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Macri recordará hoy con los familiares la tragedia del ARA San Juan

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09:20 La mayoría solo acepta que se evoque a los 44 tripulantes como «desaparecidos» y no se hable de «resignación»

Por: Darío Palavecino
Casi un centenar de familiares directos llegaron desde distintos puntos del país. Otros hace meses que dejaron sus ciudades para instalar aquí su vigilia, que han compartido con esposas, hermanas e hijos residentes todavía en la ciudad. Juntos estarán esta tarde en la Base Naval Mar del Plata para ser parte del acto que, con la presencia de Mauricio Macri, servirá como recuerdo y homenaje en el primer aniversario del último contacto de radio con el ARA San Juan, que con 44 tripulantes había zarpado desde Ushuaia y cuyo destino final es hasta hoy una enorme incertidumbre.

La anunciada presencia de Macri, que estará acompañado por el ministro de Defensa, Oscar Aguad , y el jefe de la Armada, vicealmirante José Luis Villán, despertó tanto sorpresa como algunas incomodidades en el entorno de los marinos desaparecidos. En repetidas oportunidades habían pedido que los atendiera, incluso cuando un grupo de familiares instaló una carpa en la Plaza de Mayo. La última vez que pudieron estar cara a cara con Macri fue el 6 de febrero, en la Casa Rosada. Antes los había visitado unos minutos en la base naval.

La ceremonia de hoy está programada a partir de las 16. Primero, con una misa en la capilla de la unidad militar, donde el buque tenía su puerto de asiento. Una hora después, el Presidente encabezará un acto. La Armada había previsto una serie de pasos con protocolos previstos para sus caídos. Los familiares se hicieron escuchar y lograron depurar la lista para que a los 44 oficiales solo se los mencione o aluda como «desaparecidos».

«Ni minuto de silencio, ni trompetas, ni referencia a muertos, acá hay una lucha abierta y una búsqueda que no se puede ni debe detener», dijeron ayer a LA NACION madres y esposas tripulantes. Así se lo hicieron saber también al capellán que estará a cargo del oficio religioso, en el que muchos de estos familiares no están dispuestos a escuchar que, por ejemplo, se hable de «resignación».

La búsqueda del submarino ARA San Juan se inició en horas posteriores a aquella última comunicación que la tripulación logró para advertir sobre condiciones hidrometeorológicas adversas en su derrotero hacia Mar del Plata. Primero se desplegaron medios propios, por aire y mar, de la Armada y la Prefectura. Pronto se sumaron naves de otros países, entre ellas las más sofisticadas de Estados Unidos y Rusia. Ni siquiera así se logró dar con una pista o evidencia contundente sobre el buque desaparecido.

La peor hipótesis se fortaleció cuando, a una semana de iniciado el rastrillaje, se informó sobre indicios de una «anomalía hidroacústica», resumida como un «evento anómalo, corto, violento y no nuclear consistente con una explosión» en la zona de operaciones del ARA San Juan a las 10.31 de aquel 15 de noviembre.

La comunicación de aquel informe fue un cimbronazo para los familiares. Hubo descompensados y, sobre todo, dolor y llantos. Algunos aceptaron en ese mismo momento que no volverían a ver a los marinos con vida. Otros, que son mayoría y hoy están al frente del reclamo de búsqueda del submarino, se aferraron a una esperanza de la que un año después no pueden desprenderse por completo.

«Es todo incertidumbre y todavía hoy nos pasan cosas por la cabeza, mi esposa ha soñado que mi hijo está bien», contó a LA NACION Miguel Ángel Nolasco, padre de Luis Carlos, electricista y uno de los siete suboficiales salteños que viajaban en el ARA San Juan.

María Victoria Morales, madre del tripulante tucumano Luis García, ha permanecido aquí más de once meses para seguir paso a paso la búsqueda. «Es momento de escuchar al Presidente y solo esperamos que nos diga que la búsqueda sigue, de él depende», dijo ayer a LA NACION en el Hotel Tierra del Fuego, donde se alojan unos 90 familiares que llegaron para participar de la ceremonia de esta tarde.

Al dolor de no saber qué ocurrió se suma la decepción que genera esta última etapa de búsqueda que se hizo desde el buque Seabed Constructor, de la empresa Ocean Infinity, contratada por el Estado. «Nos decían que eran los mejores, que en diez días podían tener novedades, pero pasaron dos meses y nada», recalcó Nolasco.

«Sé que a mi hijo ya no lo voy a volver a ver, pero acá hay que saber qué pasó, y para eso hay que encontrar el submarino», afirmó la madre de uno de los tripulantes. Por eso, en una carta que leerán hoy ante el Presidente, advertirán que este acto no es un punto final a su lucha. Para ellos es imposible hablar de muertos. (La Nación)

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