Doble apellido, una extraña fortuna y una detención, los datos ocultos de Etchebest

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09:30 – El oscuro empresario tiene una biografía con varios elementos que no parecen cerrar del todo; compartió oficinas con ex comisarios

Por: Francisco Olivera

¿Se espiaban entre sí? ¿Se complotaban entre todos para operaciones de inteligencia? ¿O fue sólo un vivo que engañó a un ingenuo? La denuncia del empresario rural Pedro Etchebest, que acusó a Marcelo D’Alessio de haberlo extorsionado, tiene elementos para justificar cualquier teoría conspirativa. Etchebest, la presunta víctima, acaba de revelar un dato que oscurece el caso todavía más: admitió a LA NACION que entre 2014 y 2016 compartió oficinas con Aníbal Degastaldi y Ricardo Bogoliuk, los dos excomisarios vinculados con servicios de inteligencia que están detenidos y que, según declaró D’Alessio, le habían encargado esa extorsión.

«Estoy en algún lugar, bien lejos», dice Etchebest en comunicación telefónica, y agrega que tiene miedo. «Yo no sabía que ellos trabajaban en inteligencia. Sí, que eran expolicías que hacían pericias y temas de seguridad». La relación empezó en 2014 cuando, recuerda, coincidió con ellos y otras siete personas al alquilar compartimentos en el mismo primer piso de un edificio de Alicia M. de Justo 1150, Puerto Madero. Compartían secretaria y baño. «En realidad era una chica que pasaba los llamados, no tenía acceso a mis cosas. Ellos eran muy reservados», aclara.

La convivencia duró unos ocho meses hasta que, agrega Etchebest, los ex comisarios le ofrecieron alquilar todos juntos una oficina en el tercer piso de ese lugar. Y allí, en ese amplio espacio con vista el río, estuvo él hasta 2016, pagándoles a Degastaldi y Bogoliuk un alquiler que ellos trasladaban después a la administración.

Los datos coinciden con la declaración de D’Alessio a la Justicia. Él, mientras tanto, tenía oficinas en el segundo piso y subía cada tanto. «Lo cargaban, porque D’Alessio es un poco excéntrico. A mí me daba un poco de lástima», cuenta ahora Etchebest, que dice no explicarse cómo la víctima de aquel bullying lo llamó en enero de este año desde Tulum, México, para decirle que estaba nombrado en la causa de los cuadernos por la declaración del arrepentido Juan Manuel Campillo, exdirector de la Oncca. D’Alessio le dijo que, si quería que lo sacaran, tenía que pagarle 300.000 dólares que él le trasladaría al fiscal Carlos Stornelli .

Fue el inicio de la causa que terminó con la imputación de Stornelli y que lleva adelante el juez Alejo Ramos Padilla. Desde su no lugar en el mundo, Etchebest reitera ahora que, a la segunda llamada de D’Alessio, y por consejo de su abogada, puso el teléfono en altavoz y grabó con el móvil de su mujer.

La historia tiene demasiados cabos sueltos. El más elemental es por qué el grupo de trabajo decidió extorsionar a quien parecía uno de ellos. Etchebest expone su conjetura: cree que, cuando la Justicia detuvo a Campillo, funcionario con quien él había tenido relación por ser empresario rural, alguien que puede haber sido D’Alessio escudriñó los números en el teléfono del detenido y quiso hacer cuentapropismo. «De otro modo no se me ocurre por qué no me habían extorsionado antes», se explaya.

Agrega que está mal, que tuvo un ACV en noviembre y que decidió hacer la denuncia por temor a que perjudicaran a sus hijos, a quienes les transfirió propiedades que compró en los 90 en Utah, Estados Unidos. Es la otra parte del caso que despierta dudas: cómo un empresario pyme que dice vivir cultivando kiwis y frutillas en 50 hectáreas en Sierra de los Padres llegó a tener un buen patrimonio. «¿Patrimonio? No eran más que 600.000 dólares en Estados Unidos -se defiende ante la consulta-. Yo no soy millonario, siempre tuve visión para los negocios: ahorré toda mi vida, invertía en la Bolsa, vi la oportunidad en cinco propiedades muy baratas en Utah, vendí cuatro y compré una más. En 2006 compré otra en Miami y les dejé todo a mis hijos. Tenía las 50 hectáreas de Mar del Plata desde la crisis de 2001, cuando la compré a precio muy bajo. El campo se valorizó: yo no tengo la culpa de haber adquirido a 60.000 dólares algo que hoy vale un millón».

Hasta que explotó el caso, Etchebest era hombre de bajo perfil. En sintonía con el que tenía hasta bien entrados sus 30, cuando tocaba la guitarra y el bajo en bandas de aristas que lo triplicaban en fama. Acompañó a Roberto Goyeneche, a Ginamaría Hidalgo, a Yaco Monti y José Feliciano, con quien llegó a irse de gira a Viña del Mar.

El primer gran sobresalto púbico le llegó recién el año pasado, cuando cayeron inspectores al campo que, dice, tenía arrendado en Mar del Plata y encontraron más de 30 casos de reducción a la servidumbre, delito contemplado en el artículo 140 del Código Penal. «Yo hacía 3 o 4 años que no iba al campo, entonces me detuvieron por unas horas -admite-. Me llevaron al juez, mostré el contrato de alquiler y salí sobreseído. Pero esta chica Mariana Zuvic me está acusando de proxeneta: son cosas muy dolorosas que no son ciertas».

Volvió a ser noticia el lunes pasado, cuando Juan Manuel Ducler, hijo de Aldo, el asesor financiero de los Kirchner que murió en 2017, lo reconoció en una foto publicada en Twitter por el periodista de Infobae Andrés Ballesteros. ¿No había visto esa cara otra vez?, se preguntó al verla Ducler. «¿Pedro Etchebest o Pedro Rodríguez? ¿Productor agropecuario o personaje vinculado a ex-SIDE que se vendía como «amigo» de EE.UU.? Me lo presentaron en noviembre de 2016, justo dos meses después de la denuncia de mi padre en CPY por fondos StaCruz», escribió esa mañana en su cuenta de Twitter, desde la que arrobó a la embajada de Estados Unidos, al Ministerio de Justicia, al FBI, a la CIA y a la DEA.

Consultado, Ducler dio a este diario detalles de aquella reunión. Dice que fue llevado allí por un excompañero de colegio, Marcelo Azpiri, que le había dicho que un grupo de gente de buenos vínculos con el gobierno de los Estados Unidos lo quería a él y a su padre como miembros informantes en la administración de los fondos de Santa Cruz. Azpiri le presentó entonces a Néstor Palópoli, puntero del PJ y de buena relación con Eduardo Duhalde, y todos coincidieron en que debía reunirse con el hombre que, prometían, le haría el contacto con los norteamericanos: Pedro Rodríguez.

Era Etchebest. Porque el nombre completo del chacarero guitarrista es en realidad Etchebest Rodríguez. Que, en una entrevista que Ari Lijalad le hizo para El Destape, admitió que a veces se hacía llamar por su segundo apellido porque era «más fácil». Ducler no le cree nada. Al contrario: está convencido de haber dado, a través de su hallazgo en Twitter, con un agente de inteligencia de aquel grupo que, dice, le quiso sacar información.

Etchebest admite la foto y el encuentro, pero difiere en los motivos de la reunión con Ducler: dice que un amigo, Martín Montes, le pidió que, ya que tenía conocidos allá, les hiciera a los exasesores de los Kirchner un contacto con abogados de EE.UU. para reclamarle una deuda de 150 millones de dólares al Citi. Cuenta que se pusieron a trabajar y no llegaron a un acuerdo por los honorarios que exigía el estudio: 50.000 dólares. Ducler solo coincide en el monto: dice que era una trampa y que la propuesta del reclamo al Citi fue la última alternativa que le ofrecieron al advertir que rehusaba entregarles información de los fondos de Santa Cruz.

Como si a la historia le faltaran conjeturas. (La Nación)

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