El Gobierno proyecta la pospandemia y crecen los rumores de cambios en el Gabinete

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Hay fuertes críticas internas a los ministros, algunos muy cercanos a Alberto Fernández. Un alto funcionario ya tendría los días contados. Desde Olivos desmienten las versiones.

Por: Ignacio Ortelli

“En el Frente de Todos no tenemos diferencias, sí tenemos opiniones a veces distintas”. La respuesta que dio el presidente Alberto Fernández, al relativizar las últimas semanas de chispazos internos dentro de la coalición de Gobierno, sirve para entender las versiones e interrogantes que surgen en torno a la actual conformación del Gabinete. Que le falta peso específico político, que salvo excepciones no cuenta con nombres que conozcan las complejidades del funcionamiento del Estado, que no hay “nadie que pida la pelota”, como graficó Aníbal Fernández, son algunos de los argumentos que se escuchan en el oficialismo.

Aunque en la Quinta de Olivos insisten en desmentir las versiones de cambios, que adelantó Clarín semanas atrás, son varios los funcionarios de primera línea que empiezan a acumular cuestionamientos internos. La diversidad y amplitud de fuerzas que integran el frente electoral conlleva inevitablemente una tensión que se advirtió casi desde la asunción de los Fernández y que sólo había quedado solapada por el combate de la pandemia, pero que en la necesidad del jefe de Estado de instalar una agenda de salida de la crisis económica vuelve al centro de la escena. Por ahora, con formato de fuego amigo.

Más allá de que en el Gobierno hacen autocrítica por demoras en la implementación de los programas en algunos ministerios, la primera certeza sobre la que coinciden en la coalición es que las críticas tienen más que ver con la identidad de origen de los funcionarios y las pujas por espacios de poder entre las fuerzas, que con la gestión. “¿Quién se animaba a discutirle un ministro a Cristina? ¿Son peores los de ahora? Es lógico que en un esquema más horizontal haya discusiones, pero no va a pasar de ahí hasta que Alberto lo decida”, plantea ante Clarín un histórico dirigente peronista que reivindica el “camino de la moderación” que según su visión mantiene el mandatario a pesar de los reclamos de los sectores más duros.

También, suelen remarcar en la Casa Rosada, se trata de un contexto atípico: “Llevamos siete meses, cuatro con pandemia. Es difícil hacer un balance cuando se trabaja sobre tanta urgencia e imprevistos”, justifican.

La regla, claro, tiene excepciones. El caso emblemático fue el de Alejandro Vanoli, quien debió dejar la ANSeS tras acumular críticas de gestión, por aquella jornada en la que centenares de miles de jubilados se agolparon en las puertas de los bancos para poder cobrar sus haberes; y por errores políticos, como fue la demora para designar reemplazantes en los directorios de las empresas privadas en las que el organismo tiene acciones.

Una situación similar a la de Vanoli parece ser la del secretario de Energía, Sergio Lanziani; quien asoma como el único número puesto para dejar su cargo. “Tiene el boleto picado desde diciembre”, admiten, al recordar el conflictivo comienzo de gestión, cuando el misionero desplazó a su jefe de Gabinete, Federico Martelli; integrante del albertista Grupo Callao, y también eyectó a Maximiliano Galli, dos días después de haberlo nombrado secretario de Administrativo. Críticas por la gestión, y los roces con su jefe directo, el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas; y con el presidente de YPF, Guillermo Nielsen; alimentan las versiones de su salida. También su pelea insalvable con Carlos Rovira, el cacique del misionero Frente Renovador de la Concordia, con quien cortó el vínculo en plena campaña 2019.

 Desde Energía se sorprenden ante las versiones y aseguran que el secretario “está gestionando” y que en las últimas horas tejió reuniones con los intendentes Mario Ishii (José C. Paz) y Fernando Gray (Esteban Echeverría) para avanzar en obras de baja potencia del plan “Más cerca”. “Es sólo una cuestión de tiempo”, descuentan, no obstante, en Casa Rosada. Incluso, vuelve a sonar el nombre del interventor del Ente Nacional Regulador del Gas (Enargas), Federico Bernal; como candidato a reemplazarlo.

Distinta es la situación de tres ministros por los que Fernández apostó fuerte: María Eugenia Bielsa (Hábitat), Daniel Arroyo (Desarrollo Social) y Claudio Moroni (Trabajo). “Les pegan a ellos, le pegan a Alberto”, resume, con cierto fastidio, un estrecho colaborador presidencial. El razonamiento aplica también para los dardos que recibe el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero.

Y se apoya en la lógica que el fuego amigo no obedece a motivos de gestión: de hecho, de ese lote, la rosarina es la única que tuvo inconvenientes para poner en marcha su ministerio nuevo. Según datos publicados en el sitio oficial del Ministerio de Economía, apenas ejecutó el 14,77% del Presupuesto previsto. No obstante, por ahora, cuenta con el aval del Presidente, pero incluso en ese incipiente sector denominado albertismo -que dice no existir, pero que lo hay, lo hay- admiten el malestar.

A Arroyo, complicado por un ministerio loteado desde las bases, con secretarios y subsecretarios que responden a distintas terminales de poder, paradójicamente se le discute su muñeca política y no su dedicación y conocimiento del área. Pero resistió en su cargo incluso en medio del escándalo por las irregularidades en la compra de alimentos. “Si no se fue en ese momento, si Alberto lo bancó ahí, ¿por qué se va a ir ahora?”, interpela un funcionario con línea directa en el mandatario y buena sintonía con el ministro.

Los rumores de Moroni son desmentidos con más fiereza. Al cabo, se trata de un funcionario que, al igual que Marcela Losardo (Justicia) y los secretarios Julio Vitobello (Presidencia) y Vilma Ibarra (Legal y Técnica), conforman el grupo de amigos que juega de memoria con el Presidente. “¿Problemas de gestión? Con Matías (Kulfas) armó todo el esquema del ATP y de la IFE; y logró que se sentaran en la misma mesa los Camioneros y Mercado Libre”, rechazan en el Gobierno.

Lo concreto es que Moroni fue criticado públicamente por Máximo Kirchner por haber homologado suspensiones con rebaja salarial entre la empresa Mondelez y el Sindicato de Trabajadores de Industrias de la Alimentación. Aunque el más resonante públicamente, ese no fue el único reclamo que surgió desde las filas de La Cámpora hacia el amigo del Presidente.

No es novedad que Kulfas, un imprescindible del jefe de Estado; y Matías Lammens (Turismo) también son mirados con recelo por el kirchnerismo duro. 

Otra que lidia con versiones de todo tipo es la titular de la AFIP, Mercedes Marcó del Pont. En especial desde el regreso del ex administrador, Ricardo Echegaray, a la Aduana.

A salvo de maliciosos rumores que señalaron que tras resolver la deuda se iría, parece haber quedado Martín Guzmán (Economía), luego de que la vicepresidenta Cristina Kirchner resaltara en su Twitter su explicación sobre la negociación.

Con todo, al menos por ahora, “no va a haber cambios”, coinciden los voceros de primera línea consultados.

En rigor, ya están en gestación algunas variantes, que no tienen que ver con los nombres sino con la comunicación y que giran en torno a aquel pedido de Aníbal Fernández. El vocero presidencial Juan Pablo Biondi y el secretario de Secretario de Medios y Comunicación Pública, Francisco Meritello; aceitan un esquema con más funcionarios que oficien de voceros de los temas de agenda. La idea, dicen, “es que haya más voces y que se vea todo lo que está haciendo” el Gobierno. En esa movida se anota el raid mediático que hicieron días atrás la propia Vilma Ibarra y la vicejefa de Gabinete, Cecilia Todesca; dos con bajísimo perfil público, y las recientes apariciones de Lammens, en los programas de Mirtha Legrand y Jorge Lanata. (Clarín)

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