Sin avances hacia un acuerdo y una retórica más dura, la negociación con el FMI ofrece más dudas que certezas

El presidente Alberto Fernández y la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva

Según publica La Nación Sin fecha aún para un nuevo encuentro entre el staff y Guzmán, la inquietud por el estado y los tiempos de la discusión cobró envergadura ante la cercanía de la fecha límite del 31 de marzo que fijó el Gobierno.

Por: Rafael Mathus Ruiz

Sin avances visibles hacia un acuerdo, la negociación entre la Argentina y el Fondo Monetario Internacional (FMI) arraigó la incertidumbre y las dudas cuando restan apenas semanas para cerrar un nuevo programa que permita refinanciar los vencimientos de la deuda y evitar un golpe a la economía.

A la falta de precisiones sobre el programa económico –que el Gobierno prometió presentar a principios de diciembre último y aún no lo ha hecho– se agregó un endurecimiento del mensaje oficial con una creciente presión en las últimas declaraciones del Presidente Alberto Fernández y el ministro de Economía, Martín Guzmán, en contra de un ajuste fiscal, una piedra angular ineludible de cualquier acuerdo con el Fondo. A ellos se sumó Joseph Stiglitz, mentor de Guzmán, quien publicó una columna en Project Syndicate en la cual dijo que el Gobierno había logrado “un milagro económico” y no debería aceptar un giro hacia la austeridad en medio de una pandemia.

Sin fecha aún para un nuevo encuentro entre el staff del FMI y Guzmán y su equipo –aunque el diálogo es fluido–, la inquietud por el estado y los tiempos de la negociación cobró envergadura ante la cercanía de la fecha límite del 31 de marzo que fijó el propio Guzmán para tener listo el nuevo programa, que antes debe transitar la burocracia del Fondo, ser aprobado por el Congreso y recibir el visto bueno del Directorio Ejecutivo del organismo, controlado por el G7, y donde la postura del gobierno de Joe Biden jugará un rol decisivo. En marzo, la Argentina debe pagarle al Fondo un vencimiento por casi 2900 millones de dólares para el que no hay reservas.

Lejos de despejar dudas, los últimos movimientos oficiales empañaron el panorama. Los bonos de la deuda cayeron tras la presentación de Guzmán la semana pasada, y la retórica oficial se endureció: Alberto Fernández dijo que el Fondo quiere “intenta imponernos un programa”. El FMI, que exige solidez fiscal para garantizar el repago de un préstamo, ha dicho que el plan debe ser del Gobierno y debe tener un amplio respaldo político y social.

“Guzmán apenas enunció objetivos, pero no mostró un programa económico que permitiera construir consensos para apuntalar las políticas necesarias para alcanzar esos objetivos. Y se trató de una reunión con ausencias muy notables. Si para algo sirvió la reunión, fue para mostrar debilidad”, dijo Héctor Torres, quien representó a la Argentina en el board del FMI.

Credibilidad devaluada

La falta de precisiones y avances deprimió expectativas que ya de por sí eran fantasmagóricas. La idea predominante en Estados Unidos es que la Argentina y el FMI terminarán cerrando un acuerdo “light” que permita patear los vencimientos de la deuda y obtener un poco de alivio, pero sin reformas que ayuden a terminar de encarrilar la economía. Cualquier acuerdo nacerá además con su credibilidad devaluada: se espera que las tensiones y las negociaciones se perpetúen en cada revisión trimestral del futuro programa, y hay quienes anticipan ya un incumplimiento de cualquier meta que firme el oficialismo.

“Hay claramente un problema de credibilidad sobre nuestra voluntad de usar el programa como una oportunidad para introducir reformas que permitan un crecimiento sustentable”, agregó Torres.

Joseph Stiglitz, premio Nobel de economía cercano al oficialismo y mentor de Guzmán, reforzó el mensaje oficial contra un ajuste con un artículo en Project Syndicate en el que dijo que el Fondo enfrentará consecuencias “graves” si recicla sus demandas de austeridad.

“Ante el desbarajuste que heredó el gobierno del presidente argentino Alberto Fernández a fines de 2019, parece haber logrado un milagro económico”, elogió Stiglitz. “Aunque todo el mundo ya debería saber que la austeridad es contraproducente, es posible que algunos estados miembros influyentes del FMI sigan presionando por ella”, agregó.

“La ironía es que los mismos países que siempre insisten en la necesidad de “confianza” podrían socavar la confianza en la recuperación de Argentina. ¿Estarán dispuestos a aceptar un programa que no implique austeridad? En un mundo que todavía lucha contra el Covid-19, ningún gobierno democrático puede ni debe aceptar tales condiciones”, afirmó el economista.

Más allá de los mensajes, en Estados Unidos prevalece la perspectiva de que ni el Fondo ni el Gobierno tienen margen para forzar sus preferencias el uno sobre el otro, y eventualmente las posiciones coincidirán en un acuerdo ante la perspectiva de un default –“arrears” o impago, en la jerga del organismo– que sería perjudicial para todos, aunque más aún para la Argentina. (La Nación)

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