Cristina denunció que la Justicia actúa como “fuerza de tareas” del Gobierno

Cristina denunció que la Justicia actúa como “fuerza de tareas” del Gobierno

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08:10 La ex presidenta dio su primera conferencia de prensa en seis años para responder a la citación por encubrimiento; dijo que es víctima de una persecución política y judicial

Por: Marcelo Silva de Sousa
La citación a indagatoria de Cristina Kirchner por encubrimiento en el atentado a la AMIA generó una rápida respuesta de la ex presidenta, que apeló a un libreto ya utilizado: denunció que es víctima de una persecución política y judicial con fines electorales.

En una conferencia de prensa, la primera que concedió después de más de seis años, embistió contra el juez federal Claudio Bonadio , “el más desprestigiado de toda la Argentina”, y acusó al presidente Mauricio Macri de estar detrás de una “maniobra de persecución política” en su contra. Después fue más dura aún, al señalar que “el Poder Judicial actúa como una fuerza de tareas del Ejecutivo”. Además, adelantó que recurrirá a las Naciones Unidas después de las elecciones.

Fue una rueda de prensa atípica en el Instituto Patria por la extensión de la exposición previa. Antes de desplegar una batería de cuestionamientos al juez federal y al Presidente, Cristina describió un cuadro de “pérdida de empleo”, “tarifazos” y “endeudamiento del país”. Después, aseguró que en los últimos meses comenzó a agravarse una situación de “deterioro de la calidad democrática”.

“No es descuido ni desidia, es consecuencia de una política de destrucción de algunas garantías básicas del Estado de Derecho, autorizada por el presidente Macri, que busca consolidar un poder político extraordinario, con una concentración de poder inédita”, denunció Cristina.

Luego de criticar al Gobierno por “haber lanzado una campaña para demonizar” a Santiago Maldonado , el joven artesano desaparecido en Chubut, Cristina se metió de lleno en su situación judicial. Dijo que el juez Bonadio “sirve a los intereses políticos” de Cambiemos.

“Ayer [por anteayer] se cruzaron todos los límites democráticos. Mi citación a indagatoria fue el primer acto de campaña del Gobierno. Nos llaman por un supuesto delito que no existió ni es judicializable”, disparó la candidata a senadora por Unidad Ciudadana.

La última rueda de prensa de Cristina había sido el 15 de agosto de 2011, cuando resultó ganadora de las elecciones nacionales primarias. Según confiaron en su entorno, dentro de la hoja de ruta para “reconciliarse con el periodismo” estaba previsto que hubiera una conferencia antes de estas elecciones. La citación a indagatoria aceleró los tiempos.

La ex presidenta dijo que Macri busca “someter a la democracia a un estado de shock con la intención de intimidar a candidatos de votantes de Unidad Ciudadana”. La escuchaban, cerca del atril, los principales candidatos que integran las listas de UC, entre ellos el presidente del PJ bonaerense, Fernando Espinoza; el ex canciller Jorge Taiana, y la economista Fernanda Vallejos.

“Es inaceptable este cronograma judicial en paralelo con el electoral. Hacemos responsable a Bonadio de servir a los intereses políticos de Macri”, agregó Cristina. Después, presentó un video en el que buscó despegarse del encubrimiento del atentado a la Amia y cuestionó duramente la trayectoria de Bonadio, a quien recordó como “juez de la servilleta” de Carlos Corach.

La candidata a senadora anticipó que después del 22 de octubre hará una presentación formal frente a las Naciones Unidas porque la citación a indagatoria “vulnera no sólo la Constitución, sino también las obligaciones como Estado miembro”.

El 26 de este mes, cuatro días después de las elecciones, Cristina deberá presentarse en Comodoro Py para declarar por presunto encubrimiento de Irán en la voladura de la Amia, como denunció el fiscal Alberto Nisman antes de morir. Por la misma causa también deberán declarar el ex canciller Héctor Timerman; Carlos Zannini, ex secretario legal y técnico, y el ex jefe de la AFI Oscar Parrilli, entre otros.

Después, sólo hubo lugar para siete preguntas, cuatro de medios locales y tres extranjeros. Cristina negó que se presente como candidata a senadora por los fueros: “Si hubiera querido alguna inmunidad, me hubiera presentado en 2015”. Y alertó sobre posibles irregularidades en el escrutinio del 22 de octubre.

En su momento más incómodo, Cristina evitó responder por qué había eximido de culpabilidad al gobierno kirchnerista del siniestro ferroviario de Once en la entrevista que le concedió a Chiche Gelblung. “La Justicia deberá determinar responsabilidades”, contestó, huidiza. Por último, en un intento de diferenciarse del Gobierno, la ex presidenta consideró que durante el kirchnerismo “no hubo manejo político de la Justicia” porque “Bonadio no fue una persona que simpatizara con nosotros, pero eso no fue motivo para que interviniera el Consejo de la Magistratura”. (La Nación)

1 Comentario

  1. La escena para la posible derrota (Clarín 11.10.17 x E van der Kooy)

    La ex presidenta va clausurando su campaña a los bandazos. Presa quizás de la confusión. O cierta desesperanza. ¿Que ha quedado de aquella mujer de aspecto sencillo y carácter dócil que en junio lanzó en el estadio de Arsenal el Frente de Unidad Ciudadana?.

    Sólo, en apariencia, su nombre y apellido.

    Cristina Fernández, con bastante antelación, comenzó a diseñar la escena sobre la cual piensa moverse la noche del domingo 22. El día de las elecciones legislativas. A juzgar por los bocetos en su rueda de prensa de ayer, en el Instituto Patria, la ex presidenta se estaría adiestrando ya para una derrota en Buenos Aires. Nadie que no piense en ese desenlace podría agitar, como lo hizo ella, el supuesto fantasma de un fraude. Una denuncia que contó con una infinita carga de retórica antes que de alguna precisión.

    El plan tendría fundamento pensando en el futuro de esa mujer. Cristina pretende instalar la deslegitimación de un resultado adverso. Sobre todo, para no sentirse a la intermperie, si aquello sucede, con demasiada rapidez. El cristinismo ha comenzado a advertir en las últimas semanas un ablandamiento de muchos de los intendentes del conurbano que les fueron fieles en agosto. Esos dirigentes acostumbran a tener –al margen de las encuestas- una noción bastante acabada de la temperatura social.

    La ex presidenta se encargó de repetir, con mas y con menos, el libreto del 13 de agosto y sus días posteriores para advertir sobre aquel fraude en ciernes. Regresó con la lentitud del conteo. También con el festejo anticipado de Cambiemos cuando los cómputos en la Provincia distaban de ser los finales. Pero no agregó nada a lo conocido. Insistió en que todavía no recibió su comando electoral respuesta sobre aspectos técnicos y políticos del último escrutinio. A saber: la auditoría de un software, el pedido para que Gendarmería sea apartada del control de los comicios y la solicitud de renuncia del titular del Correo Argentino, Alejandro Tullio. Ninguno de estos asuntos fue formalizado como una denuncia penal ante la Justicia. Tal vez, porque carecen de la solvencia suficiente.

    La ofensiva de Cristina respondería a otras razones. No hay en manos del Frente de Unidad Ciudadana ninguna encuesta que augure, como ocurría en agosto, una victoria de la ex presidenta. Las propias incluso (Analogías y CEOP) la ubican dos puntos por debajo de Esteban Bullrich. Existe un dato aún mas aterrador en las comarcas cristinistas. Se ausculta que a la candidata a senadora por Buenos Aires le cuesta mucho sumar votos al 34.27% que obtuvo en las primarias. Hay varias mediciones que la ubican por debajo de ese guarismo.

    Por lo visto y escuchado en la rueda de prensa, la ex presidenta estaría tratando en estos diez días finales de retener el llamado voto duro. Quedó en evidencia de dos maneras. En la rueda de prensa, donde resumió una línea política directriz que fue la que desarrolló en estos dos años. También en la reunión que el domingo mantuvo en Escobar con intendentes de la Primera y Tercera Sección Electoral. A todos los escuchó como pocas veces. Incluso supo digerir palabras que no le resultaron gratas. A ellos reclamó una rigurosa fiscalización para el domingo 22. Los alertó sobre el fraude que imagina.

    Tanto cuidado denota la ex presidenta con el capital del cual cree disponer, que no vaciló en juntarse con alcaldes que en medio de la campaña han tenido gestos que augurarían una futura autonomía. La semana pasada visitó a Leonardo Nardini en Malvinas Argentina. Estos días anduvo en Merlo, con Gustavo Menéndez. Ambos, junto a Santiago Maggiotti, de Navarro, población del interior bonaerense, tuvieron un encuentro y una foto con Miguel Angel Pichetto, el jefe del bloque de los senadores peronistas.

    Cristina no se privó, a propósito, de un pequeño desquite. Al hablar en la rueda de prensa de su “persecución judicial” mostró un breve video focalizado en la figura de Pichetto. Fue cuando hizo, en su tiempo, la defensa del Memorándum de Entendimiento con Irán que aprobó el Congreso. Por ese texto, que Alberto Nisman interpretó como un intento de encubrimiento por el atentado en la AMIA, resultó citada a indagatoria por el juez Claudio Bonadío. Ocurrirá el jueves posterior a los comicios.

    Pichetto es la referencia parlamentaria en torno a la cual bascula una hipotética reorganización del peronismo. Octubre podría alumbrar alguna compañía entre los gobernadores del PJ. Aunque esa mano no viene sencilla. Córdoba, de Juan Schiaretti, sucumbió en agosto ante Cambiemos. Nadie predice la reversión del paisaje. Algo similar sucedería en Entre Ríos, con Gustavo Bordet. Los números, según las encuestas, siguen siendo favorables a Juan Manuel Urtubey, en Salta, y Juan Manzur, en Tucumán. Pero en ambos casos la coalición oficialista de gobierno está acortando diferencias. Habrá que ver.

    Cristina parece a esta altura estar peleando por una derrota digna en Buenos Aires. ¿Como sería?. Aumentado el caudal de sufragios que cosechó en las PASO. Intentaría mantener con ese recurso alguna influencia en aquella renovación que se propone el peronismo. Aunque dejó claro que está preparada para tragos difíciles. “Fui senadora. La única en la historia que expulsaron del entonces bloque oficialista. No creo que la soledad impida ejercer las representaciones”, anticipó en el Instituto Patria.

    La rueda de prensa constituyó otro paso en la rectificación de la campaña que había ensayado para las PASO. Abundaron las señales de un retorno al pasado, en las formas y en el contenido. Cristina posó como en sus momentos de apogeo en el poder. Cuando hizo de las cadenas nacionales por radio y televisión casi una rutina. Parada detrás de un atril, en altura, con vestimenta formal. Lejos de la horizontalidad que actuó antes de las primarias. También de las ropas informales. Cuando resignó protagonismo y lo cedió a militantes y ciudadanos comunes afectados por los supuestos despojos y el ajuste económico de Mauricio Macri.

    La ex presidenta retomó también otros tópicos que había dejado en un segundo plano. Apeló a su victimización. Marcó aspectos que denunciarían la ilegitimidad de gestión de Macri. Describió la presunta existencia de un Estado totalitario.

    En tal derrotero, definió que el Poder Judicial sería una especie de fuerza de tarea del Poder Ejecutivo. Un espejo de su época. Habló de la existencia de listas negras presidenciales. Dijo estar segura de encabezar aquellas de los que tendría que desaparecer. Se esforzó por no parangonar el presente con la pasada dictadura. Quizás porque muchos consejeros machacaron con la inutilidad de ese mensaje. Pero arriesgó, aunque sin precisarla, una comparación con la década del 70. Cuando gobernaban Juan Perón e Isabel, su esposa. Refirió a la Triple A, la organización para estatal que confeccionó aquellas listas negras bajo la orden de José López Rega. Que derivaron en crímenes y exilio. Que se ocuparon de perfeccionar, con ríos de sangre y penuria, después los militares. Cristina enlazó esa tragedia con la desaparición de Santiago Maldonado.

    También habló también del deterioro de la seguridad ciudadana. Y de la “concentración inédita y peligrosa” de poder que tendría ahora mismo Macri. Advertencias que, a lo mejor, podrían tener permeabilidad si ella no hubiera ejercido ocho años la presidencia como lo hizo. O si la sociedad hubiese ingresado en un ciclo de amnesia irreversible.
    La ex presidenta va clausurando su campaña a los bandazos. Presa quizás de la confusión. O cierta desesperanza. ¿Que ha quedado de aquella mujer de aspecto sencillo y carácter dócil que en junio lanzó en el estadio de Arsenal el Frente de Unidad Ciudadana?.

    Sólo, en apariencia, su nombre y apellido.

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