Los casos disminuyen en Europa, pero los gobiernos desconfían y no se atreven a bajar la guardia

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La batalla contra el coronavirus une a Italia, que recupera su espíritu y orgullo

Los Estados comienzan a distender las cuarentenas de manera pausada, pero recelosos de la medidas de seguridad social ante el temor a la segunda ola

Por: Luisa Corradini

Tras una tímida desaceleración del avance del Covid-19, varios países europeos decidieron esta semana un progresivo desconfinamiento. ¿La luz al final del túnel? En todo caso, dirigentes y científicos coinciden: la amenaza de una segunda ola de contaminación es demasiado seria como para bajar la guardia.

Según los expertos de Our World in Data, una ONG de colecta de estadísticas relacionada con la Universidad de Oxford, son necesarios actualmente 16 días en Italia para duplicar el número de muertes por coronavirus; 13 días en España; 11 días en Holanda; 10 días en Francia y Austria; 8 días en Alemania, y 7 en Gran Bretaña y Bélgica. Hace diez días, esas duplicaciones eran dos veces más rápidas.

Guiados por esas cifras y acuciados por la hecatombe económica que se avecina, los gobiernos europeos han comenzado a tomar medidas de liberalización. Lo hacen, sin embargo, a cuentagotas y con prudencia, para evitar una nueva ola de contaminación que provocaría estragos en sistemas sanitarios al límite de sus capacidades y equipos médicos agotados por semanas de esfuerzo sobrenatural.

Mientras los belgas esperan la reunión del Consejo Nacional de Seguridad para este miércoles, en Francia, el presidente Emmanuel Macron anunció anteayer “el comienzo del fin del desconfinamiento para el 11 de mayo”. A partir de esa fecha, escuelas primarias y secundarias deberían comenzar a reabrir sus puertas. No así los bares, restaurantes, cines y universidades. Ciertas categorías de la población, como los seniors , serán incitadas a permanecer confinadas un tiempo más, mientras el Estado tratará de aumentar considerablemente el testeo en todos los sectores de riesgo, y la utilización del barbijo podría convertirse en “sistemática” en ciertas ocasiones, como en los transportes públicos. Pero Francia está aún lejos de la libertad total: los grandes eventos, como los festivales de verano o los acontecimientos deportivos, seguirán prohibidos hasta por lo menos el 15 de julio.

Austria autorizó a partir de ayer la reapertura de pequeños comercios, aunque bajo estrictas condiciones. Librerías, florerías y negocios de bricolaje volvieron a recibir clientes que, sin embargo, están obligados a usar barbijo e ingresar de a uno. Cerca de 4500 negocios vieneses deberían beneficiarse con la medida. Los centros comerciales y las peluquerías deberían reabrir el 1° de mayo.

España, uno de los países más azotados por la pandemia, autorizó a miles de obreros a volver al trabajo a partir del lunes. La medida se aplica esencialmente al sector de la construcción y la industria manufacturera, que no pueden recurrir al teletrabajo. La policía y grupos de voluntarios comenzaron a distribuir barbijos en la entrada de subtes y estaciones de tren. Mucho más rigurosas que en el resto de Europa, las medidas tomadas por el gobierno español rigen hasta el 25 de abril.

Apertura escalonada

La canciller alemana, Angela Merkel, se reunirá hoy con los dirigentes de los 16 lander de la federación para decidir cómo seguirá el confinamiento, que rige hasta el 19 de abril. Muchos defienden la idea de una liberalización por etapas, siempre respetando en forma escrupulosa las medidas de seguridad. La Academia Nacional de Ciencias de Alemania recomienda abrir “lo más rápido posible” escuelas primarias y secundarias.

En Dinamarca, los menores de 11 años regresarán a la escuela de hoy. Contrariamente a su vecino sueco, que impuso pocas restricciones a la población, Dinamarca estableció el confinamiento el 11 de marzo. Hoy, su primera ministra, Mette Frederiksen, afirma que “es importante no cerrar el país más tiempo de lo necesario”. La dirigente socialdemócrata insiste, sin embargo, en la necesidad de seguir respetando la de distancia social.

Italia permitió a partir de ayer la apertura de librerías y negocios de ropa para niños en la mayor parte del país. El gobierno prolongó el confinamiento nacional hasta el 3 de mayo, pero algunas actividades recomienzan, como en la industria de la madera y la producción de computadoras.

Contrariamente a Italia, Grecia parece haber escapado a los efectos devastadores de la pandemia, con apenas un centenar de víctimas mortales. El país anticipó el peligro al anular el carnaval, a fines de febrero. A partir del 10 de marzo, Atenas ordenó el cierre de escuelas, bares, restaurantes, sitios arqueológicos y cines. Esas medidas serán mantenidas hasta el 27 de abril.

Pocos decidieron respetar el principio de precaución en Gran Bretaña. El primero de ellos fue el primer ministro, Boris Johnson, que casi lo pagó con su vida. Por haber tardado en reaccionar, el país lamenta actualmente más de 12.000 muertos y centenares de decesos en residencias para ancianos, aún no contabilizados en las estadísticas. Mientras los científicos esperan todavía el pico del brote, el desconfinamiento no es una cuestión de actualidad en el país.

Aunque las medidas adoptadas en Holanda por el gobierno difieren poco de las aplicadas en Francia, el primer ministro Mark Rutte trató de presentarlas como un confinamiento “inteligente”, insistiendo en la disciplina de los habitantes. Los holandeses solo deberían salir de sus casas para ir a trabajar, comprar comida o por razones humanitarias. Sin embargo, contrariamente a los franceses, no necesitan certificados de circulación, no son pasibles de multas y muchos comercios no esenciales han permanecido abiertos. (La Nación)

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