Lula dijo que Bolsonaro “no está calificado como ser humano para presidir un país”

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Jair Bolsonaro busca evitar una sangría laboral con recortes salariales y suspensiones

A horas de que Brasil se convirtiera en el sexto país con más muertes por la pandemia de coronavirus, y en medio de las críticas crisis política por la forma en que el presidente Jair Bolsonaro lidera la crisis, el exmandatario Lula da Silva, en prisión domiciliara tras ser condenado por corrupción, aseguró que el actual jefe de Estado “no está calificado como ser humano para presidir un país”.

En mensajes publicados en redes sociales, Lula afirmó: “Elegimos a una persona que tiene desprecio por las relaciones humanas. Bolsonaro no puede manejar la pandemia porque no cree en ella. Él piensa que Brasil es inmune, mientras que el país puede convertirse en el epicentro del coronavirus”.

Así el líder del Partido de los Trabajadores, en prisión domiciliara desde noviembre después de ser encarcelado el 7 de abril de 2018 por corrupción y lavado de dinero en el marco de la Operación Lava Jato, se metió en la crisis política de Brasil, encabezada por el propio Bolsonaro, que critica a los gobernadores de los estados que decidieron decretar el aislamiento frente a la pandemia y por la alta cantidad de casos.

Desde que el coronavirus se convirtió en pandemia, Bolsonaro insiste en que los gobiernos y los medios de comunicación le dan más importancia de la que merece. El mandatario de derecha ha llegado a decir que el virus es una “gripecita”, que provocará más fallecidos el parate de la economía, que los brasileños son inmunes y que la prensa lidera una campaña para desprestigiarlo, que ese es el verdadero objetivo.

Aún con varios de los funcionarios de su gobierno enfermos, el último de ellos su propio vocero, Bolsonaro tilda al brote más de fantasía que de realidad e incluso todavía desafía las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud de evitar conglomerados de gente. Durante las últimas semanas se mostró en más de una manifestación junto a sus seguidores y sin ningún tipo de protección.

También contra Moro

Lula se refirió además al exministro de Justicia de Brasil, Sergio Moro, el juez que lideró la investigación del Lava Jato que lo llevó a prisión, y lo criticó al calificarlo de mentiroso. El 24 de abril Moro anunció su salida del gobierno luego de acusar a Bolsonaro de querer interferir políticamente en la Policía Federal y así obtener información privilegiada de investigaciones secretas y pese a ahora ser ambos enemigos del ultraderechista insistió: “No sé quién miente más, Bolsonaro o Moro. Moro no tiene carácter. Hasta la fecha, no ha probado las acusaciones que ha hecho contra mí”.

Asimismo Lula lo señaló por generar expectativas entre los brasileños sobre Bolsonaro, por no respetar los deberes que implicaba su cargo y tomar decisiones injustas. “Un día la casa se caerá”, cerró el exmandatario.

Las declaraciones de petista tuvieron lugar el mismo día en que el Tribunal Regional Federal de la IV Región de Brasil le negara por unanimidad el recurso presentado y mantuviera su condena de 17 años de prisión por un delito de corrupción del que fue acusado en segunda instancia por haber recibido sobornos de varias constructoras.

Lula, que siempre defendió su inocencia, fue condenado en noviembre de 2019 a 17 años de cárcel y un mes por corrupción y blanqueo de dinero al considerar la Justicia que había recibido sobornos por parte de las constructoras Odebrecht y OAS, que habrían llevado a cabo las obras de reforma de una propiedad en Atibaia, un municipio en el estado de San Pablo, a cambio de favorecer a estas dos empresas en futuros contratos con la estatal Petrobras.

Ahora el expresidente cumple arresto domiciliario tras salir de prisión luego de pasar casi 600 días encerrado por otra condena, también por sobornos, en el marco de las investigaciones del Lava Jato que encabezó Sergio Moro.

Brasil es el país más afectado en América Latina por el coronavirus, con 126.611 casos y 8588 muertes. Los expertos temen que la situación empeore, especialmente en las favelas, donde viven más de 11 millones de personas en condiciones de hacinamiento. (La Nación)

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