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Luego del fallido alzamiento, Guaidó busca rearmarse con huelgas y protestas

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08:00 – Las marchas opositoras y la represión se extendieron por todo el país; Maduro organizó su propia caravana, celebró «la derrota del golpe» y dijo que sus adversarios «pagarán sus delitos» en la cárcel

Por: Daniel Lozano

Juan Guaidó reapareció en las calles de Caracas un día después de la fallida rebelión militar contra Nicolás Maduro . El alzamiento del 30 de abril no resultó, pero gracias al respaldo popular el líder opositor volvió a la carga para proponer una nueva hoja de ruta: más protestas en pos de una huelga general.

«Este es el proceso definitivo de Operación Libertad. Vamos a acompañar la protesta de paro escalonado hasta lograr la huelga general. Apenas estamos empezando. Tenemos el apoyo de la gente, estamos en la calle y vamos a seguir. Lo que hemos sacrificado no va a ser en vano», clamó ante sus seguidores, en una nueva jornada de represión brutal de las fuerzas gubernamentales.

El presidente encargado sintió el respaldo del único «ejército» que casi nunca le falla: el pueblo. Pese a las nuevas amenazas de cárcel lanzadas ayer por el «hijo de Chávez», Guaidó recuperó fuerzas en medio de una marea humana que lo acompaña en su pulseada contra la revolución por todos los rincones del país.

Entre ellos no estaban los 25 militares rebeldes del martes, refugiados en la embajada de Brasil, ni tampoco Leopoldo López . El antiguo preso político durmió en la residencia del embajador español su primera noche de libertad relativa en cinco años. Lo acompaña su mujer, Lilian Tintori, y su hija más chica. El líder de Voluntad Popular permanece como huésped y no como asilado, lo que le otorga cierta capacidad de maniobra política.

Los manifestantes llegaron caminando a la cita en Caracas, pese a la represión, desde distintos puntos de la ciudad, saltando bloqueos, sin inmutarse ante la presencia de militares y policías. Con gorras caladas y con sus banderas, con esperanza y resistencia, dispuestos a seguir la lucha pacífica contra un enemigo que reparte bombas lacrimógenas y perdigones sin escrúpulos, sin avisar y sin mayor motivo que extender el terror. Muchos de ellos probaron el sabor del gas, saben cómo enciende los ojos y cómo amarga la garganta. Cómo les roba el oxígeno, la metáfora de sus propias vidas.

«No me importa, nosotros venimos desde Catia [zona popular del oeste de la ciudad, otrora chavista]. Queremos que se vaya Maduro, es la miseria y el hambre. Yo soy maestro, tengo vergüenza porque perdemos el tiempo con los niños, no hay nada que darles. Y a nosotros nos dan una limosna, que no da para comida ni ropa, ni siquiera para los pasajes» del transporte, protestó Delfín, de 63 años, con su bandera al hombro, en una avenida cercana a la Plaza de Altamira, el lugar que concentró a los rebeldes.

Pese a la desinformación reinante por culpa de los bloqueos gubernamentales, la gente sabía que el 30 de abril terminó dejando, una vez más, un rastro de sangre, un capítulo más en la violencia sin fin en el país de la guerra no declarada: un muerto (Samuel Enrique Méndez, de 25 años), 109 heridos y 150 detenidos, según el Observatorio de Conflictos Sociales y el Foro Penal. Entre los arrestados, 11 médicos: dos cardiólogos, dos obstetras, un traumatólogo, un hematólogo… Pese a ello, pese a la gruesa bota militar, la gente volvió a las calles de forma masiva por todos los estados del país, olvidando durante unas horas el colapso nacional eléctrico que padecen desde marzo.

La represión fue incluso peor ayer, entre otras cosas porque los represores se movían en su zona de confort. Y además en su campo de batalla favorito, contra grupos de jóvenes dispuestos a enfrentarlos: la zona de Altamira, el reducto de la oposición en el este de Caracas.

Terror

Se trata del mismo plan de terror aplicado en 2014 y 2017, cada vez más sofisticado, en el que se incluyó un punto de última hora: las amenazas penales contra los guardias nacionales y los policías que no acaten la orden de atacar.

El objetivo es el mismo: desmovilizar y desmotivar a quienes se mantienen en las calles desde enero. La agencia de Derechos Humanos de la ONU hizo pública su preocupación por los reportes de uso excesivo de la fuerza por el aparato de seguridad.

«Ante el avance de la Operación Libertad, el régimen cobarde trata de demostrar con represión focalizada un control que ya no tiene», denunció Guaidó al final de la jornada.

A esa hora todavía no se tenía detalle del número de heridos, pero los centros hospitalarios de la zona recibían un herido tras otro. Casi un centenar era el último balance, entre ellos, diez periodistas, la mitad con disparos de perdigón.

Además se dirigió a los militares y les aseguró que sus acciones tuvieron un «inmenso respaldo» por parte de los venezolanos y de la comunidad internacional. «Todo paso que den en el marco de la Constitución y a favor de nuestra gente será recompensado por la patria y la historia», sostuvo Guaidó.

La censura gubernamental no se conforma con cerrar ocho medios internacionales y las radios que todavía se atreven a transmitir noticias. También bloquea las telecomunicaciones en todos los niveles: teléfonos, celulares, internet y redes sociales.

Las protestas y la represión se extendieron por todo el país, con masiva presencia en las calles de los adversarios de Maduro. El «hijo de Chávez», en cambio, no aprovechó la marcha montada con empleados públicos y milicianos en Caracas para anunciar el nuevo salario mínimo.

«Ya tengo el panorama mucho más claro del complot, la conspiración, el golpe que derrotamos ayer [por el martes]. Están huyendo, entre embajada y embajada, la Justicia los está buscando y más temprano que tarde irán a la cárcel a pagar sus delitos», anunció el jefe revolucionario.

El oficialismo organizó una caravana, con motos, coches y colectivos, hasta el centro de Caracas. Marcharon cientos de personas para unirse con quienes ya se encontraban en las inmediaciones del Palacio de Miraflores, unas 600 personas.

Un chico aprovechó, conminado por sus mayores, para leer un poema contra el imperialismo estadounidense: «Nos quitaron la luz, nos quitaron el agua, pero aquí seguimos defendiendo la revolución. Leales siempre». (La Nación)

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