UNA CLASE POLÍTICA DE MIERDA QUE NOS LLEVA AL NIHILISMO Y EL ABANDONO DE LA ESPERANZA

Elecciones en Santa Cruz - Foto: OPI Santa Cruz/Francisco Muñoz

(Por: Rubén Lasagno) – Personalmente, como sujeto que he visto la transformación del país y el paso de las dictaduras a la democracia y viví aquel momento de transición institucional de la Argentina y las sucesivas convulsiones sociales y políticas que nos fueron llevando por la montaña rusa de nuestra realidad cotidiana y a 38 años de la recuperación de esa democracia, debo decir que me siento decepcionado porque aún como sociedad no hemos alcanzado el nivel de maduración y comprensión de lo que implica tener una Nación, un Estado soberano y un territorio tan rico y promisorio que de norte a sur y de este a oeste, tiene todo, menos ganas.

Nuestro ser social es como es y posiblemente nos lleve generaciones ajustar cambios fundamentales que nos permita ser mejores. Son tiempos que no veremos quienes hemos sido los padres de esta derrota cultural, política y social que sufrimos en la actualidad, donde padecemos de una gran falta de representación e identidad y solo quienes hoy son niños, quizás sean los verdaderos cultores de ese cambio necesario, no lo se, pero la esperanza, hoy es más una vocación de deseo, que una expectación.

No son extraterrestres

Hemos visto en estos último 20 o 25 años, como ha involucionado el sector político nacional que es un producto genuino de nosotros mismos, no son seres del planeta Marte ni extranjeros planteando y plantando vicios extraños en una comunidad de ingenuos, incautos e inocentes ciudadanos de este país de confin.

Si vemos en perspectiva lo que nos ha pasado y lo que nos pasa, cuesta explicar el retroceso social y político que padecemos, pero al reconocernos como constructores de esa realidad, debemos asumir la culpa de que todo ese proceso es genuinamente nuestro, inmanente a los argentinos quienes somos víctimas y victimarios, componiendo el cuadro perfecto y prototípico del maniqueísmo clásico.

El chauvinismo que nos caracteriza, nos ha mellado la autocrítica hasta el punto de hacerla desaparecer. Si repasamos la historia política más reciente, nos debatimos entre políticos inútiles, chorros y mentirosos, que arrastraron a varias generaciones a concebir un país como el de hoy: vacío institucionalmente, empobrecido, fuera del mundo, injusto, endeudado por muchas generaciones, maltratado internacionalmente, marginal y con futuro incierto.

Y no es casualidad, es la suma de todos los errores que como sociedad hemos cometido y seguimos cometiendo, cada vez que por ignorancia o complicidad, dejamos que la decisión de nuestro futuro, la tomen los peores, los abyectos, oportunistas vende humo a quienes nadie les exige nada y cuando muestran sus miserias, no sufren castigo alguno, al contrario, vuelven y son re electos para que terminen su obra de saqueo patrimonial e institucional en un país quebrado, tanto en lo económico como en lo moral.

La actitud endogámica de la sociedad argentina arroja resultados nefastos en su evolución y nuestra clase política es resultado directo de ese fenómeno que generan sujetos individualistas, oportunistas, camaleónicos, sin convicciones propias, para nada solidarios, cultores del hedonismo y marginales de la moral. Ellos están ahí y la sociedad, sin filtros ni exigencia de méritos, les da “carta blanca” para “representarla”. Y después nos quejamos.

El descreimiento, el gran peligro

Y esto que me pasa hoy en lo personal y le ocurre a mucha gente harta de estar harta, es muy peligroso para la argentina, porque condena a este gran país a quedar en manos de los peores y traza un destino incierto donde la idea de grandeza es abandonada y el vasto territorio corre el riesgo de transformase en una republiqueta del tipo venezolana, donde los límites están tan corridos que pareciera, a nadie le interesa buscar una salida; ni a los propios venezolanos, quienes no hacen nada por sacudirse el yugo.

Estamos generando nihilistas, descreídos de todo, apáticos, indiferentes y muertos sociales. La deserción de los votantes que no superan el 60% del padrón, es elocuente. Significa que la gente cada vez cree menos, le importa poco y no cree que su voto vaya a cambiar el estatus quo. Si no reaccionamos en conjunto, no solo podremos perder la República, sino la identidad social, cultural y política. Es un proceso que debemos revertir inmediatamente y el primer gran cambio está en las urnas, pero antes de llegar a ellas, debemos fustigar fuertemente a los candidatos que se proponen y si no quieren “ficha limpia”, elaborar las nuestras, difundirlas y exponerlos públicamente por lo que hicieron (o no hicieron) y por lo que son, pero lo más importante es ir a votar con las ideas claras.

Recordemos al escritor y político Irlandés Edmund Burke, que opinando reflexivamente sobre la Revolución Francesa dijo “Para que el mal triunfe, solo se necesita que los hombres buenos no hagan nada“. Y es esto lo que nos está pasando. Los buenos muestran apatía y los malos avanzan con su proyecto criminal.

Bajos instintos

La baja calidad política provincial y nacional es evidente. Y esto cabe para el oficialismo y la oposición. Preocupados por una internita egoísta en manos de indolentes y cultores del personalismo, el Radicalismo desune y multiplica los panes dentro de una coalición que le pasa facturas a Mauricio Macri, porque cuando fue gobierno no les dio el lugar que reclamaban. 

A nivel nacional, qué vamos a decir de novedoso, que no veamos a diario; las incoherencias, las mentiras, las contradicciones, la falta de gestión, de plan y de rumbo, es todo un fresco que resume en pocas palabras el hecho doloso que lleva adelante una banda de forajidos con 120 mil muertos en sus espaldas, el robo de las vacunas en plena pandemia, la vulneración de los propios DNU que firman en Olivos, sumado al mayor índice de pobreza histórico, la nacionalizacón de planes a costa del sobregiro, el mayor desempleo, la economía orillando la hiper, un endeudamiento atroz con el FMI y un rumbo por demás errático, donde los demás países dejan a la Argentina de lado, porque no es un estado confiable.

Y mientras en Buenos Aires el gobierno y sus adláteres llenan plazas pagas, acarrean gente a costos incalculables, levantan escenarios increíbles y hacen una fiesta que le cuesta a los argentinos más de 70 millones de pesos, solo para alimentar el ego de la vicepresidente, el bolsillo de los artistas militantes y recrear el poder deshilachado del FPV a fin de darse impulso en los dos años que les queda, en la ciudad de Río Gallegos el mismo perfil populista encarnado en personajes conocidos como Pablo Grasso o el nuevo diputado del oficialismo colaborador, Claudio Vidal, hacen el escenario más grande de américa, levantan el mástil más alto del país, arman el árbol de navidad más grande de la Argentina y fabrican el Papá Noel más alto, sin reparar en gastos porque la plata no es lo que importa, lo interesante es el espejo, decirle al otro quien la tiene más larga, mostrar que la ostentación es parte indivisible de la gente con problemas psicológicos serios, con aspectos personales nunca resueltos quienes sufren el denominado complejo de Eróstrato, con el cual la psicología define a la persona de baja autoestima, pero con un deseo de aparentar y ser reconocido popularmente, tan magnificado, que es capaz de hacer cualquier cosa por alcanzarlo.

Si sumamos todos los términos, tenemos un cuadro surrealista de personajes sin valores ni prioridades, que están en el poder y desde allí se proyectan a niveles superiores del poder gracias a ese engaño populista que les hace comer el sapo al votante irracional, crédulo o estúpido; al militante no lo incluyo porque ese siempre votar cualquier cosa que le ordenen.

Si no son todos iguales, que alguien levante la mano

Los valores de la clase política están ausentes, por el sencillo hecho de que son impunes. No hay castigo social ni judicial y cimientan el “permitido” que se toman para, una vez logrado el objetivo del voto, borrarse definitivamente hasta la próxima campaña. Y salvo honrosas excepciones, todos caen en el mismo modelito bien expresado en el manual del demagogo político. 

Si empezamos por la oposición ya que del oficialismo a nadie le queda duda lo que son, nadie ve a Roxana Reyes (UCR/JxC), por ejemplo, seguir de recorrida en la provincia, como lo hizo intensamente en campaña y tomar los temas sociales para exponerlos, hacer denuncias y encabezar reclamos. Ganó y desapareció de la agenda pública. Su objetivo fue cumplido: renovó su banca. Su coequiper, el senador Eduardo Costa (UCR/JxC) hace dos años que nadie sabe de él, solo apareció en un flash el día que hicieron el acto de triunfo el 14 de noviembre. Pero seguramente aparecerá públicamente en la campaña a la gobernación del 2023, tal vez tratando de renovar en el senado y vaya a saber qué mas. Reyes sigue cuatro años más, aunque ella sabe que en el 2022 ya empieza a trabajar para la gobernación.

Claudio Vidal (SER/FPV), prácticamente un padre del barrio San Benito en Río Gallegos, ganó y sus columnas de camionetas, máquinas y camiones embanderados, desaparecieron del barrio. Hasta la próxima. Lo que hizo rápidamente, ni bien tuvo asegurado el triunfo, fue correr al lado de los Moyano, la lacra sindical más abyecta de la Argentina. Ya se olvidó de “la gente” y empieza su derrotero propio, donde el límite lo pone él mismo, porque la gente lo ayudó a subir y ahora tiene locomoción propia.

Gustavo González (FPV), sin ponerse colorado, incumplió la fecha de jura en el Congreso, porque de hacerlo antes del 10 o el mismo 10 de diciembre, no cumplía los dos años como intendente y debía llamar a elecciones. Salteó la fecha, le importó un rábano la institucionalidad, el juramento y la Constitución Nacional. Solo le importa y le importó sostenerse en el poder en tantos lugares pueda y si fuera posible ocupar otros puestos, aunque para ello deba desdoblarse o bien, como en este caso, ser prácticamente un testimonial.

Y la supuesta “renovación” política que impulsó el extrovertido Millei, un “libertario” muy rápido en los discursos pero flojito en la institucionalidad, ya que cuando se presentó el presupuesto nacional, oportunidad única para aplicar las observaciones profesionales desde su punto de vista “lbertario”, faltó a la primera cita en el Congreso porque tenía mejores y más importantes cosas por hacer.

Pero nada se agota aquí. Solo menciono algunos de los últimos acontecimientos alrededor de personajes de cartón, vacíos, sin convicciones que pueblan (lamentablemente) el espectro político provincial y nacional donde la “meritocracia” no es una condición, sino más bien los lúmpenes y oportunista son quienes mejor oportunidad tienen o vagos consuetudinarios como el diputado Máximo Kirchner, a quien en un momento le cayó bien “representar” a Santa Cruz y cuando convino a su proyecto político, lo hizo por Buenos Aires, como sus padres y si el interés político cambia otra vez y vuelve a proponerse por nuestra provincia, sin duda lo van a seguir votando.

Ni hablar de su madre, que volvió al ruedo político puesta por Mauricio Macri y su prepotencia de CEOS y aduladores del espejo, permitiendo que tengamos este gobierno de científicos cuyo principal objetivo es limpiar la ficha, pero de los antecedentes penales de todos sus integrantes, empezando por la jefa de la banda.

Cuando la culpa no es del chancho…

Pero una vez más, esta clase política de mierda tiene un contexto social que admite y permite su desarrollo. El descreimiento social es el resultado inexorable de la repetición continua de errores, pero paradójicamente, quienes sufren sus implicancias y luchan por salir del pantano moral en que nos tienen sumergidos, son los mismos que los votan elección tras elección o no votan, permitiendo que vuelvan los malos.

¿Hay excepciones?, si claro, como en todo orden de la vida hay excepciones, solo hay que buscarlas y encontrarlas, es lo más difícil. El problema de los argentinos es que en nuestro país la regla es la falta de conciencia cívica que nos lleva a la irremediable reposición de los yerros continuos. Y si alguien alude a la condición humana y pretende emparejar el fenómeno argentino con lo que ocurre en otros países donde el modelo político se replica, la diferencia se hace evidente en la construcción fortalecida de aquellas democracias donde existen premios y castigos  y los delincuentes, inmorales y capciosos, reciben su condena, mientras en Argentina vuelven a ser candidatos e inclusive a gobernar y cometer los mismos pecados originales que oportunamente los sacó del juego.

Y la culpa no es de ellos; saben lo que hacen. La culpa es nuestra como sociedad, que no sabemos lo que hacemos. (Agencia OPI Santa Cruz)

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15 COMENTARIOS

  1. Hola! Comparto su sentir; los políticos a lo largo de los años se has ocupado en acomodar, la carta magna, las leyes y todo cuánto beneficio existiera, a su favor. Para safar de la justicia, porque parece q su único objetivo ha sido ocupar un cargo, enriquecer su patrimonio y perpetuarse en el poder. De la gente que lo voto ni se acuerdan, que prometieron… En vísperas de algún evento se matan arreglandolo todo, lavada de cara.
    Miley, de entrada demostró su falta de ética, y responsabilidad; un charlatán más.-

  2. Muy buena editorial, EXCELENTE, deduzco qué tenemos edades similares, creo que el gran drama de éste país es la gran falta de educación, eso se debe cuándo lamisma se sindicalizó, no tengo dudas. En cuánto al futuro………con un 40,50,60 % de niños pobres , desnutridos e ignorantes no soy optimista para nada. Lo siento mucho.

  3. Un articulo pavorosamente descriptivo de una realidad que nadie puede negar y acierta en la frase final…….quien es responsable la élite, la clase dirigente o la sociedad?

    Sin lugar a dudas la sociedad mayoritariamente.

  4. Excelente!!!!! Un acertado resumen de la tristísima realidad que vivimos en mi querida Argentina. Creo, como maestra jubilada, que todo comenzó con los sucesivos cambios del Sistema Educativo Nacional allá por 1946 y través de sucesivos gobiernos populistas, culminando con la derogación de la Ley 1420 por la nefasta Ley actual donde el docente pasa a ser el primer actor, ignorando los alumnos( y padres )que son los reales protagonistas ,que dan motivo para una ley de educación y poder cumplir en igualdad de oportunidades la obligatoriedad de educarse según lo establecido por Ley Nacional Educación, Educación…. y después Educación !!!!!!. ……………

  5. excelente editorial, todo es verdad pero me deja llena de tristeza y de incertidumbre, lo que me consuela que a estos jamás los vote, pero claro no e ganado nada con eso, solo tranquiliza mi conciencia.

  6. No hacía falta extenderse tanto, simplemente considero que hay una gran omisión (calculo que involuntaria) en el artículo y creo que es la punta del ovillo. En un país en el cual sus dirigentes políticos más “famosos” o “notables” están PATROCINADOS por quienes nos oprimen y espolean, absolutamente nada funcionará como corresponde. Difícilmente así, seremos un país soberanamente independiente, integralmente desarrollados y un pueblo emancipado. Buen fin y mejor comienzo del nuevo año.

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