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Centeno: «Me siento orgulloso de haber enfrentado el riesgo de escribir»

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07:10 – Oscar Bernardo Centeno, por su propio derecho…

Por: Diego Cabot

Así comienzan los primeros párrafos de diez páginas de un escrito que el remisero de Roberto Baratta le dejó en el despacho al juez Claudio Bonadio hace una semana. Allí, de puño y letra, repasa la historia de cómo empezó la relación con el Ministerio de Planificación Federal en 2004, cuál fue el alcance de su trabajo y, además, defenderse de la acusación de miembro de una asociación ilícita.

Entre varios detalles que brinda, hay algunos reveladores que servirán de prueba en la causa de los cuadernos de las coimas. Por ejemplo, da algunos códigos de cómo se hablaba de dinero en aquel Toyota Corolla que manejaba. «De parte de Pescarmona, 173 litros EE.UU., de transporte, 650 litros EE.UU y de Atucha, 165 litros Europa», respondió Baratta, en el auto, cierta vez que el expresidente Néstor Kirchner le preguntó por teléfono cómo había andado la recaudación.

Hubo algo más. Lejos de estar arrepentido, Centeno se mostró firme en su decisión de corroborar sus dichos de arrepentido. «Me siento orgulloso de haber enfrentado el riesgo de seguir escribiendo hasta el final de la gestión kirchnerista, y que los cuadernos hayan sido de utilidad para el esclarecimiento de los hechos que se investigan en la presente causa de corrupción más grande de los últimos tiempos», sostiene.

«Muchas veces quise renunciar al trabajo, lo escribí en los cuadernos el 28/04/2010 y el 7/09/2015, donde digo: «Yo me fui a casa muy caliente, como siempre, por sentirme importante, que si los denuncio me quedo sin trabajo, ya no aguanto más, que Dios me guíe». Además, en esos tiempos pensaba que el expresidente Néstor Carlos Kirchner estaba al frente de la organización y que la Sra. presidenta Cristina Elisabeth (sic) Fernández estará también involucrada, todavía yo no sabía con precisión y ahora la Justicia lo da por cierto. En ese entonces, hacer la denuncia, además de perder mi trabajo, era peligroso para mí y pala mi familia, además, quién me iba a creer», dijo en una de los párrafos de la nota.

Las hojas, cuyas copias accedió LA NACION, que están todas firmadas por Centeno en las caras impares, inician con un detalle de cómo empezó la relación laboral. A principios de 2004, un compañero de trabajo de una agencia en la que trabajaba, le comentó las ventajas de trabajar en el Ministerio de Economía como remisero. Menos desgaste del auto y más seguridad, por caso. «Allí me contacto con la agencia Transcom y me toman. Fue así que me presento en Servicios Generales lo que consistía en llevar a distintas personas, hasta que un día me toca llevar a ver unos departamentos», relata.

Al igual que varios de quienes declararon en la causa, Centeno también comentó el maltrato al que era sometido. «Quiero aclarar que la relación con el licenciado Baratta fue siempre de chofer a funcionario, con trato distante y soberbio de su parte, se enojaba por simples cosas», cuenta. Relata, entonces algunos sucesos. «Otro ejemplo de maltrato que lo tengo impreso en mi cabeza fue aquel día en que lo llevaba por un lugar, nos encontramos con un piquete, y comenzó a pegar con su puño cerrado piñas al auto diciéndome que yo tendría que haberlo sabido», agregó.

Contó que, además del dinero que le pagaba la remisería, Baratta le daba dinero en negro por los gastos del auto y el tiempo que estaba disponible para él. «Yo gastaba el doble y trabajaba full time. Este acuerdo de palabra fue mucho antes de que yo notara el tema de las recaudaciones que se hacía. A partir de entonces, se incrementó más el trabajo, llevaba a la familia entera (…) Toda esta actividad continuó hasta el día anterior a mi detención, el 31/07/2018», agregó.

Centeno, además, dijo que alguna vez le pidió dinero a Baratta. «Las ocasiones en las que solicité dinero porque no llegaba a fin de mes o simplemente necesitaba, lo hacía pidiendo adelanto a Transcom o al Ejército. También debo decir que le 23/01/2010 le pregunto al licenciado si me podía prestar 20.000 pesos para poder cambiar el auto», dijo el remisero.

Pero Baratta no dio muestras de querer financiar a su empleado: «De dónde querés que lo saque, no tengo», le contestó. Centeno insistió, le dijo que lo iba a devolver en cinco cuotas, pero no hubo caso, el jefe no aceptó.

Cuenta, a su vez, varios problemas de salud que tuvo producto del stress que le provocaba el trabajo. Varias anotaciones sobre estudios médicos están anotadas en los cuadernos.

Finalmente, llegó al punto en el que cuenta detalles de la recaudación, de los viajes de los millones que a diario hacía para el poderoso Ministerio de Planificación Federal que conducía Julio De Vido. «En mi declaración oficial digo que Rodríguez era el contacto para ir a Olivos, lo rectifico por Gutiérrez. También se comunicaba con Tatú, no se si es la misma persona. Por ejemplo, el 22/04/2010 (está anotado) a las 20.15, yendo el licenciado Baratta a su departamento, recibe un llamado de Tatú para comunicarlo con el Dr. Kirchner, el cual el Dr. le pregunta al licenciado (sic) cuánto había recolectado, este le dice en clave: «De parte de Pescarmona, 173 litros EE.UU., de transporte, 650 litros EE.UU y de Atucha, 165 litros Europa», contestó.

En las últimas hojas, Centeno dice que jamás se arrepintió de haber dejado registro de todo lo que sucedió. «Me siento orgulloso de haber enfrentado el riesgo de seguir escribiendo hasta el final de la gestión kirchnerista, y que los cuadernos hayan sido de utilidad para el esclarecimiento de los hechos que se investigan en la presente causa de corrupción más grande de los últimos tiempos», sostiene.

Para el final, Centeno dejó el alegato. «Desde el lugar donde me encuentro privado de cierta libertad y por consecuencia de esta gente que organizaron un grupo para desvalijar las arcas del país, aprovechando y usando el cargo que ejercían como funcionarios de la Nación, para delinquir lo más que pudieron, ahora por todo lo que leí y veo a veces en las noticias, me doy cuenta de la magnitud de los hechos. Siempre a derecho», finaliza.

Palabra, de puño letra, de Centeno. (La Nación)

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