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A cara descubierta


24/09 – 09:45 – La mirada negativa que tiene la sociedad sobre el funcionamiento de la justicia contrasta con la falta de interés que manifiesta por conocer los mecanismos de evaluación y selección de los miembros del poder judicial. (Por Héctor Baraabino)

Por un lado reniega de ella, la considera inútil a sus intereses, piensa que está al servicio del poder, que los jueces mas que jueces son amigos, -del gobierno- que las gallinas, y los guantes blancos, y la venda corrida, y la balanza rota, son los emblemas de la corrupción, pero por el otro deja librado a la voluntad del poder político el quehacer de la justicia.

Es como si la gente hubiera naturalizado que los hombres que integran el poder judicial nacen de un repollo o vienen de Paris, aunque nadie tenga dudas respecto de quien sembró la semilla del repollo, y de quién pagó el viaje de la encantadora cigüeña.

¿Cómo se eligen? ¿Quienes los eligen? ¿Con que parámetros de evaluación? ¿Cuánto duran en sus cargos? ¿Que sucede cuando su comportamiento viola las normas que dictan la razón o la prudencia, o comenten algún delito? son preguntas que el ciudadano común no se hace frecuentemente. ¿Puede un juez ser deudor bancario? O ¿Enamorarse de la hija del Rey, por ejemplo? Surge en la imaginación inacabable de los malpensados.

Los testimonios del Juez del Tribunal Oral Dr Jorge Chávez y del Fiscal Alejandro Ruggero ante la comisión de acuerdos del Senado muestran que aún con el rostro de una justicia vergonzosamente subsumida al poder político, quienes deciden sobre la libertad y el destino de las personas, son seres humanos que piensan, sienten, hablan, y hasta mienten, como el más común de los mortales, cuando la presión de las circunstancias se torna insoportable.

Las reacciones que provocan los dichos de dos de los más conspicuos representantes de la justicia K despiertan sentimientos:
Indignación por el descaro con que aparentan apego por la transparencia y la independencia de la justicia que ellos mismos maltratan y desvirtúan; y hasta cierta condolencia cuando dejan trascender cuestiones inherentes a la vida privada que no están obligados a revelar.

La exposición del Dr Ruggero, contiene inexactitudes que no solo falsean los hechos sino que afectan la trayectoria de uno de los pocos funcionarios judiciales que actuó con el debido criterio de independencia en todos estos años, el ex fiscal Andrés Vivanco.

Según Ruggero, éste habría avalado el argumento de permitirle al entonces gobernador Kirchner el uso del avión sanitario para fines particulares ya que no se podía escindir la investidura oficial del hombre particular.

No es verdad, y de ello dan pruebas las innumerables apelaciones que hizo el Dr Vivanco cada vez que los Jueces archivaban la causa a favor del gobierno.

EL Dr Chavez reivindica su condición de amigo de Kirchner, y del abogado Dino Zafranni a quien llamó “el tanito” y por lo mismo debió haberse excusado de actuar en la demanda por injurias que el entonces presidente le inició al Dr Zafranni, cuya tasa de justicia dispuso el camarista que el ex presidente pague en distendidas cuotas.

La soltura de cuerpo con la que el Dr Chávez planteó su pertenencia política al partido del gobierno “Podré ser cuestionado en otros planos, desde el punto de vista ideológico o por mi vinculación con la política pero la bella arte de la misma requiere de pautas éticas y morales con las que uno fue educado” no justifica la malformación de origen de su encumbramiento y sí en cambio, de su particular sentido de pertenencia a lo que llamó “el poder político del estado, del cual el Poder Judicial es uno de los poderes” (SIC)

Tampoco suena creíble su prédica teórica sobre transparencia republicana “considero que deben ser públicas nuestras declaraciones impositivas y nuestros bienes, para que la gente sepa quienes somos y qué tenemos. Incluso creo que en la sociedad Argentina debería darse una discusión acerca de los secretos, de los anonimatos y de las conformaciones de estructuras societarias, no solo en el poder judicial”

En la Santa Cruz del feudo, “el palo blanco” ya forma parte del paisaje como una pintoresca especie patagónica.

Cuando el Dr Chávez se duele por la intención criminal de Varizat “cuando uno asume la responsabilidad de ejercer en el aparato público se come las buenas y las malas” genera dudas respecto de cual va a ser su actitud a la hora de juzgar a su compañero de militancia en el juicio oral que los pondrá a ambos de uno y otro lado del banquillo.
Comparar la intención criminal de Varizat con el incendio del local Cromañon que mató a decenas de incautos adolescentes evidencia en el juez una alarmante deformación de los hechos producto de quien todo lo ve bajo el prisma de la especulación política.
El pasaje más creíble de las confesiones de un Juez que aspira a más es cuando se refiere a la problemática de la droga “y no estamos hablando de quien se fuma un porro o “se tiró una pastilla” ni del “after” –como dicen los chicos ahora- sino de bandas serias” …se manifestó conocedor de la jerga.

“Algunos tenemos la experiencia de que nuestros hijos han consumido, esto también hay que decirlo”

Es muy importante que quien tiene que juzgar la conducta de consumidores y traficantes sepa de qué se trata. Es una manera de humanizar la justicia, de enfrentarla con el rostro de la realidad sobre la cual debe actuar.

Lástima que el Dr Chávez quien integra la justicia K desde hace una década, solo se prodigó ante los senadores nacionales para inscribir en las versiones taquigráficas la adicción de su hijo. Con tanto funcionario enriquecido de manera formidable; declaraciones juradas que no tienen correlato con el nivel económico de sus firmantes; y sociedades secretas no tan secretas en las esferas oficiales.

De todas maneras, si lo que le quita el sueño es “el flagelo” de la droga como dice el discurso oficial, va a ser muy útil que tenga en cuenta que la sociedad espera que alguna vez la justicia eche mano sobre los que promueven el negocio o lo apañan desde el poder político.

Solo así se justificará la declaración de un juez que reconoce que su hijo alguna vez se fumó un porro. (Héctor Barabino/OPI Santa Cruz)

Santa Cruz

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