Alarma en Francia por el impacto laboral de la pandemia de coronavirus en los jóvenes

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Francia y Alemania extreman las medidas de restricción

Son los menos castigados en términos sanitarios. Pero las consecuencias económicas para ellos pueden ser devastadoras. El Gobierno estudia ayudas para la generación más golpeada por la crisis.

En términos de salud, la Covid-19 apenas ha afectado a los jóvenes, pues el coronavirus se ha cebado en los más mayores. Pero el impacto económico y social de la pandemia amenaza con ser devastador para la generación que está acabando ahora sus estudios y prevé entrar pronto en el mercado laboral. En Francia preocupa mucho este problema y el Gobierno estudia ya medidas específicas para ayudar a los jóvenes a superar esta difícil coyuntura.

La experiencia de crisis anteriores, como las del 2008 y 1993, muestra que los jóvenes pagaron un precio alto. Esta vez se dan unas condiciones aún más brutales, sin precedentes. Muchas empresas han suspendido sus programas para jóvenes diplomados, sus contratos de aprendizaje o simplemente los empleos temporales y los stages de prácticas y formación. Han quedado anulados concursos y oposiciones. El diario Le Figaro, el de mayor difusión, dedicó al asunto tres páginas y su editorial de portada, donde habla de “una generación sacrificada”.

Unos 700.000 estudiantes acaban este año su carrera. Lo hacen en una situación excepcional, sin asistir presencialmente a clase ni vivir el ambiente universitario. Eso no solo es un inconveniente académico sino también psicológico. Algunos temen, probablemente por un exceso de inquietud, que los títulos logrados en el 2020 queden un poco devaluados.

El ministro de Economía y Finanzas, Bruno Le Maire, ha asegurado que “el acceso al empleo de los jóvenes es una cuestión absolutamente vital que deberá ser una de las prioridades del plan de recuperación”. El ministro aludía a los 500.000 millones de euros de ayudas de la Unión Europea a los sectores y regiones más afectados, un ambicioso plan presentado la semana pasada por el presidente Emmanuel Macron y la canciller Angela Merkel que debe ser aprobado por los Veintisiete. “Es necesario tener en cuenta la angustia de centenares de miles de jóvenes que se aprestan a comenzar en la vida sin ninguna perspectiva –agregó el ministro–. Hay que dar un futuro a esos jóvenes que encontrarán las puertas cerradas en el mercado de trabajo en septiembre, pues un país que no da esperanza es un país muerto”.

Las graves consecuencias de la pandemia en la joven generación serán un problema europeo y global, no sólo francés. Desde hace años, existen análisis en Estados Unidos según los cuales los graduados universitarios que se han incorporado a la vida laboral en periodos de crisis han tenido ingresos inferiores a la media durante periodos prolongados, de hasta 10 y 15 años, o incluso más.

Otros estudios, sin embargo, como el que mencionaba recientemente la Harvard Business Review , coincidían en los menores ingresos pero destacaban, paradójicamente, que quienes han empezado a trabajar durante una recesión han sido más felices en sus empleos porque han apreciado mejor sus ventajas y se han sentido agradecidos.

El debate sobre los daños económicos y sociales de la pandemia convive en Francia con la polémica interminable en torno al uso de la hidroxicloroquina para curar a los enfermos de la Covid-19. El profesor marsellés Didier Raoult, un gran defensor de este medicamento, arremetió en términos muy duros contra el estudio internacional publicado por la revista científica The Lancet que alertaba de la ineficacia y los graves efectos secundarios del fármaco.

Raoult colgó un vídeo en la web del Instituto Hospitalario Universitario (IHU) de Marsella en el que recordó que ha tratado a cerca de 3.600 pacientes de Covid-19 con hidroxicloroquina y un antibiótico, y que este método ha causado una mortalidad de solo el 0,5%, “la más baja del mundo”, según sus palabras.

El microbiólogo dijo que no cambiará su actitud por un estudio que considera muy poco serio y que se halla tranquilo ante la conjunción de “querellas científicas, políticas y publicitarias” que están agitando el debate. (Clarín)

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