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Paro nacional: la huelga se sintió con fuerza y el Gobierno la vinculó con el PJ

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09:30 La adhesión del transporte fue clave para garantizar el impacto del tercer paro de la CGT contra Macri; Peña dijo que los sindicatos “son de la oposición” y que la medida tuvo fines políticos; hubo bloqueos parciales en los accesos

Por: Nicolás Balinotti
Como no sucedía desde la crisis de 2001, el rompecabezas sindical se unificó ayer para activar lo que fue el tercer paro general de la CGT contra la gestión de Mauricio Macri . La adhesión del transporte público fue determinante para que las calles de las grandes ciudades de todo el país quedaran desiertas y la huelga en rechazo del rumbo económico tuviera alto impacto.

En el Gobierno vincularon la protesta a fines políticos. El jefe de Gabinete, Marcos Peña , sugirió que detrás de la medida actuó el peronismo. “Son de la oposición, son del Partido Justicialista”, se refirió a los sindicatos. El ministro de Trabajo, Jorge Triaca, hizo nombres propios y apuntó contra Hugo Moyano como uno de los que orquestaron el reclamo, y lo relacionó con el kirchnerismo. Macri, en tanto, se refirió ligeramente al paro: “No sirve para nada, no suma”, dijo.

La huelga fue convocada para exigir cambios en el rumbo económico y en rechazo de aquello que los gremios definen como un “brutal ajuste” impuesto por el Fondo Monetario Internacional (FMI). También fue en oposición al límite de aumento salarial que busca imponer el Gobierno para que las paritarias cierren en torno al 20 por ciento, cuando las proyecciones oficiales y privadas indican que la inflación puede superar el 27%.

La protesta, que contó hasta con cierto aval de la Iglesia, también apuntó a forzar al Gobierno a revisar su plan de recortes en la administración pública y refrendar una suerte de pacto antidespidos hasta fin de año en el sector privado, una alternativa que ya fue desechada desde la Casa Rosada tras el fallido antecedente de 2016.

A pesar de la contundencia de la medida, desde la Casa Rosada advirtieron que no habrá cambios en su hoja de ruta económica, más allá de habilitar la reapertura de paritarias de manera sectorial. Y hubo reiteradas invocaciones al diálogo en tren de recomponer el vínculo con los gremios.

En caso de concretarse un encuentro en el corto plazo, la CGT propondrá una agenda urgente de tres ejes: proteger el empleo, el salario y la industria nacional. “No tienen la voluntad política de defender a los trabajadores y lo único que parece importarle al Gobierno es reducir el déficit fiscal”, cuestionó Héctor Daer, uno de los integrantes del triunvirato de mando. Juan Carlos Schmid, otro de los referentes de la central, justificó la huelga. “Ir al paro es el fracaso del diálogo social y de la política. Paramos para seguir trabajando”, dijo el dirigente portuario.

La izquierda sindical buscó capitalizar con cortes de rutas y calles la huelga convocada por la CGT. Visibilizó su descontento con la política oficial al bloquear de manera parcial los accesos de las grandes urbes. A diferencia del paro del año pasado esta vez no hubo represión y se aplicó adecuadamente el protocolo antipiquetes. “Una cosa es el derecho a huelga y otra interrumpir el derecho a trabajar, eso es un delito”, acusó Triaca a los militantes de izquierda.

Empañó la jornada de protesta la desafortunada intervención del ferroviario Rubén “Pollo” Sobrero, que llamó a un plan de lucha “hasta que caiga el Gobierno”. El desafío retórico reforzó la teoría conspirativa que había advertido el oficialismo para contrarrestar la medida de fuerza.

Desde la madrugada de ayer, y durante casi todo el día, las calles de las principales ciudades del país estuvieron despobladas como si fuera un feriado. El impacto fue menor en el interior.

Hubo altos índices de ausentismo en fábricas, empresas y escuelas debido a la adhesión total de los sindicatos del transporte público de pasajeros, que fueron, en definitiva, el músculo más vigoroso para garantizar el alto acatamiento de la medida de fuerza (solo en los taxis se vieron disparidades). Para la CGT, la huelga sirvió para gestar una posible unidad cuando faltan menos de dos meses para el recambio de su consejo directivo, en el que hoy hay gremios poderosos ausentes y sin participación.

En los gremios se preguntan ahora si lo de ayer fue el punto de partida de una escalada de conflictos. No hay certezas. Solo declaraciones de ocasión.

“Los tiempos son cada vez más cortos”, amenazó el barrionuevista Carlos Acuña, otro de los jefes de la CGT. Una advertencia más directa surgió desde el moyanismo y las CTA, que prometieron profundizar las protestas. Agitaron de esa manera el estigma sindical que pesa sobre los gobiernos no peronistas después de las experiencias de Raúl Alfonsín (la CGT le hizo 13 huelgas, una cada cinco meses) y Fernando de la Rúa (nueve paros en dos años de gestión). (La Nación)

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