Evo Morales, el líder indígena que busca seguir impulsando los cambios en Bolivia

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Evo Morales, el líder indígena que busca seguir impulsando los cambios en Bolivia

El presidente asumió en 2006 y logró grandes mejoras económicas. Pero se presentó a otra reelección pese a que la Constitución no lo permite.

Por: Carolina Brunstein

Cuando Evo Morales asumió el 20 de enero de 2006 en una ceremonia ancestral en las ruinas de Tihuanaku, a unos 4.000 metros de altura, cerca de la ciudad de La Paz, se abría una nueva etapa en Bolivia​. Era el final de casi tres años de agitación política en los que habían caído dos gobiernos en medio de violentas revueltas. El primer presidente indígena del país prometió entonces una transformación. Y no hay dudas de que lo logró. Ahora apuesta a mantener su puesto cinco años más para profundizar los cambios que llevaron a un notable crecimiento económico y la inclusión de vastos sectores antes marginados de la sociedad. Pero hoy muchos comienzan a quitarle apoyo.

El líder del Movimiento al Socialismo (MAS) es el presidente latinoamericano en funciones con más tiempo en el poder.

Sus opositores le endilgan un carácter tozudo, que le impide reconocer errores, y lo acusan de encarnar un gobierno autocrático que controla todos los poderes del Estado y busca silenciar a las voces disidentes.

Sus seguidores, en cambio, le atribuyen el don de la infalibilidad. En estos años ha mostrado ser un animal político que supo aprovechar la prosperidad económica que le dio la nacionalización de los hidrocarburos, decretada pocos meses después de asumir.

A punto de cumplir 60 años -el 26 de octubre- Evo Morales sigue recordando su infancia pobre en el poblado de Isallavi, en la región andina de Oruro. Criador de llamas y luego vendedor de helados, también fue fabricante de ladrillos y trompetista de un grupo de música local. Años después llegó a la zona tropical del Chapare, el corazón cocalero de Bolivia, para dedicarse a ese cultivo.

Allí se sumó a los grupos sindicales y comenzó su carrera política en 1995, como diputado nacional. En 2002 se lanzó por primera vez como candidato presidencial y llegó al segundo lugar, detrás de Gonzalo Sánchez de Lozada, que cayó en 2003 en la violenta revuelta conocida como la “guerra del gas”.

En diciembre de 2005, arrolló en las urnas al ex presidente de derecha Jorge Quiroga con 54% de los votos y llegó a la presidencia, encumbrado por los movimientos sociales.

No tardó en deslumbrar a muchos líderes mundiales más allá de América Latina, y a la vez desencadenó los recelos de otros. Con la nacionalización del gas -en rigor, una renegociación de contratos con fuerte presencia del Estado- se enfrentó a grandes multinacionales, que sin embargo terminaron aceptando las nuevas reglas del juego, con las que ambas partes se beneficiaron claramente.

Muy cercano a los gobiernos de Cuba y Venezuela, con las banderas del Movimiento al Socialismo Evo ha sido muy pragmático en el manejo de la economía.

Tras llegar al poder, legisló de inmediato en favor de los indígenas: mejoró el acceso de las comunidades al agua, a la electricidad, y a la educación, y logró bajar en forma notable los niveles de pobreza. Instaló una Asamblea Constituyente y en 2009 promulgó una nueva Constitución que convirtió a Bolivia en un Estado Plurinacional y reconoció la existencia de 36 pueblos originarios.

Con la nueva Carta Magna, Evo decretó la “refundación” del país y llamó a elecciones anticipadas, en las que fortaleció su poder al imponerse con el 64,22% de los votos.

Cinco años después, en 2014, ganó una nueva reelección con el 61,36%. Pero la popularidad del presidente ha ido en descenso desde hace tres años. Especialmente después del referéndum del 21 de febrero de 2016, en el que el gobierno preguntó a los bolivianos si querían modificar la Constitución para permitir la reelección por más de dos periodos consecutivos.

No obtuvo el resultado esperado. Por un estrecho margen (51,3% a 48,6%), el país rechazó la reforma. Pero el mandatario acudió al Tribunal Constitucional con el argumento de que impedir su candidatura violaba sus derechos humanos.

La Corte le dio la razón, y habilitó su postulación, confirmada después por el Tribunal Electoral (TE), una decisión que generó fuertes protestas.

Además, una serie de denuncias de corrupción en su gobierno empañan su gestión.

Hace tiempo que Morales pasó de ser el humilde sindicalista que vestía de forma sencilla en actos oficiales ante poderosos líderes mundiales, al presidente que hoy viaja en helicóptero hasta la nueva e imponente torre que inauguró en 2018 como nueva sede del gobierno. Allí quiere quedarse hasta 2025, cuando se cumpla el bicentenario de la independencia de Bolivia. (Clarín)

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