China extrema el cerco por el virus y deja a 20 millones en cuarentena

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Pekín busca contener el coronavirus y aísla a la ciudad de Wuhan

Pekín dispuso una amplia zona de exclusión en varias ciudades y suspendió las festividades del Año Nuevo; la OMS descartó declarar “emergencia de salud internacional”, pero advirtió que el peligro global sigue latente

China redobló su guerra contra el coronavirus y aumentó ayer el cerco en la región donde se originó la amenaza, en la que entró en vigor una cuarentena que afecta a 20 millones de personas bajo la mirada vigilante del Ejército, desplegado para garantizar el encierro.

En el ambiente ya enrarecido en la ciudad de Wuhan, en el centro del país, cuya población deambula por las calles con mascarillas, el Ejército desplegó efectivos con la misión de custodiar las estaciones de tren y otras posibles salidas, y evitar que nadie intente dejar la ciudad, a menos que exprese una razón que las autoridades consideren válida.

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La cuarentena incluye la suspensión de vuelos y trenes hacia esta moderna y pujante población de 11 millones de habitantes, además del cierre de los peajes.

Casi todos los comercios estaban cerrados. No se veían tampoco repartidores en moto, normalmente omnipresentes en las grandes ciudades chinas. Los taxis triplicaron sus tarifas. “Es muy peligroso salir en este momento pero necesitamos el dinero”, comentó un taxista.

La zona de exclusión que trazaron las autoridades y que en un principio estaba destinada a Wuhan, donde se originó el coronavirus en diciembre pasado, se expandió a la vecina ciudad de Huanggang, a 70 km al este, de 7,5 millones de habitantes, sometida a medidas similares y con la circulación de los trenes interrumpida.

Muy cerca, Ezhou ya había cerrado su estación de tren. Al oeste, otra localidad, Xiantao, cerró los accesos a una ruta de salida y en Chibi, en el sur, se suspendió el transporte público. Con estas medidas se elevó a 20 millones el número de personas sometidas al cordón sanitario decretado por Pekín.

Las cosas tampoco estaban fáciles para la población de la gran capital del país, también obligada a un régimen de restricciones de circulación que intenta evitar la propagación del coronavirus, un patógeno que por ahora registra 18 muertes, la mayoría sucedidas en la zona de Wuhan y alrededores.

Reflejo de la preocupación que reina en el país, la Ciudad Prohibida de Pekín, el antiguo palacio de los emperadores, anunció que cerraba para evitar el riesgo de contagio.

En vísperas de las vacaciones del Año Nuevo chino, la capital anuló además las populares ceremonias previstas en la ciudad. Todos los años, cientos de miles de pequineses acuden a los parques y espacios públicos para asistir a los tradicionales bailes del león y del dragón, que esta vez debieron retroceder por la amenaza del virus.

La cepa es un nuevo tipo de coronavirus, una familia que cuenta con una amplia gama que incluye al SARS, causante de una epidemia que en el bienio 2002-2003 dejó unos 650 muertos en China. La Organización Mundial de la Salud (OMS) criticó entonces al gobierno por haber tardado en dar la alerta y haber querido disimular el alcance de la epidemia. Pero ese organismo con sede en Ginebra felicitó esta vez a Pekín por haber mostrado una actitud más abierta y decidida.

El director de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, destacó que China tomó “medidas muy fuertes” para frenar el brote, y estimó que de esa manera iban a “disminuir” los riesgos de propagación internacional tras conocerse casos aislados, confirmados o sospechosos, de pacientes que se enfermaron tras volver de viaje de China.

Tras un estrecho seguimiento de la epidemia, un comité de urgencia de la OMS reunido en Ginebra descartó ayer declarar una “emergencia de salud pública a nivel internacional”, una medida aplicada en casos de extrema gravedad y que decretó en solo cinco ocasiones.

“Sin embargo, no se equivoquen, esta es una emergencia en China. Aún no se ha convertido en una emergencia de salud global, pero todavía puede convertirse en una”, dijo Ghebreyesus. Señaló además que la OMS espera que las medidas tomadas por China “sean eficaces y cortas en su duración”, y no recomendaba “ninguna restricción más amplia para viajar o comerciar”.

El virus parece eludir el cerco y se cobró ayer su primera víctima fuera de Hubei, la provincia de origen del virus y donde se habían producido todas las muertes, elevando a 18 el total del país. Según las autoridades, se trata de un hombre de 80 años en la provincia de Hebei, en el norte de China y limítrofe con Pekín.

Los responsables de salud temen que la tasa de transmisión se acelere, ya que cientos de millones de chinos se desplazarán dentro del país y al extranjero durante las vacaciones del Año Nuevo lunar, que comienza este sábado.

No existe vacuna para el virus, que se puede propagar por vía respiratoria. Los síntomas incluyen fiebre, dificultades para respirar y tos, similares a muchas otras enfermedades respiratorias. (La Nación)

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