Piñera no logra aplacar el malestar y se multiplican las protestas en Chile

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Piñera no logra aplacar el malestar y se multiplican las protestas en Chile

En el tercer día bajo toque de queda, las manifestaciones apuntaron contra el endurecimiento del tono del mandatario, que llamó a la unidad nacional; la Bolsa de Santiago sufrió un importante desplome

Por: Víctor García

Lejos de disminuir su intensidad y amplificando su base de participación ciudadana, Chile vivió una nueva jornada de manifestaciones con miles de personas en las calles, en un violento estallido social que ya registra once fallecidos y parece no tener fecha de resolución inmediata.

El foco se concentró en los reclamos contra el endurecimiento en el tono del presidente Sebastián Piñera durante los últimos días y en la escasa reacción del gobierno para hacer frente a una serie de demandas ciudadanas y su incapacidad para configurar un nuevo pacto social.

Con uno tono marcadamente distinto al que utilizó el día previo -como cuando dijo la noche anterior que “estamos en una guerra”-, pero sin anuncios concretos ni medidas como ajustes en su gabinete, uno de los aspectos que desde varios sectores políticos han solicitado como una señal contundente, el mandatario intentó conectar emocionalmente con los ciudadanos.

“Sé que a veces se ha hablado duro contra la violencia y delincuencia, lo hago porque me indigna ver el daño que provoca”, arrancó Piñera en su mensaje, que también apuntó a condenar los hechos de violencia.

“Siento empatía con las carencias, dolores y sueños de una vida mejor para ustedes y sus familias, pero una cosa distinta es la brutal violencia que ha desatado un pequeño grupo de delincuentes, que no respetan la vida humana, están dispuestos a destruir nuestro transporte público, vulnerar hogares, atacar ferias y pequeños negocios, destruyendo todo lo que se cruza en su camino”, acusó.

“No hay caminos hacia la unidad. La unidad es el camino para las soluciones”, agregó el jefe del Estado, y anunció que este martes se reunirá con los presidentes de partidos oficialistas y de oposición, para avanzar en acuerdos que permitan al país salir del actual caos. “El deber de un presidente va mucho más allá de resguardar el orden público y la seguridad ciudadana”, cerró.

Multitud en las calles

La consigna “Chile despertó” se repitió en las numerosas convocatorias que se realizaron en varios puntos del territorio y que tuvieron un tono más pacífico que los días anteriores. El movimiento también tuvo eco en comunas acaudaladas como Las Condes, donde también se reunieron miles de vecinos, que terminaron siendo dispersados por los militares con disparos al aire.

También hubo manifestaciones sin mayores desmanes y con un marcado carácter cultural, como las de la Plaza Ñuñoa, o con una masiva participación, como ocurrió en la céntrica Plaza Italia de Santiago.

Pese a ello, se decretó un nuevo toque de queda y la medida también incluyó a otras urbes como Valparaíso, Rancagua y Concepción, además de la propia capital.

De igual manera, hubo reclamos que derivaron en hechos de violencia, tal como sucedió en la ciudad de Temuco, y otros incidentes aún más violentos, como los de la comuna de Puente Alto, a minutos de que comenzara a regir el toque de queda.

La frase “estamos en guerra contra un enemigo poderoso”, que pronunció el mandatario en una polémica conferencia de prensa anoche, generó un sinnúmero de reacciones en la sociedad chilena y sirvió como punta de lanza del reclamo generalizado, que se tradujo en multitudinarias protestas en diversas ciudades del país.

Incluso, el mismísimo jefe de la Defensa Nacional, el general Javier Iturriaga, se desmarcó de la teoría del mandatario. “Yo soy un hombre feliz, no estoy en guerra con nadie”, aseguró, abriendo otra polémica que lo obligó a retractarse con el correr de las horas.

Al respecto, la exmandataria chilena Michelle Bachelet también entró en escena y reflexionó sobre el conflicto y realizó un llamado a la unidad.

“El uso de una retórica inflamatoria solo servirá para agravar aún más la situación, y se corre el riesgo de generar miedo en la población”, dijo la alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

Colapso en las compras

Con las clases en las escuelas suspendidas, el subte funcionando con mínima capacidad y una red de transportes agobiada por la demanda, una buena parte de los chilenos permanecieron en sus hogares durante la mañana y a mediodía se volcaron en masa a los supermercados a realizar compras, en muchos casos motivados por una naciente paranoia y temor al desabastecimiento.

“Le pedimos al público que no se sobreabastezca y a los medios de comunicación que no agiten ninguna bandera de psicosis colectiva de que viene el desabastecimiento. Eso no nos lleva a nada, porque no ocurrirá por ahora, pero si vienen hechos dramáticos que no esperamos, cualquier cosa puede pasar”, dijo al diario La Tercera el presidente de la Cámara Nacional de Comercio, Manuel Melero.

Fuera de los recintos se vieron filas interminables, que obligaron a sus administradores a organizar el ingreso y, en muchos casos, a limitar la compra a un solo carrito.

Las estaciones de servicio también recibieron un flujo inusual de automovilistas y varios conductores tuvieron que esperar más de una hora y media para llenar sus tanques.

Mientras tanto, la Bolsa de Santiago sufrió una histórica caída de 4,61%, la peor en dos años, y el peso chileno se depreció 2,06% ayer en su primera sesión tras el estallido social. De acuerdo con Bloomberg, se destruyeron cerca de US$7800 millones en patrimonio bursátil durante la oscura sesión de ayer.

El negativo panorama económico encontró eco en el ministro de Hacienda chileno, Felipe Larraín, quien expresó que las protestas generadas por el estallido social perjudicarán las cifras.

“Indudablemente esto va a tener un efecto en la economía”, declaró. (La Nación)

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