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Trump pisa Corea del Norte y promete resucitar el diálogo

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Trump pisa Corea del Norte y promete resucitar el diálogo

08:00 – Durante un encuentro con Kim en la frontera, se convirtió en el primer presidente norteamericano en funciones en entrar en territorio del hermético régimen; los expertos dudan sobre los avances reales en la mesa de negociación

Por: Adrián Foncillas

Fueron apenas una veintena de metros, pero le aseguraron un lugar en la hemeroteca: Donald Trump fue el primer presidente norteamericano en funciones en pisar Corea del Norte. «Cruzar esa línea ha sido un gran honor», declaró después.

Trump y Kim Jong-un riegan su amistad, engordan sus álbumes de fotos y encadenan citas históricas sin que Pyongyang haya entregado un solo misil ni Washington haya levantado una sanción económica. De la reunión de ayer salió el compromiso de retomar unas negociaciones trabadas y la invitación a Kim para que visite la Casa Blanca. Esa sería, sin dudas, la foto definitiva.

El encuentro ocurrió a las 15.30 (hora local) en la Zona Desmilitarizada, última frontera de la Guerra Fría. Trump avanzó con solemnes pasos hacia el icónico escalón de cemento que en Panmunjon separa ambas Coreas.

Ahí lo esperaba un sonriente Kim para animarlo a adentrarse en terreno oficialmente enemigo. Dieron unos pasos hacia adelante entre los flashes antes de regresar a la orilla surcoreana de Panmunjon, la llamada Aldea de la Paz.

La cumbre, reunión o simple encuentro de dos amigos se había cocinado el día anterior en un tuit de Trump desde la Cumbre del G-20 en Osaka. Había adelantado que no le importaría aprovechar su visita a la frontera para saludar a Kim. Aquel tuit debió de convulsionar a una diplomacia ortodoxa y alérgica a la improvisación que discute incluso los centímetros de ancho de las mesas de negociaciones.

Se esperaba que en 15 minutos ambos ventilaran los saludos, sonrisas, abrazos y declaraciones protocolares, pero la reunión se alargó casi una hora. De ahí salió el acuerdo de resucitar el diálogo. Los equipos de negociación se «formarán» para reunirse en dos o tres semanas, informó Trump. Es un matiz necesario porque el fracaso de Hanoi recomienda nuevas alineaciones.

Kim Hyok-chol y Kim Yong Chol, los máximos asesores norcoreanos, han caído en desgracia. Y en el bando contrario tranquiliza el aparente arrinconamiento de John Bolton, tenaz dinamitador de cualquier proceso de paz.

«Cuando empezamos a negociar, dos años atrás, el mundo era un lugar mucho más peligroso. Sobre Japón volaban misiles norcoreanos y había amenazas sobre bombardear la base de Guam. Y él y yo nos enzarzamos en un diálogo áspero. Lo que ha pasado aquí es bueno para Corea del Norte, para Estados Unidos y para el mundo», señaló Trump.

Por diálogo áspero se refería a los insultos («hombre cohete» por un lado, «viejo chocho» por el otro) y las recíprocas amenazas de destrucción inminente.

El cuadro actual, con dos líderes que se citan un domingo a la hora del almuerzo, es menos inquietante. Pero son discutibles los avances en un proceso de desnuclearización norcoreano que Trump, antes de Singapur, había anunciado como total, inmediato e irreversible.

Aquella cumbre terminó con un acuerdo tan grandilocuente como desnudo de concreciones y en Hanoi ambos se levantaron dejando enfriar las viandas del almuerzo y ofreciendo versiones opuestas.

Corea del Norte exigió el levantamiento de todas las sanciones a cambio de desmantelar su planta nuclear de Yongbyon, dijo Trump. Pyonyang aseguró que solo aludió a las sanciones civiles que castigan a su población. Los expertos juzgan más creíble la segunda versión. Fuentes diplomáticas afirmaron a LA NACION que Corea del Norte había repetido que solo aceptaría un desarme gradual y nunca la entrega inmediata de su arsenal, pero que Trump empujó la reunión confiando en que su presunta capacidad sobrenatural para los negocios vencería las reticencias norcoreanas. Aquella oferta, sugerida por Bolton, explica que Pyongyang advirtiera que Kim podría perder el interés en la vía diplomática.

Trabas

El proceso permanece trabado desde entonces. Los halcones de Washington airean soluciones hostiles mientras Corea del Norte ha lanzado algunos misiles de corto alcance y advertido que su paciencia se agotará a finales de año.

Solo la amistad entre Trump y Kim ha impedido que el proceso descarrilara sin remedio, pero persisten los problemas enquistados: la secular desconfianza norcoreana y la negativa norteamericana a levantar una sola sanción a pesar de la acumulación de gestos de buena voluntad norcoreanos.

Trump desdeñó ayer los alarmantes indicios de un proceso mortecino. Esos misiles lanzados recientemente, puntualizó, son «pequeños». Y respecto de las sanciones se mostró optimista sobre cancelarlas en algún momento no concreto.

Para Robert Kelly, experto de la Universidad Nacional de Pusan, la reunión de ayer representa la «farsa» de los esfuerzos de Trump con Corea del Norte: «Pensada en el último minuto y planeada para la televisión», opinó en su cuenta de Twitter.

Victor Cha, antiguo asesor de la Casa Blanca, juzgaba que la jornada solo será «histórica» si conduce a un acuerdo verificable y un tratado de paz. «De lo contrario, solo habrá un puñado de bonitas fotos y pompa».

Trump partió de Asia con triunfalistas titulares sobre su gestión de la guerra comercial con China y la desnuclearización norcoreana.

El patrón es el mismo: una presión económica atosigante sobre sus rivales acompañada de ditirambos a sus líderes y una salvadora cumbre presidencial para desatascar el proceso negociador gracias a su carisma personal. Asegura la gloria a corto plazo, pero es dudoso que la solución de ambos conflictos esté hoy más cercana que la semana pasada. (La Nación)

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