Gimnasia y Esgrima y la metáfora de la Argentina desesperada

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Gimnasia y Esgrima y la metáfora de la Argentina desesperada

11:00 – (Por Rubén Lasagno) – Gimnasia y Esgrima de La Plata es un cuadro de fútbol que no le va bien y está último en la tabla, rondándole el fantasma del descenso. Malas conducciones, errores a la hora de elegir técnico, falta de estrategias y habilidades, poca cohesión de grupo, etc han llevado al equipo a estar en uno de los peores momentos de su historia. Desesperados y sin saber qué hacer en materia futbolística, a genios del entorno deportivo de la entidad se les ocurrió echar mano a la mística, más que al pragmatismo de la eficiencia y eficacia de los que saben. Y contrataron a Diego Maradona para que resuelva los problemas del club.

Sin duda Diego Maradona, fue el jugador más versátil, importante, habilidoso y mejor dotado en la perspectiva del juego del fútbol en cualquier cancha que haya pisado en el mundo; eso es indiscutible, inobjetable y hasta quienes poco sabemos de ese deporte, podemos apreciarlo solo remitiéndonos a repasar su vida fílmica. Pero eso es la parte deportiva exitosa de un ídolo que fue tal, mientras lidiaba en las canchas con sus rivales y en la vida con sus adicciones y descontroles. Aquel Maradona se fue, no está, se evaporó del césped y dejó solo el recuerdo bonito de un juego arrollador que difícilmente podamos volver a tener la posibilidad de ver, si no nace otro igual.

Todo lo que hizo Maradona después de abandonar el fútbol, fue horrible y mucho más feo si pensamos que tuvo que dejar el deporte debido, precisamente, a la falta de conducta deportiva, los excesos en todo sentido y la dispendiosa vida que llevó, al punto de alejarlo de lo que más quería (la cancha), meterlo en el submundo de la marginalidad y transformarlo en un jugador exitoso pero fracasado antes de tiempo, cuando aún podría haber seguido por muchos años más en las canchas deleitando al mundo con sus gambetas; pero eligió no gambetear la droga, el alcohol y perdió la decencia.

Pero una parte de la gente puede perdonarle todo “al ídolo”, hasta que sea mal padre, marido golpeador o ande desparramando hijos por el mundo que después no reconoce. Y así, caído el fenómeno de las canchas, entonces su entorno reinventó a un Maradona mítico que genera dólares donde esté y lo pasearon por el mundo, solo como un destartalado recuerdo de lo que alguna vez fue. Pero la gente compra, siempre compra.

Maradona entonces se dedicó a dirigir fútbol, en la creencia de que haber sido un gran jugador, lo hacía naturalmente invencible en la dirección.Y fracasó rotundamente en cada lugar y equipo donde actuó, incluyendo cuando Grondona le hizo el regalo de conducir la selección nacional. Es decir, una cosa es la mística de un personaje, el relato armado a su alrededor para ganar plata y los tours donde pasean “al Diego” como símbolo de lo que alguna vez fue y otra es la realidad de lo que sabe y puede hacer en una cancha de fútbol, alejado ya de su principal valor agregado: la posibilidad de jugar y moverse como jugador y no de hacer solo de un ente con marca registrada.

Y hoy Gimnasia lo contrata como “Director técnico motivador”, creyendo que las palabras cruzadas y casi ininteligibles de un hombre con el cerebro claramente disminuido por sus adicciones, un estado físico deplorable, un incontinente verbal, pendenciero por impotencia y soberbio por convicción, puede sacar al club de la ruina futbolística solo con la chapa de ser símbolo del fútbol que ya no practica y del cual sabe mucho, pero no lo puede ni lo sabe transmitir.

Grandes médicos en el mundo, no pudieron ser buenos cirujanos ¿Por qué, entonces, un gran futbolista debe ser necesariamente un buen Director técnico?. Si bien jugador y técnico son actividades concurrentes, coexisten en uno y otro, actitudes, predisposiciones, habilidades y concepciones distintas del juego y las estrategias. Y bien, como ha sucedido en algunas oportunidades, personas que nunca jugaron puede ser buenos técnicos y opacos jugadores de fútbol se han revelado como exitosos entrenadores de grandes equipos en el mundo.

Si no existe la propiedad transitiva en esto del fútbol, es casi imposible que Gimnasia Esgrima resurja del barro, solo por llamar a Maradona, por cuanto la carroza se le transformará en calabaza ni bien entren a la cancha y se enfrenten con un equipo que tratará de ganarle por la mayor diferencia posible.

Esta larga introducción futbolera, sirve para comparar a Gimnasia y Esgrima de la Plata con nuestro país. Los argentinos siempre repetimos los mismos errores y esperamos resultados distintos. Nos guiamos por la épica y buscamos a un salvador mágico, pero no desplegamos el conocimiento, el trabajo y un criterio de selección a la hora de buscar un buen DT para que saque al país adelante; ergo: no nos importa a quien votamos.

En el 2015 la sociedad harta de tanta corrupción, marginalidad, hambre, mentira y patoterismo, viró 180 grados y puso proa a un cambio, que solo tenía como sentido “cambiar lo que estaba”, pero con la incertidumbre de un por venir indescifrable.No votábamos por elección, sino por opción. Y el nuevo relato era: pobreza cero, la inflación es fácil de revertir, quitaremos impuestos para hacer rentable el trabajo, combatiremos el déficit etc etc. Mauricio Macri, el relator, fue un verdadero fiasco y solo sirvió para sacudirnos del viejo peronismo con prontuario y un kirchnerismo sobreactuado. Pasaron cuatro años, el relato se cayó y el fracaso sigue.

Ahora, los mismos argentinos que los eyectaron en el 2015, miran al “Maradona político” que los pueda salvar personificado en el ambivalente Alberto y sepultan sus miserias, sus pecados, la corrupción que los identifica como únicos e irrepetibles en el mundo y a partir de esos despojos construyen un ídolo de barro pretendiendo que nos van a salvar de las miserias donde esos mismos nos hundieron.

Gimnasia Esgrima de la Plata y la Argentina, son la metáfora que mejor nos demuestra cómo se vive cuando un equipo de fútbol o un pueblo prefieren vivir del relato mágico en vez de resolver sus problemas aplicando el conocimiento, el sentido crítico y la inteligencia para obtener resultados concretos y no recurrir a los símbolos del autoengaño para volver a engañar y engañarse asimismo, pensando que alguien nos va a salvar, cuando como colectivo somos incapaces de optar por un cambio verdadero para construir un futuro que nos saque definitivamente de ser último en la tabla. (Agencia OPI Santa Cruz)

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