Cauteloso, Johnson anunció una leve distensión de la cuarentena

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Por: Luisa Corradini

Obligado por la presión económica, el primer ministro británico reveló ayer su plan para que Gran Bretaña retorne a la actividad. Con extrema prudencia y sin grandes cambios, Boris Johnson reemplazó la anterior consigna stay at home (quédese en casa) con un prudente stay alert (permanezca alerta).

“Aunque hayamos realizado progresos para alcanzar ciertas condiciones que fijé, no lo logramos totalmente. De modo que no es el momento de poner fin al confinamiento”, declaró Johnson durante una intervención televisada de 15 minutos.

Atemorizado por el riesgo de una segunda ola de contaminación, Johnson advirtió a sus conciudadanos que el desconfinamiento total todavía está lejos. En su mensaje, el jefe del gobierno se limitó a anunciar una leve distensión de las medidas de restricción vigentes desde el 23 de marzo, fijando -no obstante- el objetivo de salir progresivamente del estado actual no antes de comienzos de julio.

La prudencia del primer ministro es lógica en un país que ha superado los 33.000 muertos, ubicándose en el segundo puesto mundial en número de decesos, delante de Italia y detrás de Estados Unidos. Peor aún, según los especialistas, en caso de una distensión demasiado rápida, las víctimas mortales podrían llegar a 100.000 antes de fin de año.

El jefe del gobierno dio un calendario indicativo para el levantamiento de las medidas de restricción en tres etapas.

“Los que no pueden trabajar desde sus hogares deberían regresar al trabajo” a partir de hoy, dijo a los empleadores del sector manufacturero y de la construcción. Aunque “siempre que sea posible sin tomar los transportes públicos”. Es decir, “en auto o, mejor aún, a pie o en bicicleta”, dijo, provocando cierto desconcierto.

Los comercios de productos esenciales podrían abrir a principios de junio, mientras que las escuelas primarias deberían recibir alumnos “progresivamente” a partir de esa fecha. Por fin, no antes de comienzos de julio, sería el turno de ciertos restaurantes y sitios públicos. “A condición de que la situación siga mejorando”, advirtió.

Johnson dejó para hoy los detalles sobre la reactivación de la economía, mientras su ministro de Finanzas, Rishi Sunak, debe explicar durante la semana cómo saldrán decenas de miles de asalariados del desempleo parcial impuesto a comienzos del confinamiento para evitar un derrumbe del tejido laboral británico.

El primer ministro espera reducir rápidamente de 4 a 3 el nivel de riesgo establecido por su nuevo sistema de alerta, calcado del programa que mide la amenaza terrorista (de 1 a 5). Por el momento, sin embargo, los británicos tendrán que esperar para reunirse entre amigos o familiares. A partir de pasado mañana, la gente podrá en todo caso salir a practicar deportes varias veces por día, en vez de una vez, a condición de respetar la distancia social.

Para evitar una segunda ola de contagios, el gobierno se dispone a imponer próximamente una cuarentena de 14 días a quienes lleguen a los aeropuertos del Reino Unido, británicos incluidos, con obligación de declarar dónde se alojarán, bajo amenaza de pagar una multa de 1000 libras o ser expulsados.

Cautela

Si Johnson da muestras de tanta prudencia es porque sabe que su margen de maniobra es extremadamente reducido. Unas 18.000 personas son infectadas cada día en Gran Bretaña, contra la cifra de 4000 fijada por el gobierno. La epidemia, en repliegue en los hospitales, sigue provocando una hecatombe en las residencias de ancianos.

Víctima de un tsunami de críticas por su falta de preparación para hacer frente a la crisis, sus frecuentes cambios de estrategia, su incapacidad para proveer equipos de protección al personal sanitario y otras profesiones esenciales, y para organizar campañas de detección en gran escala, el gobierno británico camina sobre una cuerda floja.

Igual de deficiente ha sido su estrategia de comunicación, calificada de “evasiva y caótica” tanto por los medios como por la oposición.

Esa fue la sensación que dejó Johnson con su intervención de ayer, duramente criticada por los responsables políticos de Escocia y de Gales, que lo acusaron de no haberlos consultado. Refiriéndose al cambio de consigna anunciado por Johnson – stay at home por stay alert -, la primera ministra escocesa, Nicola Sturgeon, afirmó “no saber qué quería decir”.

Para el nuevo líder laborista, Keir Starmer, la intervención de Johnson “planteó más interrogantes que respuestas. El primer ministro parece decirles a millones de personas que vuelvan a trabajar sin un plan preciso para su seguridad ni cómo tienen que hacerlo sin tomar los transportes públicos”, ironizó.

Mientras aumenta la percepción de que la actuación del gobierno en la crisis se sitúa “entre las peores del mundo”, Starmer enfrentó esta semana a Johnson en su primera sesión de preguntas al primer ministro con un interrogante brutal: “¡¿Pero cómo diablos hemos llegado a esto?!”. (La Nación)

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