Con diez días en cuarentena, se derrumbó la economía

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Por: Francisco Jueguen

La foto es dramática. Pese a que el Gobierno ya comenzó una flexibilización del aislamiento obligatorio, la economía argentina -que ya arrastra dos años de recesión- sufrió un durísimo golpe en marzo pasado tras haberse paralizado durante un tercio del mes debido a la cuarentena obligatoria por el coronavirus.

El Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) de ese mes adelantó una caída interanual de 11,5% ya desde un muy bajo nivel. Se trata del peor mes de marzo para la actividad desde 2002. La baja mensual desestacionalizada fue además de 9,8%, la mayor caída en este indicador desde que comenzó esta medición del Indec, más que duplicando el piso previo de abril de 1995 (-4,3%). Luego de estos números, la actividad económica acumula en el año un retroceso de 5,4%.

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Tal situación ya había sido prevista por indicadores vinculados a la industria, la construcción y el comercio exterior (importaciones de bienes de capital), entre otros, que mostraron un freno de la economía ese mes. Tanto el Gobierno como analistas privados ya descuentan que el dato de abril será peor.

De los 15 sectores que contempla el EMAE, un anticipo del dato del PBI, 14 mostraron caídas. La peor fue para la Pesca (-48,6%), pero por su importancia en la economía y por su peso en el índice, el mayor derrumbe se vivió en la Construcción (-46,5%). El Comercio Mayorista y Minorista también retrocedió interanualmente 11,2%, y la Industria Manufacturera, un 15,5%.

Un informe elaborado por el Centro de Estudios para la Producción (CEP), publicado ayer por el Ministerio de Desarrollo Productivo, estimó que a comienzos del año, hasta la llegada de la pandemia al país, la economía mostraba “señales de reactivación económica”, más bien una estabilización, de forma heterogénea. Sin embargo, la construcción -sector que derrama en el resto de la economía- aún anclaba, creen en el oficialismo, un mayor dinamismo. Esta estabilización venía, según la visión oficial, gracias a las mejoras en los ingresos de los deciles menos favorecidos de la sociedad que impulsó el Poder Ejecutivo.

“Los efectos económicos de la pandemia empezaron a sentirse con fuerza durante marzo en muchos países -entre ellos la Argentina- y todavía más en abril”, indicó el documento del CEP. Según agrega, el porcentaje de empresas con una caída mayor al 30% en su facturación real interanual entre mediados de marzo y abril llegaba al 67% en el sector de Recreación y Cultura; el mismo porcentaje en Hoteles y Restaurantes; un 57% en la Industria; el 55% en Transporte y Almacenamiento; 51% en Comercio, y un 46% en la Construcción.

En ese contexto, casi un tercio del total de empresas en la Argentina (247.000) debieron acogerse al Programa de Asistencia de Emergencia del Trabajo y la Producción (ATP) para poder pagar parte de los salarios a sus trabajadores, según Desarrollo Productivo. Justamente, hoy la AFIP informó que había extendido durante cinco días la inscripción a la nueva etapa del programa (se prorrogó durante mayo). Los empleadores podrán hacerlo hasta el 26 de mayo.

Sin embargo, este mes comenzó a verse cierta reactivación gracias a la flexibilización de la cuarentena en varias provincias, incluso en el ámbito metropolitano. “Todo indica que los cuarenta días comprendidos entre el 20 de marzo y fines de abril fueron el piso de la actividad económica y que en mayo gradualmente la producción se está reactivando”, indicó el CEP. Esta semana, por caso, varias terminales como Volkswagen o Toyota comenzaron su producción en el Gran Buenos Aires. Lo mismo pasó con Acindar en La Matanza, entre otras.

Sin embargo, la semana pasada -y ante los dichos de las autoridades- ya había cundido cierto pánico entre los industriales bonaerenses, sobre todo, por la posibilidad de que una segunda ola de contagios impulsara al gobierno de Axel Kicillof a dar marcha atrás y cerrar la actividad económica. Cerca de Augusto Costa, ministro de Producción bonaerense, estimaban que este temor era fundado.

Cerca de Kulfas, en tanto, contaron que el Gobierno irá “calibrando” la situación de acuerdo a lo que vayan mostrando los datos epidemiológicos. “Vamos a monitorear continuamente. Tenemos planes de salida desde que comenzó la cuarentena. Ahora se amplían. Si se empeora se restringirá la circulación. Pero el contagio en la actividad productiva es muy bajo”, dijeron.

Según el centro de estudios dirigido por el sociólogo Daniel Schteingart, pero que depende de Matías Kulfas, “el camino a la normalización” también se puede observar en la creciente demanda de energía eléctrica en la industria y de combustible (se triplicó este mes). “Según Cammesa, la demanda energética de las grandes firmas productoras de materiales para la construcción cayó 93,7% en la semana posterior al 20 de marzo”, indicó y estimó: “Hoy esa caída, comparada contra la semana previa a la cuarentena, es del 34,9%”.

Un semáforo de la producción, elaborado por Desarrollo Productivo, indicaba en rojo a las actividades industriales, principalmente, entre las que se cuentan la siderurgia, el aluminio, automotriz, minerales no metálicos, maquinaria y equipo, molienda de oleaginosas, productos textiles, otros alimentos, pero también al turismo o noches de alojamiento en hoteles.

Mostraban menos golpeadas (en color amarillo) a la refinación de petróleo, los químicos y la producción de vinos; y sobreviviendo a la pandemia (aún en verde) a la producción de medicamentos; carne vacuna; galletitas, pastas y panificados; y agroquímicos. En este reglón aparecían también otras actividades, como los servicios profesionales que pudieron adecuarse al teletrabajo, pese a que en el Gobierno admitieron que la caída en la economía es global, porque -incluso para esos sectores- hay menos clientes y dificultad para cobrar.

“La actividad económica mostró ligeras expansiones en octubre y en diciembre del año pasado, dejando el piso de la recesión para el mes de septiembre 2019. Este contexto de recesión prolongada, es el escenario base para la fuertísima contracción que trajo la cuarentena por el Coronavirus”, indicaron Nadín Argañaraz y Bruno Panighel, analistas del Iaraf en un informe.

“El nivel de producto observado en marzo fue igual al observado en abril 2007. Sumando la caída potencial de abril se volvería incluso más atrás en términos de actividad económica”, señalaron y estimaron: “Es posible una recuperación rápida al salir de la cuarentena si el tema deuda se soluciona, es clave que el piso se encuentre rápido para que la recuperación sea lo más rápida posible. En este sentido, difícilmente haya recuperación en V y es esperable que recién en 2022 se logre recomponer el nivel de actividad previo a la pandemia”.

“Fue muy duro el golpe”, afirmó a LA NACION Gabriel Zelpo, economista de la consultora Seidó. “Particularmente, porque sólo fue parcial la cuarentena en marzo. Abril va ser mucho peor. Y la pregunta es cómo lograremos recuperarnos de semejante caída. No creo que sea sencillo. No vamos a volver al nivel pre Covid-19, que ya era bajo, por un buen tiempo”, agregó y alertó que no sería difícil que se pueda agregar a esta situación “otra crisis cambiaria”.

“La caída es significativa y se agrega a la que se venía viendo desde febrero”, sostuvo el economista Gabriel Caamaño Gómez de la consultora Ledesma. “Es probable que abril muestre una caída contra el mes anterior en torno al 20% o más. El acumulado del primer trimestre contra diciembre estaría un 33% abajo. En el primer cuatrimestre, te comiste un tercio del nivel de actividad del cierre de 2019. En mayo ya hay una flexibilización de la actividad, y por lo tanto, mostraría alguna recuperación desde el décimo subsuelo”, cerró. (La Nación)

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