El banderazo del 17A, entre las tres protestas más grandes contra un gobierno en el mundo en los últimos días

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Importante movilización en Río Gallegos por el #17A - Foto: OPI Santa Cruz/Francisco Muñoz

Miles de personas ganaron las calles en el centro porteño, pero también en los grandes centros urbanos y ciudades y pueblos del interior.

Por: Natasha Niebieskikwiat

Si la masiva protesta contra Alberto Fernández de este lunes se observara  desde una óptica menos doméstica y más global puede señalarse que forma parte de las tres grandes manifestaciones antigubernamentales que se registraron en el mundo en los últimos días.

Las que tumbaron al gobierno del Líbano hace una semana tras la trágica explosión en el puerto de Beirut, en la que murieron más de 170 personas. Las que le hicieron al dictador bielorruso Aleksandr Lukashenko este domingo. En el caso argentino, fue la más grande que le hicieron a la administración de Alberto Fernández a sólo ocho meses de haber asumido.

Este lunes 17, feriado, aniversario de la muerte del General San Martín, miles y miles de manifestantes, en auto, camionetas, en bicicleta y a pie, protestaron en la ciudad de Buenos Aires, y en otras capitales como Córdoba, Rosario, Mendoza, Tucumán, Neuquén y Río Gallegos, la cuna del kirchnerismo. La mayor concentración se dio en el Obelisco porteño, con la consigna de rechazar la reforma judicial que busca imponer el Gobierno, aunque al final la gente, sin ningún miedo, protestó por todo.

Se expresaban así contra lo que llamaron ante esta cronista “un plan de impunidad” para las causas de corrupción que enfrenta Cristina Kirchner. Se manifestaron contra la de corrupción; contra la falta de funcionamiento de las instituciones mientras el Gobierno redobla el encierro bajo la excusa de la pandemia; contra la inseguridad, contra el crecimiento de la pobreza, la crisis económica. Muchos dijeron no querían ver el país convertido en Venezuela. Y por lo general imperó un fuerte entusiasmo por manifestarse ante el hartazgo de 150 días de cuarentena.

Se movilizaron de manera pacífica. Sin incidentes. A la mayoría se la vio con tapabocas y máscaras protectoras. Con sus cuidados, desoyeron los intentos oficialistas de frenarla bajo el supuesto riesgo sanitario.

Quien sufrió un fuerte escrache fue la vicepresidenta Cristina Kirchner, frente al edificio donde tiene su departamento. En Juncal y Uruguay, en Recoleta. Decenas de personas enfundadas en banderas, gorros y todo tipo de simbología patria, le gritaban hacia “¡Chorra!”, “¡Cristina, ladrona el pueblo no perdona!”. Una vecina del mismo edificio colgó una gran bandera por la república en gesto claro contra la ex mandataria.

Hubo manifestaciones en distintos barrios porteños, como Caballito, Belgrano. En provincia, frente a la residencia de Olivos, una caravanas de autos tocando bocinas y flameando sus banderas. El domingo la residencia fue blindada con policías, en claro temor por parte del Gobierno. También hubo protestas en el conurbano bonaerense, en La Matanza, y en ciudades como Mar del Plata.

La protesta había sido convocada a través del hashtag #17ASalimosTodos en los días en que Fernández presentó su proyecto de reforma judicial que, podría desembocar en un aumento de la cantidad de jueces de la Corte Suprema, en medio de un “estudio” de la misma donde trabajas figuras controvertidas como el abogado de la vicepresidente en causas de corrupción, Carlos Beraldi. Uno de las figuras más notorias fue el actor Luis Brandoni, que marchó junto a su novia y al ex secretario de Medios, Hernán Lombardi. Iban tomados de unos “flota flota” de piscina, enlazados unos con otros, para mostrar que guardaban la distancia social.

También estuvo la ex ministra de Seguridad Patricia Bullrich, hoy presidenta del PRO, que llegó dentro de un auto y a quien los policías le rendían un curioso respeto, entre afectuoso y marcial. “Señor Presidente, mire y comprenda que hay un pueblo reclamando”, dijo. Bullrich se diferenció del jefe de Gobierno de la Ciudad, Horacio Rodríguez Larreta, quien remarcó, como algunos de sus funcionarios que no iba a participar.

En junio, el Gobierno también fue sorprendido por otro banderazo, contra el por ahora abortado proyecto de expropiar la cerealera Vicentín. Pero el de este lunes fue más grande. Desde el Gobierno, tanto el Presidente, como algunos ministros y dirigentes afines, intentaron frenarla sin éxito apelando al miedo definiéndola como “la marcha del contagio”.

Y el Presidente Fernández , que este lunes participó de un acto por el aniversario de la muerte de San Martín, llamó a la unidad de los argentinos pero habló de “la necedad de los otros”. Para el ministro de Salud, Ginés González García, esta marcha era “una irresponsabilidad”, una “burla sobre todas las medida que estamos intentando con esfuerzo todos los argentinos”. El ministro de Defensa, Agustín Rossi, habló de “un atentado contra la salud de los argentinos” .

La 9 de Julio fue un mar de autos, banderas, y barbijos de lo más creativos. La protesta terminó siendo una muestra de rechazo completo y apartidario a la gestión, por parte de familias enteras, de jóvenes, adultos y niños sin políticos a la cabeza.

Largas filas de automóviles se movilizaron hasta el centro porteño donde los autos formaban olas con sus bocinazos y canciones patria a todo volumen, de donde salían el Himno nacional, y otras canciones patrias, a lo que la gente cantaba sin tapujos, “se va acabar, se va acabar la dictadura de los K”. Y había numerosos carteles que apelaban a ese texto de un grupo de intelectuales que acuñó el término de “infectadura”.

Un cartel inmenso recordaba una frase de Alberto Fernández durante su asunción. Esta decía así: “Si alguna vez sienten que me desvío, salgan a la calle a decírmelo”. (Clarín)

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