Brasil: varias ciudades retrocedieron en la flexibilización y Brasilia declara el estado de “calamidad pública”

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Brasil registró otras 1.473 muertes y superó a Italia como tercer país con más fallecidos

Belo Horizonte, Porto Alegre y al menos cuatro municipios de San Pablo retrocedieron en la en la apertura de las cuarentenas por un brutal aumento en el número de infecciones y fallecimientos por Covid-19.

Por: Guido Nejamkis

Aumento brusco de muertes y contagios, y unidades de terapia intensiva al límite de la capacidad. Ese fue el resultado de la prematura reapertura de actividades en varias ciudades de Brasil, como Belo Horizonte y Porto Alegre, que permitieron, pese a las altísimas tasas de transmisión del coronavirus en el país, el funcionamiento de comercios y actividades no esenciales.

El reinicio de las actividades, decidido por derrumbes en la recaudación de impuestos y presiones de empresarios y trabajadores desesperados, no llevó a una recuperación del consumo, totalmente deprimido por la pandemia y que siguió en caída libre, pero sí disparó el número de contagios y muertes en hasta cinco veces en pocas semanas.

En el estado de Minas Gerais, en la rica región sudeste del país y segundo en población después de San Pablo, la flexibilización tuvo como correlato un aumento exponencial de la ocupación de camas en las unidades de terapia intensiva, hoy en torno al 90%.

El gobernador Romeu Zema, un ultraliberal de buena relación con el presidente Jair Bolsonaro que había inicialmente logrado mantener bajo control la propagación del virus mortal, dijo que “él éxito se terminó”.

En la semana entre el 19 y el 26 de junio, Minas pasó a 833 muertes desde 600, aumentando las posibilidades de un estrangulamiento total en el sistema de salud en julio, según reconoció el propio mandatario regional.

La situación llevó al alcalde de la capital estatal, Belo Horizonte, a retroceder a la fase que permite apenas el funcionamiento de servicios esenciales.

Brasil es el segundo país en el mundo con más muertos e infectados por el nuevo coronavirus, sólo superado por Estados Unidos.

El gobierno del presidente Jair Bolsonaro, que minimizó los riesgos de la pandemia y boicoteó los esfuerzos de alcaldes y gobernadores para el cumplimiento de cuarentenas estrictas en sus distritos, está hace casi dos meses sin ministro de Salud, cargo para el que colocó interinamente a un general.

El ex ministro de Salud Luiz Henrique Mandetta, despedido por Bolsonaro en abril en medio desacuerdos por las medidas de distanciamiento social, denunció que el Ministerio de Salud se encuentra “bajo ocupación militar”. Un juez de la corte suprema, incluso, debió obligar a esa cartera a restaurar el sistema informativo sobre el Covid-19 en medio de sospechas y denuncias sobre manipulación de datos.

En el sur de Brasil, Porto Alegre, que había permitido reabrir actividades, volvió atrás por las mismas razones: un aumento brusco de muertes y contagios, verificados a partir del día 14 de reapertura. La capital de Rio Grande do Sul determinó la restricción de actividades luego que el estado sureño, fronterizo con Argentina y Uruguay, alcanzara la semana pasada un récord de 25 muertos en 24 horas.

Así, el alcalde de Porto Alegre, enfrentando un aumento de cinco veces en el número de internaciones en unidades de terapia intensiva, retornó al modelo de cuarentena estricta que había decidido en marzo y ordenó el cierre de todos los establecimientos no esenciales.

“La velocidad del crecimiento exponencial de la demanda por camas de terapia intensiva nos lleva a volver a niveles aún más restrictivos”, dijo el alcalde Nelson Marchezan Junior, que pese a la grave situación sanitaria está recibiendo críticas de comerciantes y empresarios por su decisión.

También en el sur del país, en el estado de Santa Catarina, la ciudad de Blumenau, una de las primeras en permitir la apertura de shoppings y todo tipo de comercios, asistió a una explosión de casos de Covid-19 en las últimas semanas.

La adopción de medidas más rígidas también se repite en municipios del estado de San Pablo (que concentra el mayor número de infectados y fallecidos del país, con 280.000 contagiados y casi 15.000 muertos) debido al aumento del número de hospitalizaciones y decesos, como fue el caso de Araraquara, Bauru, Barretos y Presidente Prudente.

Los cuatro municipios habían abierto shoppings, bares, restaurantes, oficinas y hasta peluquerías, siguiendo autorizaciones del gobierno regional que rigieron cerca de un mes. En algunos casos las hospitalizaciones aumentaron más de 180%.

En el Distrito Federal, que alberga a Brasilia, el gobernador Ibaneis Rocha, quien bregó en la justicia para permitir la reapertura de shoppings y otros comercios no esenciales que jueces de primera instancia bloquearon, declaró este lunes estado de calamidad pública debido a la pandemia.

Brasilia y sus ciudades vecinas registraban hasta la noche del domingo 548 muertes y casi 45.000 contagiados.

Según denuncias de médicos, el Distrito Federal tiene su sistema de salud al borde del colapso. En la capital brasileña, pese a la reapertura de centros comerciales, la mayoría de los locales de venta de artículos no esenciales permanecían vacíos.

La declaración de calamidad pública permitirá a Brasilia recibir más recursos del gobierno central y realizar compras de insumos y contratar servicios sin licitación.

En la ciudad de Río de Janeiro, en tanto, el índice de aislamiento está en mínimos desde el inicio de la cuarentena y el alcalde Marcelo Crivella, un pastor evangélico aliado de Bolsonaro, decidió anticipar la reapertura de comercios y anunció hasta la reactivación de gimnasios y del fútbol profesional.

Allí, la tasa de transmisión del coronavirus viene aumentando sostenidamente hacia niveles altos, según constató un estudio reciente de la prestigiosa Universidad Federal de Rio de Janeiro (UFRJ). Los infectólogos que realizaron el estudio pidieron rever las decisiones de reapertura, que se basaron en criterios “no científicos”, dijeron.

En Río de Janeiro el Covid-19 ya mató más que gente que la violencia registrada en todo el 2003, el año más violento de la historia registrado en la ciudad. (Clarín)

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