Ajuste y deudas sociales, las claves en Cuba de una protesta que cambiará a la isla

0
100
Cuba experimenta las mayores movilizaciones contra el régimen en treinta años

Según publica Clarín Sin los Castro, con inflación y el desastre sanitario, los cubanos se suman a las movilizaciones contra la desigualdad que sacuden al resto de la región.

Por: Marcelo Cantelmi

Cuba experimenta las mayores movilizaciones contra el régimen en treinta años. No es una revolución dentro de la revolución. Es una protesta contra cómo funcionan las cosas, donde hay ajuste, desigualdad y una crisis social y económica que se ha profundizado.

Nada diferente a lo que se ha visto en Chile, Ecuador, Colombia Brasil o Bolivia, que Evo Morales maquilla como golpe. Son alzamientos populares contra la desigualdad, la impotencia o desdén de los Estados, en demanda del derecho a decidir donde no hay democracia o ampliar esos derechos donde la institucionalidad se ha deteriorado.

Pero en Cuba se agregaron otros elementos. El poder simbólico de los hermanos Castro ya no está. La anterior protesta con similares características, el “maleconazo” de 1994, se contuvo cuando apareció Fidel.

Esa impotencia quedo expuesta en el penoso discurso del presidente Miguel Díaz-Canel de este domingo llamando a una virtual guerra civil para contener un alzamiento que tiene una explicación nítida. El diario Granma tuvo al menos una leve cuota de sensatez al sostener que en esas protestas había gente partidaria del gobierno aunque “confundida”.

No hay confusión. La protesta de hace 30 años, en 1994 se produjo en medio de la crisis devoradora por la caída de la Unión Soviética y el “periodo especial” en el cual la isla, que perdió, sin haberlo previsto, a su padrino económico, llegó a colocar caballos con arneses a los autobuses por la carencia total de combustible. Esta vez el país padece otro amontonamiento de abismos económicos.

En enero se unificaron las dos monedas que regían en la isla, el peso y el CUC, el peso cubano convertible, que equivalía a un dólar o 24 pesos. La unificación se hizo para mejorar el clima de negocios y producir el principal objetivo de Raúl Castro, el ex presidente y ex secretario general del Partido Comunista, atraer inversiones de Estados Unidos.

La llegada de Joe Biden, quien participó del descongelamiento y apertura diplomática, comercial y económica que llevó adelante Barack Obama, lo persuadió de que era la oportunidad para avanzar. Lo que se perdía a nivel social se recuperaría con inversiones.

El gesto económico fue acompañado de otro político, Raúl renunció al principal sillón del PC, el cargo de real poder en la isla, se jubiló y se llevó con él a la mayoría de los halcones octogenarios del régimen contrarios a la apertura al estilo vietnamita que enamoraba al menor de los Castro. Pero no hubo ese giro positivo.

Los cambios dispararon un alza inflacionaria aplastante, y el dólar se fue a mucho más del doble de lo que preveía el gobierno. El ajuste salarial que se puso en marcha para amortiguar el impacto fue insuficiente.

Todos los precios subieron en cadena, el combustible, el gas, la electricidad en medio además del golpe de la pandemia que desnudó las limitaciones del sistema sanitario cubano. Y no vinieron las inversiones.

Biden no hizo nada para recuperar la relación con la isla que desintegró la gestión de Donald Trump. No lo hizo por una razón básica, no puede arriesgar el voto del estado de Florida en las legislativas de fines del año próximo. De ganar esos comicios y ampliar su base parlamentaria, es cuando posiblemente podamos ver con claridad la totalidad de la agenda del demócrata. En Florida hay un potente lobby cubano, con suficiente influencia, como demostró en noviembre pasado, dando la victoria a Trump.

El padecimiento de los cubanos se cifra en sus dificultades para abastecerse de los insumos básicos. Esa contradicción se refleja luego en la demanda de libertad de elegir y de votar. Pone en juego todo el sistema. Ahi nace la consigna Patria o Vida. El estado, además, ha impuesto nuevas restricciones a la venta de dólares, porque no puede mantener el precio de la divisa a 24 pesos como había prometido. Hoy cuesta más de 60, en números conservadores.

Esas medidas aumentaron las calamidades sociales. Porque los cubanos necesitan divisas para comprar productos esenciales en las llamada tiendas MLC (moneda libre convertible), una cadena que nació en 2019 con la intención de capturar los dólares en manos de la población.

Se suponía que solo entrarían en funcionamiento unos pocos comercios en esa moneda. “Pero la realidad ha sido que cada vez más establecimientos han comenzado a operar en MCL y se ha reducido a unas pocas tiendas la venta de otros productos esenciales para la población, lo que también ha dado lugar a esas inmensas colas que ya forman parte de las escenas urbanas en la isla”, señaló antes de estas protestas un articulo de Cuba Noticias 360.

El golpe del coronavirus agregó, a su vez, la ruina del principal motor de ingresos de inversiones en Cuba, el turismo. Esa circunstancia golpeó al Estado pero especialmente a la gente de esa naciente y precaria clase media que surgió con el deshielo y que había hecho inversiones para acomodar uno dos cuartos en sus casas o inventar pequeños restaurantes “paladares” para atender a los turista de ingresos medios, sobre todo estudiantes y jubilados de EE.UU.

Entre la peste y el bloqueo exasperante e incrementado por Trump, que Biden ha mantenido ahí, el quebranto de su economía y de su futuro, es lo que único que han visto los cubanos. Por eso se han multiplicado desde enero las protestas con el salto en magnitud de este domingo. Al gobierno de Diaz Canal le convendría reaccionar con prudencia. Estos movimientos producen profundas mutaciones y lo único sensato es acomodarse a ellas. (Clarín)

Dejar una respuesta

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí