¿El dólar “blue” se mueve al ritmo de la negociación de la deuda?

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En una señal a los bonistas, Martín Guzmán dijo que recién en 2023 habrá superávit

El ministro Martín Guzmán dejó en claro que se negociará después del 22 de mayo. El dólar, expectante.

Por: Daniel Fernández Canedo

El dólar “blue” o paralelo sellaba una baja a $124 casi en el mismo momento en que el ministro de Economía, Martín Guzmán, anunciaba, en una videoconferencia con empresarios de multinacionales estadounidenses, avances en la negociación de la deuda y que el 22 de mayo, supuesto día “D” para llegar a un acuerdo, pasaría a ser “anecdótico”.

Aún en la intimidad de su despacho, el ministro se muestra optimista en torno a la posibilidad de llegar a canjear un porcentaje alto de los US$ 68.000 millones en bonos que están en juego, pero también repite un concepto: la Argentina no puede pagar la deuda en las condiciones actuales.

Sin decirlo abiertamente, el Gobierno dejó en claro que el próximo 22 de mayo no desembolsará los US$ 503 millones por vencimientos de tres bonos globales pero apuesta a que esa falla no desembocará en ser declarado en default. Las negociaciones con tres grupos de bonistas están vivas aún cuando la propuesta del poderoso fondo de inversión BlackRock de esta semana (tiene el 14% del total de bonos) resulta alejada de las posibilidades de la Casa Rosada.

En los extremos, BlackRock quiere que le paguen el equivalente a 60% de valor residual de cada lámina de US$100 mientras que el Gobierno ofreció 40% y ahora está dispuesto a conversar pero no a estirarse tanto.

La expectativa que genera la posibilidad de un acuerdo, santiguado por el Fondo Monetario Internacional que en este caso avala con palabras pero aún sin dinero la propuesta de Alberto Fernández-Martín Guzmán, le abrió una ventana a los mercados que, a su vez, respondieron con rapidez aunque sin estridencias.

Subieron los precios de las acciones, especialmente las de compañías que cotizan en el exterior y los bonos (como consecuencia bajó la tasa de riesgo país), y bajaron los dólares libres, o sea el “contado con liquidación” y el paralelo o “blue”.

¿Responde la baja del dólar al encarrilamiento de la negociación con los bonistas extranjeros? Sólo en parte.

Que el Gobierno logre evitar caer en otro default sería la menos costosa de las soluciones en términos financieros y de posibilidades para una recuperación de una economía estancada hace nueve años, pero sería parcial para explicar una leve baja de la divisa en los últimos días.

Al cerrar en $124 el martes, el dólar “blue” bajaba $5 respecto de la jornada anterior pero marcaba un aumento de 55% desde comienzos de año en un raid caracterizado por incertidumbre y desconfianza respecto de la situación fiscal.

Un dólar de $124 con el oficial que rige el comercio exterior en $67,9 y una “brecha” cambiaria de 80% demuestra mucho más que causas económicas pero sí desfasajes serios que ahora el ministro Guzmán y el presidente del Banco Central, Miguel Angel Pesce​, intentan encauzar.

El tranquilizante cambiario vino, como es tradicional en la cíclica Argentina, con la suba de la tasa de interés a 26,6% anual para los depósitos a plazo fijo de los mayoristas y con la absorción de fondos que está realizando el Tesoro para financiar parte del fuerte aumento del gasto público.

A partir de marzo y en forma casi simultánea el Gobierno proclamaba y bajaba las tasas de interés a la vez que empezaban a emitir una montaña de pesos para atender la crisis del coronavirus y la política de aislamiento obligatorio. La fantasía de que todo sería sin costo duró poco.

Ahora, y después de cruces importantes entre funcionarios del área económica y el Banco Central, cayeron en la cuenta de la necesidad de reconstruir lo que los economistas llaman “una curva de pesos”, que no es otra cosa que darles posibilidades de buenos rendimientos a los ahorristas para que no salgan corriendo a comprar dólares al precio que esté y donde lo encuentre.

La concepción oficial se complementa con su clara inclinación hacia los controles a pesar de haber demostrado en muchas oportunidades su ineficiencia con el correr del tiempo.

Un hecho paradigmático de los controles y la desconfianza argentina se vive con los créditos a tasa subsidiada que el Estado les ofrece a las empresas para que puedan pagar los sueldos ante la caída vertical de la actividad por la cuarentena.

Según datos oficiales, por esa vía les otorgaron $183.000 millones a pymes y empresas de salud, y después esos préstamos alcanzaron a empresas más grandes. La idea era asistir al sector privado ante la caída vertical de la actividad y una eventual baja del empleo.

La decisión se correspondía con la de otros países, especialmente los más desarrollados (por ejemplo, en Inglaterra el Estado se hace cargo del pago del 80% del salario) para preservar a las empresas privadas,

A poco de andar, el Gabinete económico con el brazo ejecutor de la AFIP anunció un esquema de controles por el cual las compañías que reciban esos créditos no podrán ni pagar dividendos, ni recomprar acciones ni hacer operaciones de “contado con liquidación”. En otras palabras, las van a controlar para que no compren dólares con la plata de los préstamos.

Un espejo de una porción de la Argentina en la que el Estado actúa bien en la crisis aunque bajo la idea de que está “salvando” empresas y no salvando su propia recaudación futura y el nivel de empleo. Y, por el otro lado, la imagen de desconfianza manifiesta de todos ante la evidencia de carecer de una moneda que sirva como reserva de valor. (Clarín)

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