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EE.UU. y China negociaban un acuerdo antes de la suba de aranceles

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08:30 – Trump, que recibió una carta de Xi, dijo que un trato aún era posible; las nuevas tarifas iban a entrar en vigor esta madrugada

Con la amenaza de una nueva escalada en la guerra comercial, Estados Unidos se encaminaba a subir a partir de la primera hora de hoy los aranceles sobre los productos chinos del 10% al 25% y comenzar un proceso para gravar casi todas las importaciones del gigante comunista. Las dos potencias realizaban anoche negociaciones de último momento en Washington para intentar llegar a un acuerdo.

Ambos países estaban llegando a un arreglo en los últimos meses por el que ambos rebajarían los aranceles, China abriría su mercado a las compañías estadounidenses y fortalecería la protección de la propiedad intelectual. Pero ese proceso se detuvo repentinamente el fin de semana, cuando China pidió cambios sustanciales en el texto de negociación. Trump respondió amenazando con aumentar los aranceles existentes al 25% e imponer otros nuevos por un valor adicional de 325.000 millones de dólares a partir de la primera hora de hoy.

Trump contó que había recibido «una hermosa carta» del presidente chino, Xi Jinping, y que podría hablar con él por teléfono. Pero no confirmó si ese diálogo tuvo lugar. Antes había dicho que un acuerdo con China aún era posible.

El optimismo de la semana pasada dio paso a la incertidumbre, lo que provocó nerviosismo en los mercados. Economistas de todo el mundo y organismos multilaterales advirtieron durante meses que una guerra comercial extensa entre las dos potencias tendría consecuencias negativas para la economía global.

«Estábamos muy cerca de llegar a un acuerdo, entonces comenzaron a renegociar el acuerdo. Eso no puede ocurrir», dijo ayer Trump.

El vocero del Fondo Monetario Internacional (FMI), Gerry Rice, advirtió ayer que «claramente las tensiones son una amenaza para la economía global».

Pekín se defendió ayer de las acusaciones de Trump y dijo que no dará marcha atrás. El vocero del Ministerio de Comercio, Gao Feng, advirtió: «China no capitulará ante ninguna presión y tenemos la determinación y la capacidad para defender nuestros intereses».

Previamente, Gao ya había advertido que «si se aplican las medidas tarifarias de Estados Unidos, China no tendrá otra opción que aplicar las necesarias contramedidas».

Trump adoptó una estrategia de máxima presión sobre China, primero con aranceles al acero y al aluminio en marzo de 2018, a los que luego sumó gravámenes por 250.000 millones de dólares.

Además, dijo estar listo para imponer aranceles adicionales a todas las importaciones chinas (539.500 millones en 2018).

La Casa Blanca exige que China termine con prácticas comerciales que considera desleales, que respete las leyes del mercado y que detenga lo que llama el «robo» de tecnología estadounidense.

También busca un acuerdo para evitar que Pekín devalúe su moneda con el fin de dar impulso a sus exportaciones. Pide igualmente el fin de los subsidios de las empresas estatales, sostén del plan estratégico «Hecho en China 2025».

Ese plan, adoptado en 2015, busca transformar al país de taller del mundo a líder mundial en las industrias del mañana, como la inteligencia artificial.

Pero Estados Unidos, que hace tiempo que perdió la batalla por las manufacturas, está tratando de mantener su dominio en el sector de la alta tecnología.

Desde el inicio de las negociaciones, Washington alterna entre la amenaza y el diálogo, y Trump modera el tono a través de tuits que enfrían y calientan la relación.

Trump y Xi acordaron una tregua en diciembre pasado en Buenos Aires para abstenerse de una escalada mayor e intentar negociar un acuerdo. Y hasta la semana pasada muchos economistas creían que un pacto era posible. Pero las conversaciones fracasaron.

La crisis también afecta a China en su frente interno. Xi es el líder más poderoso en décadas y guarda su imagen como un estadista visionario que guía al país hacia la grandeza. Pero la relación con Estados Unidos es la más importante, y si ese vínculo fracasara eso podría dañar la economía de su país y perjudicar su autoridad.

«Xi está caminando sobre la cuerda floja», dijo Paul Haenle, exdirector del área de China en el Consejo de Seguridad Nacional, que ahora dirige el Centro Carnegie-Tsinghua para la Política Global en Pekín.

«Finalmente, Xi será el que tenga que hacer mayores concesiones, y eso hace que todo esto sea más difícil para él». (La Nación)

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