El Papa pidió “esperanza” a América Latina en su mensaje navideño

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Francisco recordó “las agitaciones sociales y políticas” que sacudieron a la región este año y celebró los esfuerzos de los que luchan “por superar las diversas crisis”

En su séptimo mensaje de Navidad desde que asumió el cargo, en 2013, el papa Francisco hizo ayer un llamado al mundo para encarar los grandes desafíos que representan, entre otros, los conflictos armados, la injusticia social y el miedo a los migrantes, con una mención especial a la convulsión social y política que sacude a América Latina.

Durante la tradicional bendición urbi et orbi, frente a una multitud de miles de feligreses que lo aclamaban en la Plaza San Pedro, Francisco pidió “esperanza” para el continente americano, “donde diversas naciones están pasando un período de agitaciones sociales y políticas”.

El Papa se refirió en particular a Venezuela, un caso que refleja de manera exponencial buena parte de las tragedias de la actualidad internacional, desde la violencia y la represión hasta la pobreza y el hambre. Francisco pidió así que “el pequeño Niño de Belén” reanime “al querido pueblo venezolano, probado largamente por tensiones políticas y sociales, y no le haga faltar el auxilio que necesita”.

Desde el comienzo de su pontificado, Francisco mostró una gran sensibilidad hacia Venezuela, donde intentó mediar en una de las varias mesas de diálogo abiertas entre el chavismo y la oposición, que tarde o temprano derivaron en dilaciones, acusaciones y fracasos.

También bendijo “los esfuerzos de quienes están luchando por favorecer la justicia y la reconciliación, y obran para superar las diversas crisis y las muchas formas de pobreza” en América Latina, que este año fue escenario de protestas sociales en Colombia, Ecuador, Chile y Bolivia.

Francisco exhortó además a la comunidad internacional a “garantizar la seguridad en Medio Oriente, particularmente en Siria”, inmersa en una guerra civil desde comienzos de 2011 que hasta ahora dejó cerca de 400.000 muertos.

En ese difícil contexto, donde además de milicias y ejércitos locales intervienen fuerzas extranjeras, destacó “los esfuerzos de cuantos se están prodigando para favorecer la justicia y la reconciliación, y se desvelan para superar las diversas crisis y las numerosas formas de pobreza que ofenden la dignidad de cada persona”.

Que Cristo “inspire a los gobernantes y a la comunidad internacional para encontrar soluciones que garanticen la seguridad y la convivencia pacífica de los de la región y ponga fin a los sufrimientos”, dijo el Papa. “Que Cristo sea luz para tantos niños que sufren la guerra y los conflictos en Medio Oriente y en diversos países del mundo”, insistió.

Francisco llamó a lograr una solución para la crisis política en el Líbano, país de “armoniosa coexistencia”, y denunció la persecución religiosa de los “grupos extremistas en el continente africano”, particularmente en Burkina Faso, Mali, Níger y Nigeria.

El 1° de diciembre, al menos 14 personas fueron asesinadas a tiros en un ataque contra una iglesia en el este de Burkina Faso, donde la insurgencia islamista viene provocando tensiones étnicas y religiosas.

Al hablar de las diversas zonas en conflicto, Francisco destacó que los habitantes de la Tierra Santa “aguardan días de paz, de seguridad y de prosperidad”, en referencia al continuo conflicto entre israelíes y palestinos desde mediados de siglo pasado y que cobra fuerza en los reiterados enfrentamientos en Gaza.

Siempre en Medio Oriente, Francisco mencionó las “tensiones sociales” en Irak y la “grave crisis humanitaria” en Yemen.

En otro pasaje recordó a Ucrania, “que aspira a soluciones concretas para alcanzar una paz duradera” desde el estallido separatista de 2014 que derivó en la pérdida de Crimea, anexada por Rusia.

Francisco, que hizo del apoyo a los migrantes una de las prioridades de su pontificado, no pasó por alto en su mensaje la crítica a “los muros de indiferencia” a los que se enfrentan los migrantes. “Con la esperanza de una vida segura”, terminan por sufrir “abusos innombrables, esclavitud de todo tipo y torturas en campos de detención inhumanos”, subrayó.

El hilo conductor de su discurso sobre las crisis del mundo, como hombre de fe, fue que el cambio comienza en los corazones. “Hay oscuridad en los corazones humanos; sin embargo, la luz de Cristo es aún mayor”, declaró. “Hay oscuridad en las relaciones personales, familiares y sociales, pero la luz de Cristo es mayor. Hay oscuridad en los conflictos económicos, geopolíticos y ecológicos, pero aún mayor es la luz de Cristo”. (La Nación)

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