sea a la Reforma laboral, al techo paritario, a una posible concertación y a las políticas en materia de ajuste e intervención en los sindicatos con conflictos de intereses.

Jorge Triaca no se puede sentar nunca más en una mesa con sindicalistas, porque el baldón que representan los pecados cometidos, lo inhibe moralmente para exigir algo y mucho menos, erigirse en símbolo de la justicia social, la transparencia gremial y el derecho de los trabajadores, argumento con el cual desde el macrismo enarbolaron “Cambiemos”, trataron de atacar a la vanguardia de los gordos y le salieron al cruce a las estúpidas palabras del eterno Barrionuevo, un desbocado impune quien no tuvo mejor idea que amenazar a la república de que si el gobierno toca a los sindicatos, no completa su mandato.

Dicho esto, concluimos que Jorge Triaca podrá ser destinado a otra función o “frizzado” por un tiempo; si lo sostiene es a costa de su propio riesgo. Obvio es que Macri a Triaca le debe el armado del PRO, pero en esta instancia, no ya partidaria sino de política-ejecutiva, este hombre en la oficina de Trabajo es un elemento tóxico.

Si Mauricio Macri se empeña en sostener al Ministro Triaca, cerrará las puertas a cualquier negociación con el frente gremial y le dará más argumentos a sus enemigos internos de la política, para seguir limando su institucionalidad.

Se hace necesario que sustituya no solo a Triaca sino a gran parte de ese Ministerio, ponga al frente a una persona entendida, potable, de gran relación con los gremios, con cintura política y básicamente, sin Veraz personal que lo coloque rápidamente en al picota del kirchnerismo, un acérrimo enemigo del macrismo, porque le arrebató el poder en momentos en que menos lo pensaba.

Si el gobierno opta por sostener a Jorge Triaca como Ministro, no tendrá opciones. Se encaminará hacia un conflicto permanente, encontrará clavos en el piso, en cualquier acción legislativa de cambio laboral que intente, tropezará con escollos insalvables en lo político, sufrirá paros, escaramuzas de los sindicatos K y le será difícil anudar algún acuerdo con aquellos gremios que se muestran más proclives al diálogo.

Es más el costo que la ganancia. Sostener a Triaca en su cargo, es alargar la agonía de una decisión inevitable. (Agencia OPI Santa Cruz)

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