Autos: polémica por las multas del acuerdo comercial entre la Argentina y Brasil

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Sin aclaraciones oficiales, se modificó retroactivamente el flex vigente y algunas empresas habrían evitado así las multas

Por: Francisco Jueguen

Por cada dólar exportado, las empresas automotrices argentinas podían importar de Brasil un dólar y medio sin el arancel del 35%. La empresa que no cumplía esa norma debía pagar una multa. Ese flex de 1,5 -como se conoce en la industria al corazón de la administración del comercio bilateral- debía regir entre 2015 y junio de 2020, según el acuerdo entre ambos países al inicio del gobierno de Mauricio Macri.

Seis meses antes de su finalización y del ingreso al libre comercio, el Gobierno se adelantó y lo renovó, pero con cambios que modificaron las reglas de juego y trajeron algunas polémicas. Las justificaciones oficiales fueron las de dar previsibilidad de largo plazo (una década) a la industria argentina ante la posibilidad de que Macri no siguiera en el gobierno, la presión a la apertura que trajo la llegada al gobierno de Brasil de Jair Bolsonaro y Paulo Guedes y la firma del acuerdo Unión Europea-Mercosur.

El acuerdo firmado entre ambos países a comienzos de septiembre pasado es por diez años. El Gobierno logró frenar la voracidad brasileña para abrir el mercado, pero a contramano debió aceptar un mayor caudal de importaciones: así, el flex ya pasó de 1,5 a 1,7. Además, gradualmente ese flex irá subiendo hasta abrirse el comercio. El camino coincide con las canastas de desgravación para el sector que avaló el Ministerio de Producción y Trabajo, que conduce Dante Sica, para el acuerdo UE-Mercosur. La idea oficial es que ese lapso sea suficiente para lograr una mejora sustancial de la competitividad.

Sin embargo, la letra del acuerdo llegó con sorpresas. El nuevo flex de 1,7 no solo regirá desde ahora, sino que se convirtió, a través de la renovada firma, en el flex que rigió desde 2015 (reemplazando retroactivamente al viejo 1,5).

“El año pasado el flex estaba en 2. Las multas iban a ser incobrables y había que darles a las empresas una oportunidad para seguir operando”, contaron en una terminal. A comienzos de la gestión macrista, la apreciación cambiaria (dólar barato) y la sobreoferta de autos brasileños (por la recesión de ese país) derivó en una inundación de vehículos importados desde el otro lado de la frontera.

Pese a que las devaluaciones desde abril del año pasado contribuyeron a frenar las importaciones brasileñas, muchas firmas que no mejoraron sus exportaciones habrían quedado expuestas a pagar la multa. Antes de ese escenario, el Gobierno las había obligado a tomar seguros de caución por varios millones de dólares para asegurarse no solo de que los incumplidores fueran a pagar las multas (algo que las empresas generalmente evitaron), sino que la administración del comercio siguiera siendo eficaz con las mismas terminales jugando en ambos lados de la frontera.

En el Ministerio de Producción y Trabajo afirmaron, no obstante, que, por la crisis, el flex estaba debajo de 1,5 y que se mantenía en ese nivel. Niegan que se hayan perdonado multas. En el sector creen que el flex cerraba en 1,7 y que por eso se modificó retroactivamente, justamente, a ese nivel. Lo cierto es que al Gobierno se le hacía difícil, en medio de una recesión profunda, con las restricciones cambiarias que afectan al sector y tras haber puesto retenciones industriales, cobrar multas sin afectar las inversiones presentes y futuras en el país. “Nos parece una mala señal que se condonen incumplimientos cuando las reglas de juego estaban muy claras para todos los operadores”, había dicho AFAC (autopartistas) tras celebrar el nuevo acuerdo. El polémico cambio dejó también otros enojados en el sector: los que tenían crédito de exportación y creen que aquel cambio los despojó de la posibilidad futura de venderlo por varios millones a los incumplidores. (La Nación)

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