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La invitación del kirchnerismo que el Presidente ve como una trampa, la traba para cerrar las listas del oficialismo

La exposición de Cristina Kirchner se centró durante varios minutos en la figura de Mauricio Macri - Foto: Telam

Según publica Clarín Cerca de Cristina dicen que las cabezas de la lista bonaerense deben ser de Alberto Fernández. En la Casa Rosada lo ven como un ardid para cambiarle el gabinete.

Por: Ignacio Miri

El sábado al mediodía, muy probablemente en la Quinta de Olivos aunque en conexión con alguna mesa adicional instalada en la Casa Rosada, el Frente de Todos terminará de definir su oferta electoral, que, ya se sabe, no ofrecerá nombres sorpresivos ni candidatos con la capacidad de llamar la atención de los votantes por sí solos.

Allí estarán el Presidente, Alberto Fernández, junto a su jefe de gabinete, Santiago Cafiero; el diputado Máximo Kirchner y el ministro del Interior, Eduardo Wado De Pedro -los dos como delegados de Cristina Kirchner- y el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa. Axel Kicillof -que será la cara de la campaña bonaerense junto con la vicepresidenta- podría estar allí también ese día, junto con el camporista Andrés Larroque, con varios cierres de listas en su currículum.

Para el Frente de Todos, el cierre será incluso más complicado que el de 2019. En principio, los dirigentes más conocidos de ese espacio están todos con agenda ocupada en las tareas del Gobierno. A eso se suma otra circunstancia: “Ninguno mide, ni de los nuestros ni de los de Alberto”, explica un dirigente del kirchnerismo más crítico al Presidente.

También sucede que hoy la gestión del Ejecutivo está con niveles de aceptación muy bajos si se los compara con el que suelen tener los gobiernos nuevos, con lo cual la campaña no será un recorrido fácil para los candidatos del oficialismo.

Por eso mismo es que hoy, los únicos que tienen ganas de integrar esas listas son los legisladores que terminan sus mandatos o quienes ocupan puestos menos llamativos que una banca de diputado.

Sin embargo, la traba más complicada es la que generó la propia jefatura del Frente. Desde hace varias semanas, el kirchnerismo sostiene que los dos primeros lugares de la lista de diputados nacionales en la provincia de Buenos Aires -las caras más visibles en una elección legislativa- deben ser designados por el Presidente. “En este momento tan delicado, sería fulminante que los medios y los inversores locales y extranjeros digan que la lista la armó Cristina y que Alberto quedó sin nada de poder”, explica uno de los dirigentes cercanos a la Vicepresidenta.

Sin embargo, en la Casa Rosada creen que, más que una invitación, esa propuesta es una trampa. “Lo que quieren hacer ellos es desarmarle el equipo al Presidente para poner ministros de ellos”, advierte un funcionario que ve varias veces por día a Fernández.

Así quedó armada la encerrona: si las cabezas de la lista son de Cristina, quedará servida la lectura para pensar que la que manda es la vicepresidenta, y si son funcionarios de confianza de Alberto, el Gobierno ya se encargó de adelantar que no es lo que el Presidente quiere.

Varios de esos postulantes recorrieron en los últimos días un camino prefijado con una estación obligatoria: el Senado de la Nación. Allí, en su escritorio de la presidencia de la cámara -una elegante sala con las paredes forradas con roble oscuro- y sentada en el sillón blanco frente a su mesa de trabajo, Cristina Kirchner los recibe para hacer lo que suele hacer en tiempos de campaña examinar a los candidatos.

La vicepresidenta suele estar armada con una pila de fotocopias, papeles con anotaciones, carpetas con recortes de diarios y planillas con los números de la economía -la recaudación impositiva de ese día, las proyecciones en el mercado, los giros a las provincias, el nivel de ejecución presupuestaria de cada ministerio- marcadores negros y resaltadores de colores como los que muestra en sus declaraciones judiciales televisadas. Dedica dos o tres horas a hablar con ellos y, más que nada, a hacerles preguntas sobre los datos que tiene en las carpetas y testear las posibles respuestas que darán en la campaña, si es que finalmente pasan por su filtro.

Ya se sometieron varios políticos del Frente de Todos a ese interrogatorio. Por allí pasaron el ex radical Leandro Santoro, que se encamina a encabezar la lista porteña del oficialismo nacional; la platense Victoria Tolosa Paz -que carga con el karma de la derrota en la interna del peronismo local y por eso es resistida por los intendentes- y la economista y diputada Fernanda Vallejos, que no zafó de la prueba a pesar de que acompañó a Cristina en la boleta en 2017. Alguno de ellos ya tiene la bolilla negra. Hubo otros visitantes, y varios también estuvieron en la Quinta de Olivos con el Presidente, bajo un cuestionario más amable y más parecido a una conversación.

Cristina no sólo mantiene en la morsa a los postulantes. También mira a los ministros del Gabinete. Ya hizo público el monitoreo que hace sobre las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional que lleva adelante Martín Guzmán y dejó bien claro que no quiere un acuerdo como el que propone el ministro de Economía. También dejó que dirigentes de su espacio esparcieran su descontento con los ministros como Matías Kulfas, Felipe Solá o Nicolás Trotta, y ahora también la vicepresidenta se queja del trabajo de la ministra de Ministra de las Mujeres, Géneros y Diversidad, Elizabeth Gómez Alcorta. (Clarín)

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