martes, diciembre 1, 2020
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DE PAYASOS Y MERODEADORES

Sergio Berni insiste con la polémica por los presos políticos: “Somos militantes y tenemos la obligación de mostrar nuestra postura”

(Por: Rubén Lasagno) – La crisis policial en provincia de Buenos Aires desnudó varias falsedades de quienes están en el poder, revalorizó la mentira permanente del relato K, puso en la mesa de arena política la estrategia de la traición y el enfrentamiento permanente del cual hace gala el gobierno y desenmascaró a cobardes que en tiempos de paz y bonanza, hacen alarde de capacidades que no tienen y dan cuenta “de los huevos que les faltan”, cuando se trata de ponerle la cara a las contingencias.

El Super Berni, demostró ser un chanta político más, un cliché, un arlequín vestido de Rambo, vacío de contenido y solo sostenido por una impronta desafiante y periodistas estúpidos que lo llevan a la TV a dar cátedra de lo que no sabe ni tiene idea: la seguridad. Un poco más arriba, el gobernador Axel Kiscillof, alguien absolutamente abstraído de la realidad social y política, un ensayista del ridículo cada vez que habla pretendiendo hacerse cargo de ser parte del gobierno de científicos, se escondió bajo la mesa (junto a Berni), durante el tiempo que duró la manifestación de los policías en todos los rincones de su provincia.

Y cuando la cuerda se tensó al máximo, porque los agentes del orden no pueden vivir con 30 mil pesos y 40 pesos por cada hora extra que le exigen hacer en medio de una pandemia que no da tregua, el que resolvió el problema fue el propio Presidente de la Nación, que acorde a la veta traidora y venal que usa el kirchenrismo más puro, llamó a los intendentes de la oposición para lograr un respaldo a un anuncio que no les blanquearon previamente y cuando los tenía sentaditos detrás suyo, anunció que iban a resolver el problema sacándole coparticipación a la Ciudad de Buenos Aires para dárselo a Kiscillof. Es decir, traición por dos: a los intendentes que los llevaron engañados y al Jefe de la Ciudad que no le avisaron del manotazo de 35 mil millones que le iban a pegar a su presupuesto.

Como payasos de este gran circo que han construido, Berni, los Fernández y Kiscillof jugaron al teléfono descompuesto y sin coordinación, sin plan y mucho menos valentía para hacerse cargo de las consecuencias que plantaron sus horribles políticas salariales y presupuestarias, el presidente decidió sacarle al gobierno de la Ciudad, al cual (para justificar el manotazo) la pusieron bajo el estigma de la nivelación hacia abajo, sosteniendo que es importante distribuir de quien más tiene, a los que menos tienen (¿?).

Incoherentes y salvajes administrativos todo tiempo; así son. El kirchnerismo reinterpreta las leyes como reinterpreta la historia, siempre poniéndole el dato disruptivo, el condimento del conflicto y la falta de mínimo tacto político y humano. Son el escorpión sobre el lomo del sapo que lo ayuda a cruzar el río. En la mejor fábula que describe a estos cerebros ordinarios de la política nacional. 

Sin embargo, lo que evidenció la crisis con la policía es que Sergio Berni es guapo en tiempos de paz, pero huye de los conflictos y en éste, particularmente, que era de su directa responsabilidad, se borró durante los tres días que su personal pedía a gritos que fuera a hablar con ellos. Era su obligación pararse allí, escuchar a sus subordinados y mediar con el gobernador. Su rol era el de ser en canal oficial del reclamo y constituirse en el muro de contención para que no se produjera una escalada de violencia. El hombre del spot holywdense donde trata de aparecer como un Rambo del subdesarrollo, capituló ante el primer conflicto directo que sufrió su gestión. Eso si, aplacado el conflicto, silenciado los gritos y retirado los efectivos de la calle, Sergio Berni reapareció en televisión y con su mejor cara de piedra diciendo que “logramos contener un problema que ellos (efectivos) veían venía generándose desde hace mucho tiempo, debido al desastre dejado  por Vidal”. Y éste quiere ser candidato

Lo que gracias a Dios no ocurrió, fue por la intervención directa del presidente, que tampoco hizo ningún acto heroico, sino decidió salomónicamente que el aumento a la policía lo paguen los habitantes de Capital Federal, pero está claro que el conflicto fue en la provincia de Buenos Aires donde Axel lleva el mote de “Gobernador” y Berni el de “Secretario de Seguridad”. Y digo “mote” no cargo, porque cuando alguien asume un cargo,  enfrenta las consecuencias que de él se derivan y se hacen responsables. Nada de eso ocurrió acá.

Escupiendo al cielo

Como es notorio, el ataque del kirchnerismo a la Ciudad de Buenos Aires, proviene de una bronca contenida desde hace decenas de años y el posicionamiento irreductible del kirchnerismo en contra la meritocracia. Nunca pudieron tener el control de esa parte del país que es “la joya de la abuela” entre las provincias argentinas y siempre les fue negado desde lo electoral.

Increíblemente el diputado sin estudio ni experiencia laboral, Máximo Kirchner, siguió el relato de su madre en destacar los helechos iluminados de ciudad de Buenos Aires, su madre se había encargado de resaltarlo en esos acting de mala actriz que suele encarnar y el inefable Alberto Fernández le puso el calificativo de “opulencia”, a la vida de los habitantes de la capital federal.

Pretendiendo entregar una postal “distribucionista” de la riqueza (menos la de ellos que son sospechosa e  inmensamente ricos), abrieron fuego contra quienes viven en la “opulencia” y se olvidaron que ellos mismos viven allí. Por ejemplo. Cristina Fernández tiene dos o tres departamentos de Juncal, Libertador y Puerto Madero; el presidente vive desde hace años en la parte más cara de la ciudad y el diputado que nació en Santa Cruz pero fue por Buenos Aires, no vive precisamente en la Villa 31.

Pero hay otra cuestión que tampoco visualizaron. Con el ánimo de echar leña al fuego, hicieron comparaciones entre la pobreza del conurbano bonaerense y su contrastación con la ciudad. Ese espíritu robinhoodista donde el mensaje es establecer comparaciones para reinvindicar el espíritu de acaparamiento de riquezas de un sector de la población, en contra de la otra, tuvo el climax del ridículo cuando, precisamente, por esta acción típica de la “envidia política” de estos sectores radicalizados, se mojaron con su propia saliva y dejaron al descubierto una verdad insoslayable, planteado como un silogismo.

Si la ciudad de Buenos Aires es “opulenta” y el conurbano es pobre y la ciudad de Buenos Aires nunca fue gobernada por el peronismo/kirchnerismo y la provincia de Buenos Aires nunca fue gobernada por otro color político, excepto los  cuatro años de Vidal, se obtiene como síntesis que el lugar donde gobierna el peronismo/kirchnerismo los últimos 30 años ha sido mala, defectuosa, administrativamente ineficiente y más corrupta que quienes gobernaron hasta hoy la ciudad capital del país, hoy producto de la envidia del propio presidente.

Sin duda en la percepción K no tuvo peso este elemento básico de jugar con estas teorías aniñadas de pensar que ganar es robar, que la pobreza dignifica y la riqueza envilece y que todo aquel que se opone y habla mal de estas atrocidades planificadas desde el populismo ordinario de los Fernández, casi como un remedo de la republiqueta chavista, es destituyente.

La crisis policial desnudó la cobardía de los que se muestran valientes ante los micrófonos y la costumbre evasiva de borrarse cuando hay problemas, como lo hacía Néstor y Cristina cada vez que arreciaban los tsunamis de crisis, ante lo cual se venían a resguardar en El Calafate, en vez de dar la cara y hacerse cargo. Tal es el nivel de cobardía discursiva del Secretario de Seguridad de provincia de Buenos Aires, que después de hacer alarde sobre la caricatura que representan los DDHH en manos de Hebbe de Bonaffini y Pérez Ezquivel, Berni tuvo que salir a pedir perdón. Ni autonomía para hablar tiene y pretende erigirse en “diferente”, cuando claramente es más de lo mismo.

Concluyendo: esta crisis nacional generada por la pandemia nos mostró la cara oculta de un gobierno débil, autoritario, ineficaz, que vive de un relato de vuelo corto y contrastación rápida. 

Son abusadores y autoritarios pero cobardes incorregibles. Por eso Sergio Berni y Axel Kiscillof no dieron la cara en un conflicto que les comprendía, que los incluía, los interpelaba y los comprometía. Sería bueno que propios y extraños tengan en cuenta esta falta de cintura política y de responsabilidad y valentía personal, cuando algunos de estos cobardes, aparezcan en futuros spots vendiéndose como superhéroes o al menos como extravagantes candidatos a algo, pero resulten simples cáscaras vacías, burdos merodeadores de la política, que, como aquel Fernando de La Rúa que construyeron desde los medios para vendernos un cambio, resultó un fiasco. (Agencia OPI Santa Cruz)

5 Comentarios

  1. Los “cagones” hicieron carne propia el relato del tuerto. Solo los imbéciles pueden creerles a éstos BUFONES brabucones de opereta. Igual que Menéndez en las Malvinas se rindieron con la botas bien lustradas.
    Con el amparo del occiso; esta rata solía amenazar “Ojo, que te hago desaparecer”.

  2. no paga ninguna deuda y todos hablan bien de el cuando dice que habia infiltrados en paro de la policia lo dice con fundamento el fue lo mismo en el conflicto de ycrt del 94 pero ahora todo cambio muy mala suerte tenemos macri fue de terror y ahora no veo la diferencia

  3. Si alguien la Provincia de Bs,As esperaba que un tilingo y lacayo de cristina gobernaria se equivocan ese pibe le regalas un calesita en tan incapas que la choca,y el planten de ineptos que forman su gabinete tambien se lo puso su jefa,a eso agreguenle los amigos de este eunuco mental que dicen ser asesores

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