Johnson y la UE sellaron un nuevo acuerdo que iniciará la salida británica del bloque

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La Unión Europea y el Reino Unido llegaron a un acuerdo por el Brexit: lo confirmó Boris Johnson

Cuando faltan solo 14 días para la fecha límite para que Gran Bretaña deje la U nión Europea (UE), Londres y Bruselas anunciaron ayer un acuerdo de salida, aprobado inmediatamente después por la cumbre de jefes de Estado y de gobierno del bloque. Nada está ganado, sin embargo, para el primer ministro británico, Boris Johnson, que ahora debe hacer aceptar el texto por la Cámara de los Comunes.

Por: Luisa Corradini

“Estamos muy cerca del final del proceso”, estimó el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, quien se congratuló de ver alejarse el “espectro del caos” que habría provocado una salida sin acuerdo no deal el 31 de octubre.

“Esperamos ahora la votación de los dos Parlamentos” (británico y europeo), agregó durante una conferencia de prensa antes de la cena de los 28 líderes en Bruselas.

Calificándolo de “excelente acuerdo”, Boris Johnson -visiblemente satisfecho- expresó su “confianza” en que será aprobado por los diputados británicos durante la sesión extraordinaria prevista para mañana en Westminster.

Su margen de maniobra, sin embargo, se anuncia estrecho. Y la ecuación, complicada: el primer ministro necesita el voto de 320 de los 650 legisladores de los Comunes, que rechazaron tres veces consecutivas el primer acuerdo obtenido con la UE por la entonces primera ministra Theresa May, en noviembre de 2018.

Señal de las dificultades que esperan a Johnson, el Partido Unionista Demócrata (DUP, por sus siglas en inglés), modesta formación norirlandesa que gracias a sus diez diputados permite al gobierno disponer de una mayoría parlamentaria, anunció ayer que rechazará el texto “en su estado actual”.

El DUP no fue el único. También la oposición laborista denunció el compromiso a través de su líder, Jeremy Corbyn, que lo consideró “peor que el que había logrado May”. Al laborismo se sumaron las críticas del proeuropeo Partido Nacional Escocés (SNP), así como las de Nigel Farage, presidente del ultraderechista y euroescéptico Brexit Party.

El pacto anunciado ayer, después de 48 horas de frenéticas negociaciones, reglamenta sobre todo la espinosa cuestión de la frontera entre las dos Irlandas y la futura relación de Londres con la UE después del Brexit, decidido por el voto de los británicos el 23 de junio de 2016.

El nuevo texto, que después de ser aprobado por los legisladores británicos deberá ser refrendado por el Parlamento Europeo y ratificado por los otros 27 miembros del bloque, hace desaparecer el conflictivo backstop, aquella detestada cláusula aceptada por May, para evitar el regreso de una frontera física entre las dos Irlandas.

Esta nueva versión propone el mantenimiento de la provincia británica de Irlanda del Norte (Ulster) en la zona aduanera del Reino Unido y la instauración de derechos de aduana para las mercaderías que transiten por la isla de un sector al otro. En el futuro -y hasta que Londres y Bruselas definan sus futuras relaciones comerciales-, una frontera virtual pasará por el mar de Irlanda. Para el jefe de negociadores europeos, Michel Barnier, la nueva versión “permite aportar seguridad jurídica y certeza, sobre todo para los ciudadanos”.

“Gracias a este acuerdo, sus derechos estarán por fin garantizados en el tiempo”, explicó. Barnier agregó que “los compromisos financieros asumidos por los 28 serán respetados por los 28 y cumplidos”. En otras palabras, Gran Bretaña pagará los 38.000 millones de libras que debe a la UE en concepto de compromisos asumidos como miembro.

Después del anuncio y poco antes del inicio de la cumbre europea, la reacción de los líderes del bloque oscilaba ayer entre la satisfacción y la prudencia.

“Todo indica que se trata de un buen compromiso”, declaró el presidente francés Emmanuel Macron. “Ahora hay que superar las próximas etapas. Algo que, instruidos por el pasado, nos obliga a ser razonablemente prudentes”, advirtió.

Después de un aparente tropiezo diplomático protagonizado por el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, que declaró que “no habría ninguna posibilidad de prórroga” si los diputados británicos rechazaban el acuerdo, los 27 rectificaron el “lapsus” poco después, dejando abierta esa posibilidad, a condición de que esa solicitud “sea justificada”.

Gran protagonista del proceso, el primer ministro irlandés Leo Varadkar afirmó que el acuerdo logrado “es bueno para Irlanda y para Irlanda del Norte” y “respeta una historia y una geografía únicas”. (La Nación)

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