IFE ANSES: los cinco focos que analiza el Gobierno para definir si habrá un cuarto bono

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ANSeS, la caja fuerte que se hace cargo de la mitad de los gastos del Estado

Los indicadores sociales y los números fiscales serán decisivos para resolver que pasará después de agosto con este beneficio.

Por: Annabella Quiroga

El próximo 10 de agosto ANSES comenzará a pagar la tercera tanda del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE). El bono que llega a 9 millones de personas había sido pensando como algo excepcional para enfrentar la pandemia, pero a medida que se extendía la cuarentena los pagos se fueron renovando. Ahora el Gobierno está analizando si habrá un cuarto pago.

“Seguimos evaluando cuáles serán las políticas de acompañamiento para los sectores más vulnerables. El Gobierno tiene la decisión política de hacer una fuerte inversión estatal” para asistir a las familias en medio de la pandemia, aseguró días atrás la titular de ANSES, Fernanda Raverta. Para definir cómo sigue la ayuda a los sectores más vulnerables de la sociedad en un año en el que la economía caerá al menos 12%, el Gobierno analiza la evolución de cinco focos:

Cuarentena

La fase actual del aislamiento social obligatorio en el AMBA se extenderá, por ahora, hasta el 17 de agosto. De este modo la cuarentena cumplirá cinco meses en el centro urbano más poblado del país con la mayor parte de la fuerza laboral recluida en sus casas.​ Ayer, el Gobierno decidió prohibir por decreto las reuniones sociales en todo el país, incluso en aquellos distritos que no registran casos de COVID-19. La forma en que se aplique la cuarentena más allá del 17 de agosto será decisiva para definir si habrá una nueva tanda del IFE para atender a las familias con pérdidas de ingresos. En caso de que se opte por dejar de lado el bono de $ 10.000 se pasaría a un programa de renta básica, que sería más acotado e incluiría a desocupados y a las familias de menores recursos.

Cuentas fiscales

Hasta ahora los tres pagos del IFE demandaron recursos a las arcas públicas por $ 270.000 millones. A diferencia de otros países que recurren al endeudamiento para cubrir las ayudas en medio de la pandemia, Argentina tiene el acceso a los mercados cerrados. Con la recaudación hundiéndose por la cuarentena, la única alternativa es acudir al aporte del Banco Central, ya sea con mayor emisión o con transferencias al Tesoro. Así se prevé que el déficit público de este año supere los 7 puntos del PBI. Por eso no es un tema menor evaluar cómo evoluciona el agujero fiscal para resolver si hay margen en las arcas públicas para “bancar” una nueva ronda del IFE.​

Empleo

Los datos del primer trimestre, con solo diez días de pandemia, ​muestran que hubo una caída interanual de 152.000 empleos de asalariados formales (-1,5%), un aumento de 93.000 asalariados informales (“en negro”) (+ 1,3%) y 237.000 puestos de trabajados por cuenta propia ( + 4,5%), en su mayoría informales, de pocas horas o “changas”. Para el segundo trimestre, ya con la cuarentena a pleno, la pérdida de empleo se potenció, especialmente entre los informales. Las estimaciones para este año indican que el desempleo saltará del 10% al 14%. Desde el ministerio de Desarrollo Social manejan un plan con el que buscan crear 300.000 puestos de trabajo de aquí a fin de año en proyectos sociales y comunitarios. Pero desde los despachos oficiales saben que si el empleo no repunta, la tensión social crece. Por eso cada semana siguen de cerca las aperturas de nuevos sectores para definir si hay colchón para cerrar el grifo del IFE y pasar a una política social más restrictiva.

​Demanda social

Las consultoras estiman que en el segundo trimestre de este año la pobreza pegó un salto y, según los principales especialistas, como informó Clarín, al menos comprende al 45% de la población urbana (21 millones de personas) y entre los menores de 14 años ronda el 60%. Aunque aún no hay datos oficiales, desde el Gobierno ya cuentan con datos que les permiten ver parte de este avance: durante la pandemia la cantidad de gente que recibe asistencia alimentaria por parte del Estado subió de 8 millones a 11 millones. En este contexto será complejo poner freno al avance de la pobreza. Por eso el IFE funciona como un amortiguador de la pérdida de ingresos.

Consumo

El impacto del IFE en el consumo es otro elemento clave que se está analizando. Desde la óptica del Gobierno el consumo será el motor de la recuperación económica. Pero el golpe que significó la pandemia será difícil de revertir. Según datos de CAME, las ventas minoristas de julio cayeron en todo el país 27,7% contra el mismo mes del año anterior. En el AMBA el derrumbe fue peor: con una cuarentena más estricta, la pérdida fue del 36,3%. Por eso cuando el presidente Alberto Fernández amagó en junio con recortar la tercera tanda del IFE y dejar a las provincias con cuarentenas más flexibles afuera, los gobernadores protestaron. El temor al deterioro social y al derrumbe de las ventas minoristas fue más fuerte y así Alberto decidió mantener el status quo del IFE. ¿Pasará lo mismo esta vez? (Clarín)

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