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El Maxi, de la Play Station a La Cámpora

Maximo Kirchner sale de casa de gobierno
15/04 – 09:00 – Desde el conocimiento que hay sobre la actividad política del hijo del presidente en Santa Cruz, nace esta reflexión del colega Héctor Barabino en cuanto a las aptitudes y los antecedentes que tiene Máximo para aspirar a ser reconocido como un militante del PJ o del partido de su padre, el FPVS.

Por: Héctor Barabino

“Hacer política es muy parecido a hacer el amor, sobre todo porque las dos cosas se aprenden de joven”. Palabras más, palabras menos, suele decir un viejo político, ya retirado, y prestigioso abogado entrerriano que echó raíces en Santa Cruz hace muchos años.

Al treintañero hijo varón de los Kirchner no se le conoce trayectoria política ni visible ni en las sombras.

Es más, la estima que le prodigan quienes lo conocen está alimentada precisamente por el carácter despojado de Máximo. Lejos de la soberbia y la altanería que suelen exudar los herederos sanguíneos del poder.

Maxi se desayunó de la política cuando su padre ya era Presidente. Mientras Kirchner gobernaba Santa Cruz, su hijo egresaba de la secundaria y la adolescencia. Sacudía la Play como el que más saltando niveles en el Age Of Empires, y alternaba sus fallidos intentos universitarios en Capital con los tablones de la popular de Racing.

El promocionado rol de “armador” que le quieren imprimir contrasta con su naturaleza. Aunque hay que reconocer que se ajusta a los actuales tiempos y las nuevas formas de hacer política en la Argentina post proceso militar.

La militancia de la billetera. De la generosa distribución de la raviolera, y la siempre convincente y persuasiva fusta del sello y la lapicera. La política de la implacabilidad de La Caja, y del manejo inescrupuloso de lo que los políticos de hoy llaman “el aparato” y la gente aún reconoce como El Estado, administrador de los intereses comunes.

Es el mundo de la política que conoció Máximo Kirchner, quien, como otros tantos jóvenes de su edad también escuchó hablar de los setenta.

De aquellos años en que la política era la pasión por las ideas, la lucha por el poder, el desprendimiento y la entrega, por La Causa.

Este es el relato que seguramente Maxi guarda en su memoria.
El relato de sobremesa de sus padres, Néstor y Cristina. Sobre el Tío Cámpora y el socialismo nacional, y Perón al Poder, y la vida por El Pocho. Y el día que los echó de la plaza, y Ezeiza, y “que pasa general que está lleno de gorilas el gobierno popular”.

Maxi no pateó el barrio, no hizo puerta a puerta, no repartió volantes, ni trompadas en los temibles actos del Ladvocat. No lió con las facciones peronistas, ni combatió a militares. Ni siquiera escapó de la policía.

No corre Rallyes ni encantó a una belleza colombiana con el glamour de la sangre azul.

Pero el destino lo depositó en cuna de oro. En el seno de una familia poderosa, como pocas en la historia argentina. Pero sobre todo, el Maxi creció bajo el influjo tutelar de un padrino con tanta estrella como él, el inefable Rudy Fernando Ulloa Igor. Otro gran predestinado.

De la Play Station a la Cámpora, de un envión.

Puede llegar muy lejos.
(Agencia OPI Santa Cruz)

Santa Cruz

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