Demócratas y republicanos trasladan la batalla por el juicio político a Donald Trump al Senado

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El juicio político a Donald Trump y la evidencia de la gran división que afecta a Estados Unidos

La batalla política por la votación que determinó enviar al presidente Donald Trump a impeachment siguió ayer entre los dos grandes partidos en Washington, que se trenzaron de inmediato sobre fechas, plazos, testigos y otros factores claves en la realización del proceso en el Senado.

Si bien la Constitución establece cómo llevar adelante las distintas fases del juicio político, deja a la vez cuestiones abiertas a resolver entre las partes. Pero lo que menos se hizo ayer fue buscar esos acuerdos, con los líderes partidarios envueltos en un sinfín de chicanas y dilaciones.

Los líderes republicanos se mostraron favorables a un juicio expeditivo que libere rápidamente a su jefe. Los demócratas, a su vez, se mostraron reticentes a resolver la fecha de comienzo. Y todos se movieron atentos a cómo podría impactar el desarrollo del juicio en los comicios de noviembre próximo, en los que Trump buscará la reelección.

El juicio político divide al Congreso en la misma medida en que los estadounidenses discrepan sobre la excéntrica presidencia de Trump y los cargos en su contra. Un sondeo de Reuters/Ipsos difundido ayer reveló que el 42% de los estadounidenses quieren la remoción de Trump, contra una mayoría del 46% que quiere su continuidad.

La presidenta de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, inyectó incertidumbre sobre la continuación de los procedimientos al negarse a decir cuándo pedirá la apertura del juicio en el Senado.

Pelosi se negó, en conferencia de prensa, a decir cuándo elevará los cargos al Senado, lo cual es condición necesaria para que la Cámara alta, que está controlada por el Partido Republicano, comience el juicio, en el que se da por descontado que Trump será absuelto.

La líder demócrata dijo que no podía nombrar “administradores” -fiscales de la Cámara baja que deben alegar en el Senado a favor de la destitución- hasta no tener más precisiones de los republicanos.

“No podemos nombrar administradores hasta que veamos cómo será el proceso en el Senado. Y espero que eso sea pronto. Hasta ahora no hemos visto nada que nos parezca justo. Así que espero que sea justo. Y cuando veamos cómo será, enviaremos a nuestros administradores”, señaló Pelosi.

Esos comentarios causaron sorpresa después de que la Cámara baja aprobó el juicio por abuso de poder y obstrucción al Congreso por el Ucraniagate. Los demócratas habían insistido en la “urgencia” del impeachment y se estimaba una rápida transición a la siguiente fase.

En el centro de las acusaciones se encuentra el escándalo por la presión de Trump al gobierno ucraniano para investigar al exvicepresidente Joe Biden, posible rival en las elecciones de 2020, y a su hijo Hunter, que trabajó en Ucrania.

“Ahora, el Partido Que No Hace Nada no quiere Hacer Nada con los cargos y no quiere enviarlos al Senado”, tuiteó Trump, en alusión a los legisladores demócratas.

Como si fuera un torneo deportivo o un concurso de talentos, el magnate agregó que si los demócratas decidieran no transmitir las acusaciones al Senado para dar comienzo al juicio político, como señala la Constitución, “perderán por abandono”.

Pero la reticencia de Pelosi era el segundo round de una batalla que comenzó cuando el líder de la bancada republicana en el Senado, Mitch McConnell, rechazó, días atrás, una solicitud de llamar a declarar a varios testigos.

McConnell también dijo que estaba “coordinando” el proceso con la Casa Blanca y declaró que no será imparcial, pese a que los senadores, más allá de sus partidos, deben actuar como jurados, con la promesa de “hacer justicia imparcial”.

“McConnell dice que está bien que el presidente del jurado esté confabulado con los abogados del acusado. Eso no me parece correcto”, señaló Pelosi, en lo que se transformó en un ida y vuelta de acusaciones entre los principales líderes de las bancadas legislativas.

Para McConnell, el proceso en la Cámara baja fue “el más apresurado, el menos exhaustivo y el más injusto de la historia” del país. “Es de lejos el juicio político con una base más débil que jamás haya aprobado la Cámara baja”, insistió.

Pero el líder de la minoría demócrata del Senado, Chuck Schumer, retomó esas mismas palabras y las utilizó para describir lo que quieren hacer los republicanos en la Cámara alta, un juicio apresurado y superficial. Sobre todo a partir de la negativa a permitir la declaración de testigos en las audiencias.

“¿Es que el caso del presidente es tan débil que ninguno de los hombres del presidente puede defenderse bajo juramento?”, dijo Schumer, que llevará la voz cantante de los demócratas en el impeachment. (La Nación)

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