Empieza la pulseada judicial por el futuro de Temer: un juez ordenó su liberación

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09:00 – Aceptaron un habeas corpus presentado por el ex presidente, pero se esperan nuevas acciones para que vuelva a ser detenido

Por: Alberto Armendáriz

En una decisión que promete ser parte de una larga pulseada judicial, un juez de apelaciones de Río de Janeiro determinó ayer la liberación del expresidente Michel Temer, que fue detenido de forma preventiva el jueves pasado, acusado de corrupción, malversación de fondos y lavado en el marco de la operación Lava Jato.

La decisión partió del magistrado Antonio Iván Athié, del Tribunal Regional Federal de la 2» región (TRF-2), que estaba a cargo del recurso de habeas corpus presentado por la defensa de Temer pocas horas después de su arresto.

El TRF-2 había anunciado el viernes pasado que la Corte recién evaluaría el pedido del exmandatario (2016-2018) mañana, cuando todos los jueces del tribunal estuvieran presentes para que fuera un fallo colegiado, pero Athié se adelantó a esa instancia. La orden de excarcelación tenía efecto inmediato y Temer quedó en libertad por la tarde.

En su sentencia, el magistrado señaló que “no está en contra de la Lava Jato”, pero resaltó que las investigaciones y decisiones judiciales “deben observar las garantías constitucionales y las leyes” porque “con la violación de reglas no hay legitimidad en el combate a esa plaga” de la corrupción.

Los fiscales del Ministerio Público Federal ya adelantaron que interpondrán una acción para revertir el fallo de Athié y evitar que Temer salga de su sala-celda en la Superintendencia de la Policía Federal en Río de Janeiro, como había determinado el jueves el juez carioca Marcelo Bretas.

De 78 años y uno de los líderes del conservador Movimiento Democrático Brasileño (MDB), Temer había sido detenido en San Pablo junto a otras nueve personas sospechosas de formar parte de una “organización criminal”, que según los fiscales movilizó 1800 millones de reales (474 millones de dólares) en los últimos años al obtener sobornos de empresarios que buscaban garantizarse obras públicas y al desviar fondos públicos hacia ellos y su partido.

La acusación principal contra Temer está relacionada con la presunta recepción de una coima de un millón de reales (263.000 dólares) a cambio de garantizarle a la compañía Engevix un contrato en la construcción de la usina nuclear Angra 3, en el estado de Río de Janeiro.

Como parte de un acuerdo de delación premiada con la Justicia, uno de los socios de Engevix, José Antunes Sobrinho, reconoció que había pagado tal soborno.

El exoperador del MDB Lucio Funaro también admitió haber participado en las negociaciones para ese pago ilícito.

Entre los arrestados la semana pasada con Temer se incluía su exministro de Minas y Energía Wellington Moreira Franco, exjefe de la Secretaría General de la Presidencia y exgobernador del estado de Río de Janeiro. Según confirmó el TRF-2, la decisión del juez Athié beneficiaría igualmente a Moreira Franco y a otras cinco personas.

Las detenciones provocaron una fuerte turbulencia en el mundo político brasileño y generaron malestar en el Congreso, donde el MDB tiene gran influencia en las negociaciones con los otros partidos. El presidente Jair Bolsonaro, que siempre mantuvo una distancia con Temer, apuntó que su arresto se debía a los oscuros arreglos políticos que su antecesor llevó adelante para asegurarse la gobernabilidad.

Sus declaraciones cayeron muy mal en el presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia (Demócratas, DEM), yerno de Moreira Franco, que era considerado uno de los principales defensores en el Parlamento del ambicioso proyecto de reforma previsional que impulsa el gobierno de Bolsonaro.

Desde entonces, Maia ha criticado con dureza la gestión de Bolsonaro -dijo que debería prestar más atención a la construcción de una base legislativa que a sus redes sociales- y amenazó con dejar la articulación parlamentaria a favor de la propuesta oficialista para la alteración del sistema de jubilaciones y pensiones, vista por los mercados como fundamental para frenar el creciente déficit en Brasil y para que la economía vuelva a crecer con fuerza. (La Nación)

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