Nicolás Maduro busca revitalizar la petrolera estatal

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Declaró la “emergencia energética” y ordenó reestructurar Pdvsa, que enfrenta una crisis de producción

Por: Daniel Lozano

Donald Trump prometió aplastar y quebrar a Pdvsa [la estatal petrolera], aplastar y quebrar a Venezuela. ¿Quién va a poder más, Donald Trump o la clase obrera? ¿Trump o la patria?” El acertijo con errores de Nicolás Maduro precedió anteayer a la declaración de “emergencia energética” para garantizar, según la arenga del presidente, la “seguridad energética nacional y para defender a Pdvsa de los ataques imperiales”.

En el discurso del Estado de la Unión, y en presencia del líder opositor Juan Guaidó, Trump sí prometió aplastar “al dominio de la tiranía de Maduro”, sin citar jamás a Pdvsa. El presidente venezolano anunció al país su nueva estrategia tras conocer las sanciones impuestas por Estados Unidos contra la filial de la petrolera estatal rusa Rosneft, una forma concluyente de reconocer la importancia de los rusos para atornillarse en el poder.

Según el banco de inversión Torino Capital, con sede en Nueva York, dos tercios de la actual producción venezolana son comercializados por Rosneft, lo que supone un impacto profundo para el flujo de caja de Pdvsa, ya muy limitado por la ineficacia de sus directivos.

Dicho y hecho, el alto mando militar se reunió ayer comandado por el general Vladimir Padrino López, ministro de Defensa, para planear la defensa de las instalaciones petroleras de Pdvsa ante un falso enemigo, ya que el descalabro de la industria fundamental para el país no viene ni del norte imperial ni de la oposición, ni siquiera de esas extrañas naves invisibles que según el chavismo atacan el sistema eléctrico nacional.

Las estadísticas confirman que Venezuela produce en la actualidad solo 700.000 barriles de petróleo, cuando en 2008, en plena bonanza, superaba los tres millones. El enemigo, aunque no se lo reconozca, está mucho más cerca, y dentro de la propia revolución.

Una cortina de denso humo militar para esconder precisamente el fracaso administrativo de los militares, colocados en la presidencia de una industria muy alejada de sus virtudes para la represión.

Cuando Maduro decidió situar al general Manuel Quevedo al frente de una industria que desconocía, los expertos hicieron sonar la alerta, incluso los más atrevidos vaticinaron el derrumbe en solo dos años.

Finalmente fueron 27 meses de gestión, que llevaron a Venezuela, que cuenta con las mayores reservas de petróleo del planeta, a su mínimo histórico: se perdieron 1.200.000 barriles en la vertiginosa deriva hacia el abismo. En sus mejores momentos, Pdvsa proveía hasta el 96% de los ingresos del Estado venezolano.

Maduro anunció también la creación de una comisión presidencial para “transformar integralmente” a Pdvsa, parecidas palabras a las ya empleadas en otras crisis y otros innumerables planes. Al frente de la comisión, el todopoderoso Tareck El Aissami, un movimiento que anticipa que el vicepresidente económico está decidido a tomar el mando del que fuera el músculo financiero de la revolución.

El Aissami figura en la lista de “capos” más buscados por Estados Unidos, acusado de “narcotráfico internacional”. Las sanciones promovidas por Washington y el anuncio de que se le han impuesto cargos penales provocaron que el exgobernador de Aragua suavizara su perfil público y se limitara a viajar a Moscú.

Hugo “el Pollo” Carvajal, antiguo jefe de la Contrainteligencia con Chávez, confirmó sus vínculos con el grupo terrorista libanés Hezbollah, denunciados previamente por el Parlamento.

La mala gestión, la huida de sus mejores cerebros, la puesta en marcha de proyectos ruinosos y la corrupción se aliaron, junto al deterioro económico del país, para reventar la gallina de los huevos de oro negro. Una corrupción cuyos tentáculos se extendieron por todo el mundo, incluidos los bancos suizos.

“Maduro, asume tu responsabilidad, jodiste Pdvsa”, disparó Rafael Ramírez, antiguo zar venezolano del petróleo y hombre de confianza de Chávez, convertido hoy en detractor del llamado por la propaganda bolivariana “conductor de victorias”. Desde su exilio en Europa, Ramírez advirtió que “militarizar más a Pdvsa bajo el liderazgo de un criminal internacional terminará de enterrarla”. (La Nación)

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