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Los militares, cercados por un «plan de terror» aplicado por fuerzas del chavismo

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09:10 – La oposición revela detalles de las técnicas empleadas para someter a efectivos de las Fuerzas Armadas

Por: Daniel Lozano

La tortura contra los militares es parte de una política de Estado dirigida a enviar un mensaje a los integrantes de la Fuerza Armada. Es intimidación y terror», asegura a LA NACION Gonzalo Himiob, director del Foro Penal, organización que calcula en más de un centenar los militares encarcelados y convertidos en presos políticos por el chavismo.

La tortura y la muerte del capitán de fragata Rafael Acosta ha vuelto a recordar al mundo los maltratos que reciben los militares en las mazmorras del chavismo. Según lo adelantado por el fiscal Zair Mundaray, colaborador de la fiscal rebelde Luisa Ortega que tuvo acceso a la autopsia, la brutalidad y la saña empleada contra el capitán le provocaron la rotura de 16 costillas, la fractura del tabique nasal, excoriaciones en hombros, codos y rodillas, hematomas en el muslo, lesiones parecidas a latigazos en espalda y muslos, un pie fracturado y quemaduras por electrocución.

«Hay un patrón desde la misma detención. Todas empiezan no por una investigación formal, sino por un rumor. Hay gente presa simplemente por ser incorporada a un grupo de WhatsApp. Hay oficiales que deciden elevar la voz porque no tienen cómo alimentar la tropa o tenientes que el sueldo no les alcanza para vivir y no entienden cómo sobrevive el resto», revela a LA NACION el diputado Franco Casella, presidente de la subcomisión para las Fuerzas Armadas en el Parlamento y actualmente refugiado en la embajada de México en Caracas.

Miedo

La subcomisión ha recogido relatos estremecedores del plan de terror «cuyo objetivo es sembrar miedo para que nadie se atreva a alzar la voz», asegura Casella.

«Un grupo comando llega a medianoche, con pasamontañas y sin identificarse. Apuntan y amedrentan al resto del contingente y secuestran al oficial que buscan. Lo aíslan por 45 días, la etapa de ablandamiento, donde recibe torturas como en el caso de un grupo de tenientes, que recibieron 52 cortadas con una hojita de afeitar en cada planta del pie. Cuando eso cicatriza el dolor les imposibilita caminar. Algunos de ellos entraron gateando al tribunal», añade el diputado, perseguido hoy por sus investigaciones sobre estos casos.

«Desde el primer momento los aíslan, se les suprimen medicamentos y la luz del sol. Encerrados en lugares muy pequeños, hay un sitio que le llaman el «tigrito» o la celda de los locos, donde ponen a cuatro presos en 8 metros cuadrados, sin nada donde sentarse o dormir. Allí comen, orinan y defecan», cuenta Casella.

Las familias de los oficiales también sufren el plan de terror, así como los compañeros del detenido. «Los familiares son hostigados, robadas sus casas. Y en los cuarteles el discurso de lealtad es como pintura roja que se echa a un rebaño para detectar quiénes se sienten incómodos y vigilarlos. En cada unidad hay un militar cuya labor es la de ser comisario político del régimen, y sin importar su grado y jerarquía realiza informes de todo aquel que no esté alineado con el proceso», relata a LA NACION Rocío San Miguel, presidenta de Control Ciudadano para la Fuerza Armada.

Alonso Medina Roa, defensor de Acosta y miembro de la Coalición por los Derechos Humanos y la Democracia, ha reunido hasta 270 casos de tortura, en más del 80% de los casos efectuadas en los sótanos de la contrainteligencia militar.

Al frente de este cuerpo se encuentra el general Iván Hernández Dala, militar de confianza de Nicolás Maduro, que lo tiene al frente de la Guardia de Honor Presidencial y de la Casa Militar del Palacio de Miraflores. (La Nación)

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