Coronavirus: Argentina llegó a los 30.000 muertos, cuáles son las proyecciones que maneja el Gobierno

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Según publica Clarín Con la tasa de mortalidad por habitante alta en varias provincias y la temporada de verano por delante, en Salud sacan cuentas con un promedio diario de 250 fallecidos para los próximos tres meses.

Por: Adriana Santagati

A casi ocho meses del inicio de la pandemia, Argentina llegó a la cifra de 30.000 fallecidos por coronavirus. Con ese indicador en ascenso, nuestro país está hoy en el puesto 13 del mundo en muertos por millón de habitantes.

En el Gobierno conceden que es un número alto y señalan que Argentina se estabilizará en el ranking por el rebrote europeo, que volverá a alterar las posiciones tanto en casos como en número de fallecidos. Remarcan también que hay varios países de la América Latina que están por encima nuestro y apuntan a un subregistro que, creen existe en la región para explicar algunos números de otros estados que, estiman, son en realidad más altos.

Pero más allá de la foto global, la que se mira con preocupación es fronteras adentro. No sólo a las provincias más pobladas que lógicamente están empujando la curva en esta etapa de nacionalización de la pandemia, sino a otras que, pese a tener una densidad poblacional muchísimo más baja, encabezan ese mismo ranking, el de mortalidad por habitantes, en Argentina. Así, Córdoba y Santa Fe están aumentando la cuenta global, pero Tierra del Fuego, Neuquén y Tucumán son las que tienen más fallecimientos por cada 100.000 habitantes.

¿Cuáles son las causas? En el ministerio que dirige Ginés González García insisten que el tiempo que se ganó con la cuarentena anticipada y la inversión de 45.000 millones de pesos –la más alta en Salud en democracia, remarcan– para reforzar el sistema sanitario se evitó una cifra de muertos que podría ser mayor. Pero reconocen que estos siete meses no alcanzaron para componer la fragilidad estructural tanto en servicios hospitalarios como en recursos humanos de algunas provincias, y que eso es lo que están mostrando estos indicadores. Que estos números de mortalidad reflejan la debilidad de esos sistemas de salud.

La otra razón hay que buscarla en la circulación y la responsabilidad individual que diseminaron por todo el territorio los contagios que en el inicio de la pandemia estaban focalizados en el AMBA. Y ahí es donde desde Salud hacen su principal autocrítica de la gestión de la pandemia: que deberían haber sido más estrictos para restringir con las autoridades locales la circulación en ciertos lugares del Interior en julio, cuando el “bicho” se empezó a meter en las provincias.

Los primeros 15.000 fallecidos se habían registrado el 25 de septiembre, más de seis meses después del primer caso de Covid positivo. Ese número se duplicó en sólo 33 días. Y esa aceleración se va a mantener porque el número de casos sigue siendo muy elevado: el último parte contabilizó 13.924. Ya sabe que hay un porcentaje de esos positivos que inexorablemente van a fallecer.

Sin resultados positivos con los distintos fármacos que se probaron en el ensayo Solidarity, sin resultados tampoco con los estudios clínicos del plasma, más que en un volantazo que pueda aportar el ensayo con suero equino –cuyas conclusiones están demoradas– y otros tratamientos experimentales, la apuesta es exclusivamente a la vacuna, con una campaña de vacunación agresiva para antes del arranque del otoño que permita cortar el círculo y evitar el “efecto rebrote” que hoy sufre Europa.

¿Cuántos casos y cuántos muertos más tendremos hasta entonces?

¿Cómo jugarán en el escenario del mediano plazo las mayores aperturas –léase por ejemplo vuelos– y la esperada temporada de verano? En cuanto a los positivos que acumulará Argentina cuando la pandemia termine o al menos se la logre dominar casi como a una gripe estacional gracias a la vacuna, los funcionarios opinan que arriesgar un número es futurología. Pero sí hacen cuentas sobre la mortalidad: toman un promedio de 250 fallecidos diarios (en los últimos siete días, ese promedio fue de 343) y lo multiplican por los próximos 90 días. Así, de acá a fin de enero se sumarían 22.500 muertos más a la estadística.

Las cifras, de todas maneras, se relativizan por las actitudes individuales, y es eso lo que más remarcan en esta etapa. Mantenerlas estabilizadas o con una tendencia a la baja cuando se van “largando” más jugadores a la cancha, lo que viene ocurriendo en el AMBA, es positivo, pero todavía los números son altos.

Creen que, por la experiencia de Europa, el verano no sería un motivo de preocupación –más tiempo al aire libre, menor posibilidad de contagio– siempre y cuando se cumplan las medidas preventivas. “El Estado no puede ponerle un policía a cada ciudadano”, grafica un funcionario de llegada directa a Ginés. Y vuelve a apelar a que la gente respete los protocolos para tender a aplacar la curva y que, así, bajen en consecuencia también los muertos. (Clarín)

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