La cita de Alberto Fernández con 500 empresarios: preocupación por una economía “en coma” y ansiedad por la deuda

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La cita de Alberto Fernández con 500 empresarios: preocupación por una economía “en coma” y ansiedad por la deuda

Cómo fue el diálogo entre el Presidente y los hombres de negocios. La preocupación por la inflación y la falta de consumo. Y las ironías por el coronavirus.

Por: Santiago Fioriti

“¿Todavía nos podemos saludar con un abrazo y un beso?”, le preguntó uno de los empresarios a Ginés González García, apenas pisó el hotel Alvear para participar del almuerzo que tenían por delante Alberto Fernández y 500 industriales. Los mozos ya caminaban con bandejas cargadas con bocaditos de salmón y champagne, pero la psicosis por el coronavirus hacía su propio juego. “Claro que nos podemos saludar”, respondió el ministro de Salud, y aprovechó el chiste para meterse rápido en el VIP, junto a un selecto grupo de hombres de negocios que habían pagado hasta 200 mil pesos para lograr una mesa cercana a la del Presidente.

Fernández llegó un rato más tarde. Pasó por el mismo VIP, saludó uno por uno a los empresarios e invitados especiales y enseguida la charla se trasladó al salón principal, donde compartió la mesa con trece de ellos, escoltado por Alejandro Bulgheroni y Daniel Funes de Rioja. “¿Y, cómo venimos con el consumo?”, le preguntó a Martín Cabrales. “Creo que estamos un poquito mejor”, dicen que contestó el mismo Alberto.

Durante la hora y media que duró el almuerzo (crème brûlée de zapallos asados, crocante de parmesano y brotes de estación; lomo de ternera grillado, risotto de cebada, ecrase de papines andinos y vegetales de estación; tatín de manzana, crema de vainillas y helado de avellana caramelizada), hubo gestos de cordialidad. “Todo fue agradable y distendido, Alberto no es Cristina”, contó uno de los industriales que integró la mesa ubicada frente al atril.

Nada impidió, de todos modos, los gestos adustos cuando se habló sobre el estado de la actividad económica. Delante y lejos del micrófono, Fernández les pidió compromiso y subió el tono cuando se refirió a la escalada de los precios. “Quiero serles sincero: voy a ser inflexible e implacable”, anunció. No dio mayores precisiones. Algo asoma evidente: en el Gobierno crece la preocupación por el rumbo de la inflación, más allá de la baja de enero. Con tarifas congeladas y salarios más o menos controlados por gremios afines, las subas deberían mermar. Pero enero y febrero mostraron que el índice de precios en los supermercados pegó fuerte. “El consumo está parado y la inflación es alta”, se oía en las mesas.

La mayoría de los asistentes que este miércoles cortejó a Fernández había apostado por Mauricio Macri en 2015 y, en buena medida, aun disconformes con su administración, también lo hizo en 2019. Los tiempos cambiaron. “Acá estoy, para oír al ‘presi’”, decía al llegar Cristiano Rattazzi, uno de los más entusiastas en el período anterior. No era el único que procuraba equilibrio. Todos están inquietos porque “la actividad no arranca” y la renegociación de la deuda es un enigma. “No hay que ver como un fracaso si no se cumple el plazo del 31 de marzo. La clave no es hacer foco en el FMI sino en los bonistas”, buscaba llevar tranquilidad José Urtubey.

Felipe Solá hablaba en los pasillos de una economía “en coma”, una definición que a Alberto no le hace demasiada gracia. “Coma inducido, pero coma al f in”, suele decir su canciller para patearle la pelota a la administración anterior. Como los empresarios, Solá y los funcionarios que acompañaron a Fernández al encuentro del Consejo Interamericano de Comercio y Producción (Santiago Cafiero, Gustavo Béliz, Juan Manuel Olmos, Julio Vitobello y Matías Kulfas, quienes almorzaron junto al “Cuervo”Larroque) ven condicionada la agenda a las tratativas con el FMI y los bonistas. “Si hay acuerdo habrá un nuevo gobierno. Y si caemos en default también”, admitía uno de ellos. (Clarín)

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