El Gobierno se prepara para encarar la “última milla” con los bonistas

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Martín Guzmán les respondió a los bonistas: "No se puede ofrecer más"

Por: Francisco Jueguen

“Esto se define en el último minuto”, dice un hombre vinculado a la reestructuración de la deuda argentina emitida bajo legislación Nueva York. Sin embargo, el ministro de Economía, Martín Guzmán, no deja nada librado al azar. Por eso, embarcado aún en charlas contra reloj con los acreedores privados del país, su equipo ya se prepara para la presentación de la nueva oferta, o para lo que bien podría definirse como la “última milla” en la negociación por la deuda.

Los tiempos administrativos ya están marcados en el calendario. El viernes cierra la tercera prórroga pedida por el Gobierno para acercar las posiciones con los tres comités de bonistas y los fondos de inversión con los que Guzmán busca acortar las brechas existentes.

Esa negociación será una referencia para los demás bonistas de títulos elegibles por hasta casi US$69.000 millones. Son los llamados “minoritarios”, quienes son -en rigor- más que los representados por los comités. Estos últimos, con más espalda, son en cambio la referencia. Una vez embarcados estos en un acuerdo, el HSBC y el Bank of America (los bancos que representan al país) verían facilitado su trabajo de arrastrar a los demás.

Todo es tan prematuro que sólo hace unas horas se firmaron los acuerdos de confidencialidad o non disclosure agreement (NDA, según las siglas en inglés) para afinar los números. La brecha entre las posiciones que mantienen las partes podría superarse, según surgió en las últimas horas, con un bono condicionado a una variable de la economía o value recovery instrument (VRI, según las sigas en inglés). Esa variable serían las exportaciones.

Esa opción no cambia los flujos originales previstos por Guzmán y mantiene, según los cálculos del equipo económico, el objetivo de lograr la sustentabilidad de la deuda pública, pero les ofrece, a su vez, un “endulzante” a los acreedores si efectivamente crece la capacidad de pago del país. Sin embargo, todavía es algo que los fondos más duros se niegan a aceptar. Blackrock, Ashmore y Fidelity, entre otros acreedores a quienes esa idea no agrada, buscan un flujo mayor, estable y seguro en el tiempo.

Si las conversaciones comienzan a encaminarse hacia buen puerto, tres fuentes confiaron a LA NACION que aparece la posibilidad de un desdoblamiento entre anuncio y formalización de la enmienda a la oferta original que presentaría el ministro de Economía. “Puede ser la presentación el viernes y la formalización después del fin de semana”, adelantan sin confirmar.

No sería una novedad, aunque el timming de la primera presentación fue más ajustado. La presentación en la Quinta de Olivos fue el jueves 16 de abril y el “filing” ante la Comisión de Valores de los Estados Unidos, (SEC, según las siglas en inglés), un día más tarde. “Todo se definirá a último momento”, vuelven a repetir los negociadores oficiales.

¿Habrá una presentación de la enmienda -o nueva oferta- con un acto similar al que se realizó en la Quinta de Olivos, con gobernadores y la vicepresidenta, Cristina Kirchner? “No creo que haya que hacer un acto para presentar una oferta a los bonistas”, dicen en la Casa Rosada.

“Supongo que será un acto administrativo del Ministerio de Economía. Lo de abril no fue un acto de presentación de oferta. Fue una reunión que queríamos hacer con Alberto y Cristina y todos los gobernadores desde hacía rato, y de paso el buscar el apoyo de todas las provincias a la negociación, más allá de cuál fuere la oferta”, precisaron a LA NACION. El Presidente tiene previsto viajar a Catamarca el último día de la semana, según su agenda actualizada a hoy.

Ese desdoblamiento entre presentación y “filing” abre un minúsculo espacio de negociación para detalles de último minuto, pero también amplifica levemente, en uno o dos días, el período de diez días que se abrirá una vez que el Ministerio de Economía presente su enmienda en la SEC. Cada hora sirve a Guzmán para acercar al país a un acuerdo favorable y evitar el default, más allá de la cesación de pagos selectiva en la que ingresó el país el 22 de mayo último.

La oferta original implicaba una reducción en la carga de intereses de 62% (US$37.900 millones), un alivio en el stock de capital del 5,4% (US$3600 millones) y un período de gracia de tres años. Eso significaba que el Gobierno no tendría que hacer pagos hasta 2023. Ese año, el país empezaría a abonar un cupón promedio -una tasa de interés- de 0,5%. El mismo iría creciendo a niveles “sostenibles” y el cupón promedio rondaría finalmente el 2,33%.

Cuando presentó más detalles, Guzmán aclaró que de su oferta inicial surgía una estructura de bonos amortizables con tasas escalonadas, quitas de capital por bono que iban de entre 12% y 18% para los papeles más cortos según la moneda, un esquema de “opcionalidades” para elegir los nuevos papeles y diluir el poder de los bonistas y vencimientos hasta 2047.

Con el tiempo y el avance de las negociaciones, la propuesta del Gobierno mutó, aunque aún sin una presentación formal ante la SEC. El Gobierno prácticamente eliminó las quitas de capital y bajó de tres a dos años el período de gracia, uno de los temas más debatidos junto con el reconocimiento de los intereses corridos en el período de gracia, entre otras mejoras aplicadas. De la misma manera, por lo menos dos grupos de bonistas acercaron una propuesta que consideraban sustentable y que ofrecía un alivio de hasta US$36.000 millones en nueve años. Fue calificada por Guzmán como un avance “insuficiente”. (La Nación)

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