El nuevo kirchnerismo inaugura mejor performance literaria pero con el mismo recorte de la memoria, verdad y justicia

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12:00 – (Por Rubén Lasagno) – Hoy aparece en el diario Tiempo Sur una nota del Profesor e investigador universitario Rubén Zárate donde de manera impecable describe cuál es el objetivo de campaña del PRO, un partido minúsculo de características casi parasitaria, que utilizó al radicalismo como nave nodriza para aterrizar en el campo prolífico de la política argentina, sin esfuerzo ni contrariedad, aprovechando el desencanto por 12 años de corrupción, autoritarismo, populismo barato (pero caro económicamente para los argentinos) y acarreando para su molino el exacerbado rechazo a lo establecido por el kirchnerismo a nivel país. Esto es propio, nunca lo diría Zárate.

Personalmente si sacudo un poco el tamiz y le quito el condimento ideológico, tan presente en la nota del académico, con gran parte de sus conceptos coincido plenamente y hasta podría agregar consideraciones propias de por qué no volvería a votar a un gobierno nacional como el actual. Pero ese no es el punto de análisis aquí. Mi propósito es resaltar y reconocer la elevación del discurso kirchnerista que encarna Zárate en su nota, por la trascendencia que tiene su nivel entre tanta chatura y “perreo político” de candidatos tan limitados verbal y conceptualmente, como básicos y efímeros en sus convicciones, éticas y morales flácidas, que nos provee el oficialismo provincial, sin que por el otro lado (oposición) se eleve algo mejor.

En lo que no coincido con Zárate, es en la concepción ontológica que tiene, es decir el carácter de la realidad que nos rodea. Hay un divisionismo claro y palpable de lo bueno, lo malo y lo feo, pero solo concebido y descrito desde la mirada unidireccionada que da el partidismo y por lo tanto le quita brillo a conceptos tan claros y bien expresados, con los cuales me llevo bien intelectualmente, pero no puedo dejar de relacionarlos con la propensión al reduccionismo de muchos ilustrados K, al negacionismo de los talibanes de la década robada y al escaso fenómeno empático que se produce entre las huestes de la jefa de la banda, cuando se trata de hablar del otro, sin mirarse en el espejo de la historia reciente.

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Dice Zárate que el PRO es una fuerza “de derecha” y yo le agregaría que el PRO es un híbrido consuentudinario, el cual tomó parte de los retazos de un país de saldos y armó una alianza sobre las ruinas de un partido centenario, casi condenado al ostracismo político y lo moldeó para acomodarlo a sus fines. Mezcla de conservadores y el último linyera, el PRO es tan efímero en su procedencia, como lo será en su subsistencia, una vez acabado su poder. Sin embargo, la posición discursiva de Zárate, lo pone al PRO en “la derecha” nacional. Y aquí está el primer problema.

La elipsis remarcada en el discurso del catedrático, infiere que lo “no PRO”, es “de izquierda”; y escribe “Por contraposición, la renovación de una fuerza popular moderna y actualizada para el siglo XXI como principal alternativa introduce cambios en las identidades políticas históricas que parecen ser de magnitud”. Ergo: ese partido es el nuevo kirchnerismo travestido, mutante en nombre pero con el mismo cuerpo y mañas, el cual se ofrece hoy bajo el mote de “Unidad Ciudadana” o como quiera llamarse. La gran incongruencia que encuentro acá, es pensar en el kirchnerismo como partido “de izquierda” (Y me río… perdón por la licencia periodística).

El Profesor Zárate parece proponernos lo viejo y decadente como una “renovación de una fuerza popular moderna y actualizada” y yo le preguntaría si se refiere a la que gobernó hasta el 2015?. O si por caso, se trata del estado “embrionario” de este rejunte populista de gobernadores e intendentes del conurbano cruzados por denuncias de todo tipo, ex funcionarios decrépitos, hoy devenidos en candidatos a gobernadores y ex funcionarios maltratadores de la historia, quienes como Alberto Fernández pontifican las bondades que lleva implícita pensar en la jefa de la banda como “nueva alternativa”, sin al menos sentarse diez minutos a ver y oír las barbaridades que de ella y sus gobiernos dijo veinte minutos antes que Cristina lo llamara desesperada para urdir un engaño electoral donde ella apuntala de atrás, por cuanto la señora no puede dar la cara. La elipsis que hizo Zárate es demasiado grande y da lugar a interpretar lo que tal vez, por recato y buen gusto, el profesor no quiso decir.

También es cierto que el actual gobierno nacional con su ejército de troles, sus campañas pagas (a la cual todos aportamos con los impuestos) y el esfuerzo por polarizar, funda su éxito en el fracaso del otro, resaltando los aspectos negativos, alimentado la grieta y utilizando mucha plata puesta en medios nacionales para sostenerse electoralmente. Pero Zárate, de haber pretendido analizar el conjunto y no las partes, debiera haber aclarado que el kirchnerismo ha sido y es igual (o peor en algunos aspectos) y sus pretensiones de confundirse con el “peronismo” es meramente marketinero y de campaña. La jefa no comparte ni reparte; el kirchnerismo “toma todo” y hace de la inflexibilidad su mejor látigo aleccionador. No le importa el partido de Perón y en más de una ocasión lo reflejó la ex dama de hierro cuando se refería al General como “viejo hijo de puta” o cuando no le tembló el pulso para sacarse al peronismo de encima mandándolos a que “se surzan el orto” (SIC de la dama). Aún así hay gente muy instruida como Zárate que insisten en unir el agua y el aceite y explicarnos lo inexplicable.

En un párrafo de la columna, hablando del PRO, el autor señala “La campaña negativa no es una opción para algunos tramos del proceso electoral, como ocurre habitualmente, es constitutiva del modelo político y de gestión. Separarla analíticamente ha sido un error de la oposición.  Todo el ejercicio de persecución mediática y judicial sobre el gobierno anterior y especialmente sobre la figura de Cristina Kirchner no tiene el objetivo de mejorar la República, dotar de una nueva moral la política o generar más transparencia en las instituciones, su único y excluyente propósito es el de inhibir las posibles alianzas del kirchnerismo, tanto hacia el interior del peronismo como hacia el conjunto de la sociedad”.

Es abusivo hablar de “persecución mediática y judicial” contra Cristina Fernández y su ex gobierno, cuando en 12 años se robaron una Argentina completa. No es para nada alentador, leer a una persona de buen prosa y excelente ubicación conceptual a la hora de discernir, que no pueda discernir (precisamente) entre lo que nos pasó y nos pasa o por qué nos pasa ahora lo que nos pasó antes. Y luego, tampoco es lógico prescindir de la buena memoria y recortar la realidad a nuestro antojo, sin dejar las huellas militantes en una opinión valiosa pero tan parcial como desmemoriada.

Luego Zárate se va a la banquina definitivamente cuando le parece vano el “affaire D´Alessio”, sin decir que está probada la operación nacida en la cárcel donde están los ex funcionarios K y cierra con el recuerdo de un fiscal en rebeldía, lo cual es atentatorio de la democracia, pero olvida a Nisman, su asesinato y el pacto con Iran, lo cual nos puso al margen de la institucionalidad y de rodillas ante un estado terrorista; y sus mentores y actores, fueron los mismos que él reivindica como “… la renovación de una fuerza popular moderna y actualizada para el siglo XXI como principal alternativa introduce cambios en las identidades políticas históricas que parecen ser de magnitud”, descrita al principio de nuestro análisis y de su nota en el diario provincial. (Agencia OPI Santa Cruz)

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