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Los riesgos del narcisismo virtual


03/02 – 09:00 – Las comunicaciones globalizadas han facilitado la vida de todos nosotros, sin embargo también la han complicado; nos hemos dejado invadir nuestra privacidad y a veces somos tentados inconcientemente a facilitarle a los desconocidos de la red global nuestros datos personales, medio de vida, lugares, rutinas familiares etc, que suelen ser aprovechados para fines inconfesos. A partir de la controvertida cláusula de uso de Facebook se me ocurrió reflexionar un poco sobre los peligros que implica esta tentación de “pertenecer” a una comunidad virtual. Por Rubén Lasagno.

La prensa mundial descubrió horrorizada hace unas semanas que la denominada “red social” conocida como “Facebook” había incluido (agregado) una cláusula en su “contrato de adhesión” (aquel acuerdo que se acepta en los sitios digitales) donde establece que se adjudica los derechos sobre todo el material que las personas suban a la red, incluyendo los datos personales. Más allá de los esfuerzos que hacen por convencer al mundo de que la medida está anulada, la sospecha de la manipulación inconsulta de datos y el acopio de información para fines no declarados, persiste.

Existe la sospecha de que en realidad la información haya sido “filtrada” por alguien, precisamente, para evitar que Facebook pudiera aplicar la cláusula. El hecho de hacer público esa intención, disparó una repulsa generalizada que amenazó la reputación de esta herramienta innovadora en las comunicaciones humanas y algunos pensaron que se iba a producir una estampida masiva de usuarios que dejaría el despojo de la “red social” repartida por Internet y en poco tiempo pasaría al olvido. Por ese motivo sus hacedores se apuraron en dar marcha atrás con la medida, aunque a ciencia cierta nadie puede asegurar que la intención no subsista.

Solo “un gran inocente”, por ser educado y no utilizar otro calificativo más adecuado para la ocasión, puede pensar que es lógico y prudente tirar datos personales, familiares e imágenes en una “bolsa virtual” donde nadie conoce a qué lugar van a parar esos datos, dónde se almacenan y quién los recoge y tabula.

Es indudable que quienes idean estos sistemas para reunir información de la gente, apoyados por una enorme publicidad a lo que aportan muchos medios de comunicación, no establecen estas “redes” con fines filantrópicos o con la sana intención de hacer un aporte más a las comunicaciones humanas globalizadas, sino que por el contrario, se sirven de ella.

Y la gente, desprevenida y arreada por la moda 2.0, se sube a cualquier propuesta profusamente difundida y presentada como lo más cool, le ponen algún nombre en inglés y machacan por los MMC para que todos entiendan que el que no está allí, no existe.

En realidad, estos sistemas que captan adherentes por millones, son verdaderas industrias de la información que procesan los contenidos de sus archivos y llegan a construir bases de datos inimaginables los cuales vaya a saber qué utilidad le darán.

El juego atractivo que proponen del intercambio y la interrelación im-personal y hasta la cuota de exhibicionismo que llevan implícitos estos sistemas de comunidades virtuales, encierra en realidad un enorme negocio detrás, donde empresas dedicadas al tráfico de información ayudados con poderosos programas de computación y acceso a diversas redes de información fiscal, comercial, financiera e inmobiliaria entrecruzan datos y componen archivos personales y empresarios de increíble exactitud.

Reunión de datos en casa

Un ejemplo en escala menor sobre la forma de reunir információn personal por medios tradicionales, que se suele desarrollar a nuestra vista, la encontramos en las campañas de cupones con premios que suelen promover los supermercados, tiendas o bancos en las grandes ciudades, que hoy ya se ha trasladado a todo el país.

Los cupones que día a día la gente deja en las urnas de los supermercados, donde nadie falsea ningún dato dado que el objeto es obtener un premio que puede ser de gran importancia como un auto o un departamento, obligan a volcar una serie de datos sensibles como domicilio, nombres completos y teléfonos.

No existe información personal más actualizada que aquella estampada en estos cupones de participación y hay antecedentes que empresas de riesgo crediticios y de búsqueda de personas, se han valido de este recurso para la reunión de información actualizada de personas en distintas ciudades del país, logrando – inclusive – la localización de aquellas que por haberse mudado en varias oportunidades les habían perdido el rastro.

Ni siquiera un padrón electoral le provee a las empresas que buscan personas, información tan fidedigna y actualizada como estas campañas donde se incluyen datos tales como “nombre y apellidos completos, domicilio actualizado y un teléfono para comunicarse, entre otros”, ni hablar de aquellas participaciones de las tarjetas de créditos donde piden incluír si posee tarjeta, cuáles y hasta los montos límites establecidos.

A partir de allí muchos rastreos personales y familiares son altamente efectivos y detrás de estas campañas suelen esconderse otros intereses que recaban información de indudable valor dado que las mismas se prolongan en algunos casos hasta 6 meses con premios como un auto cero kilómetro o un departamento, que le aseguran un interés público constante y un tiempo más que interesante si lo que se busca es recibir datos frescos de una población determinada.

Miel para las moscas

Las comunidades virtuales como el Facebook han sido inventadas para captar un sector muy importante de la gente que se ve atraído por distintos factores como puede ser la tecnología, las comunicaciones globalizadas, la interacción con personas lejanas, el anonimato, la expresión abierta y sin censura que propone Internet, la facilidad para interactuar y hacerse conocer (y conocer) lugares y gente de otros puntos del planeta y también para aquellos a los cuales se les exacerba el narcisismo y desean colgar en la web todos sus encantos, explicar sus metas, sus gustos y en definitiva desnudar gran parte de su vida, la cual queda a expensas de cualquiera y de cualquier objeto disperso por el maravilloso mundo del ciberespacio.

Lo que nadie dice y pocos explican es el fabuloso banco de dato que se genera en el mundo, de hecho se habla (es lo que dicen) que 150 millones de usuarios están adheridos a esta comunidad virtual, que puede ser utilizado con distintos propósitos cuyos peligros quedan ocultos a la vista de los potenciales usuarios por medio de una publicidad a veces indirecta que incita a seguir la moda de “pertenecer” e instala la idea que no estar en “ese lugar” nos hace perder el tren y nos deja fuera del “sistema”, aunque nadie sabe bien de qué sistema se trata ni cómo afectará su vida el no ser parte de esa comunidad selecta.

En definitiva lo que la gente debe tener en cuenta que no es posible hoy liberar datos personales y/o familiares en la red global sin sufrir consecuencias a veces funestas. En un momento en que todo se ha universalizado debemos ser sumamente cautos con nuestra intimidad y tratar de preservar el entorno porque de no ser así nos arriesgamos a quedar bajo la lupa de delincuentes y empresas que trafican información, de quienes hacen seguimiento de nuestro perfil económico o ideológico (incluyendo los gobiernos) y en general nos transformamos, involuntariamente, en blancos de potenciales y silenciosos enemigos de nuestra privacidad.

Hasta hace 20 años la información se protegía en cajas fuertes, en cintas magnéticas, papel o en diversos soportes y lugares donde a veces el tiempo atentaba contra su conservación. Con el advenimiento de Internet mucha información se oculta entre toda la información que hay en la red. Un profesor de la Comunicación recuerdo que un día me dijo “¿Dónde esconderías un elefante blanco para que no lo vean?, obviamente entre una manada de elefantes blancos”. Todo está allí, sin embargo la seguridad la da la propia limitación del internauta ya que para acceder a ella hay que saber encaminar las búsquedas.

Quien accede a Internet y quien conecta una máquina (PC) on line se expone a la invasión silenciosa de su vida privada, cuánto más aquellos que voluntariamente ingresan datos e información personal y familiar al maravilloso sistema de las comunicaciones virtuales en estos sitios mutimediales formulados con fines que todos desconocemos. (R. Lasagno/OPI Santa Cruz)

Santa Cruz

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