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El extraño concepto que tiene el presidente Fernández sobre lo que cuesta la tercera edad a la economía nacional

El extraño concepto que tiene el presidente Fernández sobre lo que cuesta la tercera edad a la economía nacional

(Por: Rubén Lasagno) – Seguramente que los detractores de las críticas a la clase política y especialmente los alabadores del gobierno nacional van a decir “lo sacaron de contexto”. Lo cierto es que las declaraciones vertidas por Alberto Fernández a Jorge Fontevecchia en una entrevista personal de casi una hora (55.56 minutos exactamente), al final del documento en video, a partir del minutos 53, se puede escuchar al presidente dando una clase de economía sobre lo que le cuesta a un gobierno una persona mayor, debido a la natural extensión de la vida del hombre que ha logrado la salud en el mundo.

El problema del presidente fue la forma, las palabras y los tiempos verbales que usó para referirse a la clase pasiva, especialmente, donde, si sacamos lo accesorio del mensaje, queda claro el hecho de que si el hombre vive más, erosiona y destruye la economía de un país como Argentina y la pregunta sería entonces ¿Deberíamos aplicar algún tipo de eliminación automática de los hombres y mujeres ancianos para que el país no sufra tanto desgaste económico?. Claro que no, sin embargo, el presidente se encarga de dejar la duda al respecto.

En los últimos dos minutos del video, Alberto Fernández, refiriéndose al costo que para la economía, significa que el hombre viva cada vez más dijo:

“El mayor problema que tiene la economía es cómo administrarse ante la salud y eso porque la búsqueda de la eternidad es ínsita al hombre, el hombre quiere no morir, quiere vivir el mayor tiempo posible. Y ¿Qué hace la medicina?, cada vez le da más recursos para seguir viviendo ¿Y eso qué provoca?: tiene consecuencias económicas tremendas, porque hace 30 años atrás teníamos que mantener a una persona casi hasta los 70 años y ahora lo tengo que mantener hasta los 85 y trabaja menos gente. Y a su vez, mantener una persona con vida cuesta mucha plata por toda la aparatología, la medicación… eso es ínsito al ser humano la búsqueda de la eternidad y genera enormes consecuencias, pero no es de ahora, es de siempre lo que pasa es que el progreso tecnológico no fue lo suficientemente veloz…El ser humano busca la eternidad y esa búsqueda es muy costosa”.

Dicho así y si el lector escucha este tramo del video, va a encontrar muy convencido al presidente de lo que dice; no hace un planteo teórico, es ideológico y no precisamente humanista.

Fernández alude a que los avances tecnológicos en la salud le dan al hombre la posibilidad de vivir cada vez más y allí considera que esas consecuencias son “tremendas”, un calificativo muy personal el cual lo pone al declarante tomando partido respecto del impacto negativo para la economía de que el hombre viva más. Y después comete una digresión para nada inconsciente, según mi punto de vista, al variar el enfoque de observador que traía hasta entonces y ponerse en primera persona, al indicar  “… porque hace 30 años atrás teníamos que mantener a una persona casi hasta los 70 años y ahora lo tengo que mantener hasta los 85 y trabaja menos gente”.

El presidente asume personalmente que “antes” él aportó con su trabajo para mantener a un pasivo y hoy “lo tengo”, dice, que mantener hasta los 85, lo cual además de egocéntrico, discriminador y siendo el presidente quien lo piensa y manifiesta, traduce una acción valorativa negativa hacia el ciudadano cuando llega a la tercera edad y reconoce que para “él” la gente mayor es una carga que debe sostener, mientras cada vez es menor la base aportante, lo cual eleva el gasto estatal.

Pero cierra la idea con una definición propia de profesor netamente capitalista, lejos del mensaje Nac & Pop utilizado para convencer al electorado de ser derecho y humano, diciendo “Y a su vez, mantener una persona con vida cuesta mucha plata por toda la aparatología, la medicación” un concepto demostrativo de que para el Presidente el ciudadano de la tercera edad enfermo, es una carga irrecuperable para la economía, debido a la demanda de salud que provoca. Si mantener una persona con vida cuesta mucha plata, como dijo Fernández ¿Cuál sería la opción?, pregunta incómoda que el entrevistador no le hizo.

Alberto Fernández tampoco recibió una pregunta clave de parte de Fontevecchia, como sería rever si la clase política, sin aparatología ni medicación, no es mucho más cara, inútil y estéril de mantener, que la clase pasiva, sea el hombre o la mujer que a los 70 años le ha entregado una vida de contribución al Estado, para que una gavilla de parásitos, muchos de los cuales nunca han trabajado en su vida, como el diputado con el cual Fernández co-gobierna, hagan uso y abuso de los fondos públicos sin ningún tipo de contraprestación valorable.

El presidente se lamenta que el ciudadano vive más y la base de sustentación para mantener esos gastos es cada vez  menor, es decir, trabaja menos gente, pero curiosamente Alberto Fernández no aplica el mismo razonamiento para explicar que como Jefe de Estado nunca ha sido su vocación bajar el déficit, por el contrario en estos cuatro meses lo duplicó, reparte plata discrecionalmente (y no es de ahora, con el coronavirus por medio) haciendo honor al populismo que lleva adelante y para mantener ese aparato como un Santa Claus argentino, crea impuestos, aumenta las contribuciones, define corralitos financieros, ataca a los productores del campo y exprime la vaca que está muerta, sin preocuparle, en esta instancia, que la base contributiva sea cada vez menor, que los empresarios ya no pueden más y que Argentina es el país más explotador de la clase trabajadora y productiva con impuestos usurarios, en beneficio de un Estado-elefante que gasta a mansalva, roban los recursos (en estos días con la excusa del coronavirus, sobreprecios en alimentos, medicamentos o los 10 millones de dólares de Kiscilofy no le interesa recuperar el PBI que se robaron sus amigos en la década pasada, donde se la llevaban en bolsos y escondían en cuevas financieras y pozos en la Patagonia. Por el contrario, el gobierno pide y presiona para lograr la libertad de los delincuentes K. Y como si todo esto fuera poco, el populismo encarnado en el gobierno que lidera, solo sabe distribuir planes sociales con diversos nombres pero un solo fin: que la gente trabaje cada vez menos y eso también achica la base contributiva para sostener el sistema endogámico de la política partidaria y la economía populista, donde en vez de apostar a la productividad se apuesta a producir vagos, dependientes y cooptar segmentos de la sociedad que por generaciones no han conocido ni conocerán el trabajo como hecho dignificante.

Para el presidente los viejos son una carga y le cuesta mucha plata mantenerlos. Los vagos, ñoquis y ladrones que forman su séquito y los amigos empresarios, gremialistas y delincuentes de toda laya que pueblan el poder, son “inmensos”, pero hay  una realidad incontrastable: los que trabajan son cada vez menos (lo reconoce el propio Fernández) entonces, está en sus manos la solución expresada en el dilema entre sacarle a la clase política los privilegios y los fondos mal habidos que dilapidan a diario en el país, para ayudar a que los viejos vivan más y mejor o dejar que los  viejos se mueran, para que ya no sean una carga económica de su gobierno y ellos desde el poder, puedan direccionar esos fondos a otros menesteres; el problema es si alguna vez los que contribuyen y son cada vez menos, desaparecen o se cansan. (Agencia OPI Santa Cruz)

Santa Cruz

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