«Caminamos como zombis»: sobrevivientes de Dorian enfrentan la desolación en Bahamas

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"Caminamos como zombis": sobrevivientes de Dorian enfrentan la desolación en Bahamas

07:10 – Muchos damnificados encuentran un paisaje devastador en el regreso a sus barrios

Cuando Dorian golpeó la casa de la anciana Sylvia Cottis, en una playa de las Bahamas, el temible fenómeno de categoría 5 destrozó las ventanas supuestamente a prueba de huracanes, y convirtió el cristal en afilados trozos de metralla que le hicieron un gran corte en la rodilla.

Entonces, la mujer, de 89 años, y su cuidadora decidieron esperar a recibir ayuda, pero la situación no tardó en empeorar. La casa se inundó de aguas cloacales después de que la fosa séptica se desbordara por el crecimiento de la marea. No podían tirar de la cadena sin usar agua de un estanque. Rodeada de suciedad y con sus pertenencias empapadas, Cottis pasó el resto de los días sentada en su silla de ruedas y por las noches durmió en una reposera metálica.

Pasaron cinco agónicos días. Finalmente, anteayer, un vecino y su amigo lograron abrir con un destornillador la puerta atorada para ver cómo estaban Cottis y Kathryn Cartwright, de 58 años. Para entonces, la herida en su pierna estaba hinchada e infectada.

Las dos mujeres son parte de los miles de personas que necesitan ayuda con urgencia tras el paso de Dorian. La devastación quedó más clara tras confirmarse 20 muertes, y que muchos sobrevivientes salían de los refugios para ver el estado en que habían quedado sus casas. Ayer, el huracán osciló entre categoría 2 y 3, y azotó la costa de Carolina del Sur, en Estados Unidos, con fuertes vientos y lluvias.

Los vecinos de las islas Ábaco y Gran Bahama, conocidas por sus puertos de navegación deportiva, campos de golf y complejos turísticos, encontraron un paisaje embarrado y lleno de escombros. Las pérdidas totales de bienes asegurados y no asegurados en las Bahamas, sin incluir infraestructura y autos, podrían alcanzar los 7000 millones de dólares, según una estimación de los consultores de catástrofes Karen Clark & Co.

Ayer se agotaba el agua y los alimentos en El Lodazal, un barrio pobre en Gran Ábaco, habitado por miles de inmigrantes haitianos.

Había un cadáver enredado bajo una rama cerca de hojas de metal corrugado. Fue uno de al menos nueve cuerpos que la gente vio en la zona. «Nadie vino a levantarlos», dijo Cardot Ked, un carpintero haitiano de 43 años que vivió casi la mitad de su vida en Ábaco.

Otra persona que perdió su hogar es Samson Kersint, un haitiano de 38 años que trabaja en una maderera y vive en las Bahamas desde 1998. «Estamos caminando como zombis», dijo, mientras recorría El Lodazal con una mochila. «Nadie nos dice nada. No hay agua ni luz».

Dorian golpeó las Bahamas con vientos de hasta 295 km/h y lluvias torrenciales, inundó vecindarios y, según una estimación, destruyó o causó graves daños en casi la mitad de las casas en Ábaco y Gran Bahama, que tiene 70.000 habitantes.

En la casa de Cottis, las dos mujeres habían oído pasar helicópteros y autos, pero el clima y la enorme inundación habían impedido que recibieran asistencia.

«No puedo dejarla aquí demasiado tiempo», dijo Cartwright, que también estaba preocupada por sus hijos, un hijo y una hija de los no había sabido desde la tormenta. La mujer alternaba entre comentarios alegres y lágrimas. Se disculpó por el estado de la casa. La ayuda llegó a través de Ben Allen, un trabajador de la construcción de 40 años, que fue en una camioneta para trasladar a Cottis adonde pudiera recibir ayuda médica.

La camioneta anduvo entre torres de celulares y árboles caídos, tendidos eléctricos rotos y embarcaciones que quedaron sobre edificios. Se veían contraventanas de metal arrancadas de sus marcos y arrojadas dentro de los comercios. «Ábaco desapareció», dijo Allen. Una semana antes, «era el lugar más hermoso en el que cualquiera querría estar». (La Nación)

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