sábado, agosto 15, 2020
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UN DELIVERY AÉREO EN TIEMPOS DE NEVADAS EN SANTA CRUZ

UN DELIVERY AÉREO EN TIEMPOS DE NEVADAS EN SANTA CRUZ
Uno de los vuelos en pleno invierno de Daniel Herlein – Foto: Archivo

(Por Rubén Lasagno) – Después de muchos años, donde el clima fue bastante benigno en Santa Cruz, el invierno de este 2020 trajo viejos recuerdos y problemas derivados de la acumulación intensa de nieve en rutas y caminos, pero muchos más significativo en lugares como las bellas estancias patagónicas que lucen como sacadas de un cuento en época de verano y literalmente sepultadas de nieve en inviernos crudos como éste que está transcurriendo, o la recordada nevada del año 1995 o la del 2000, solo por recordar las más copiosas que trajeron pérdidas invaluables para la gente de campo y fueron de fuerte impacto para la economía provincial.

Por este motivo y teniendo en cuenta las crudas noticias de estos últimos días, hoy más aceleradamente difundidas gracias a los medios tecnológicos, las cuales dan cuenta de guanacos que mueren presa de la nieve, las ovejas que sin pasturas y aisladas en los campos perecen producto del frío y la deshidratación, consideramos oportuno remontar viejas historias (aunque no tan lejanas) de algunos pequeños héroes anónimos, aquellos que siempre están presentes en los desastres y con ingenio, esfuerzo y sacrificio, suelen sustituir o suplir la falta de medios y transformarse en el único nexo que les queda con la vida, a quienes padecen el aislamiento, el frío y la inmovilidad en medio de los extensos campos santacruceños en medio de las fuertes nevadas que caen en estas latitudes. Estos hombres, a pesar de todos los impedimentos naturales y de otro tipo, suelen ingeniárselas para asistir a los desvalidos, cuando la nieve arrecia, los temporales acumulan más de 1.20 mts en rutas y caminos y tapiza de blanco los campos, haciendo irreconocible el lugar, transformándose en una tumba para quien ose desafiarla. 

En ese momento, cuando el tránsito terrestre es imposible y no hay forma de llegar a los necesitados, aislados por meses en medio de la nada misma, lo que implica la muerte segura de familias en el Santa Cruz profundo, aparece la única opción: llegar por el aire y abastecer a quienes no podrán sobrevivir sin esta actitud altruista de quienes ponen en riesgo su vida para proveerles de insumos mínimos, a fin de atravesar la emergencia.

De cazador de barcos a bombardero de alimentos

Nuestro personaje es el mismo que cazaba barcos, pero el escenario es distinto. Previamente habíamos citado al ex piloto de la FAA Daniel Herlein, como aquel temerario que se arrojaba con su avión sobre los barcos pesqueros ilegales, para obtener su posicionamiento en el mar y fotografiar su nombre y las artes de pescas, a fin de que las autoridades le labraran, al depredador, la infracción correspondiente. Hoy, el mismo hombre, cuenta una historia distinta, pero no menos emocionante y tan importante como aquella: cómo abastecía desde el aire de alimentos y otras necesidades, a personas y familias enteras que en épocas de la gran nevada del 2000, quedaron por meses aislados en campos y parajes donde ningún ser humano podía llegar por vías terrestre.

Transcurría el día 30 de junio del año 2000 y desde la gran nevada de 1995, no se tenía registro de algo parecido. La diferencia es que en el 95 el mayor problema se vivió en la zona centro-sur de la provincia, en el 2000 la zona centro/norte fue la más afectada.  

En el 2000 Santa cruz estaba bajo un manto blanco que en algunas partes había borrado, literalmente, el árido paisaje patagónico de la meseta central, sustituyéndolo por una impresionante sábana blanca que todo lo cubría. “Desde el aire el paisaje había desaparecido como lo conocíamos; la infinitud y el monótono del blanco, causaba impresión, era como estar volando en otro mundo, en un planeta blanco donde la vida estaba borrada y desde el aire nos daba la sensación que nunca encontraríamos vida, el avión, como cuando se sobrevuela sobre el mar, parecía que no avanzaba, se habían borrado los puntos de referencias terrestres. Ni siquiera podía pensar que si nuestra máquina se precipitaba o debiéramos aterrizar por una emergencia mecánica, estaríamos perdidos. Tampoco llevábamos sky en el tren, por lo tanto bajar allí  solo era posible arrastrando la panza y encomendándose a Dios”, así describía Daniel Herlein aquella experiencia inédita que vamos a relatar.

Ese mismo día 30 de junio se acercó a mi casa el entonces Director de Defensa Civil, José Luis Gómez, y me pidió que urgentemente voláramos a la localidad de Gobernador Gregores (unas 170 millas al noroeste de Río Gallegos) , para lanzar comida desde el avión a diez estancias que no tenían reserva porque en treinta días la nevada les había cerrados los caminos y cortado todo tipo de comunicación terrestre. Era impresionante como la nieve había cubierto todo los campos, no se distinguían los caminos ni los alambrados, no se veían los carteles, estaban tapados los arbustos, los peñascos y las plantas más bajas. Solo despuntaban en un mar de nieve, los postes que llevaban luz y teléfono y algunos de ellos, también se veían bastante recostados por empuje del hielo y la presión que producía la nieve”, detalló el piloto, recordando cómo había empezado todo y cómo lo veía desde su pequeña aeronave.

Helein recuerda que le explicó a Gómez, que su avión, un Pipper Azteca 250 E máquina bimotor con capacidad para un piloto y cinco pasajeros, velocidad máxima de 340 kms/h y una autonomía para 1.200 millas, alrededor de 1.900 kms, aproximadamente, no estaba adaptado para largar cargas y menos del porte que significaba hacer caer bultos con comida, medicamento y agua que pesaban aproximadamente 25 kilos cada uno. Con la pequeña ventanilla que tenía la máquina, solamente podría llegar a lanzar un paquete de galletita pequeño y una botella de agua de medio litro. No era capacidad suficiente como apara asistir a nadie en condiciones de aislamiento y peligro de inanición.

UN DELIVERY AÉREO EN TIEMPOS DE NEVADAS EN SANTA CRUZ
Uno de los vuelos en pleno invierno de Daniel Herlein – Foto: Archivo

Teníamos que ver cómo podíamos resolver aquel impedimento técnico que no nos permitía cumplir la misión: abastecer de comida a las personas aisladas en los campos”, recordó Helein y agregó “En el aeropuerto de Rio Gallegos, nos juntamos con Rubén Echavez, otro amigo integrante del grupo de rescatistas de la Dirección de Defensa Civil y mi amigo mecánico de avión, Jorge “el negro” Magallanes, a quienes nos mueve el mismo espíritu aeronáutico; solamente nos diferencia que a él no le gusta el frio y debe ser por eso que lo he visto tantas veces en esas madrugadas ultra frías de nuestra provincia, peleando más por el clima que por el avión. Hoy dirige la batuta de los mecánicos en Aviaser, de San Fernando (provincia de Bs As)” dijo dándole un marco a la anécdota, cuyos responsables viven hoy dedicados a otras actividades menos riesgosas.

Recuerda Herlein que el desafío de adaptar el avión como máquina de abastecimiento, por el escaso tiempo que tenían para salir, no ameritaba cálculos matemáticos de volumen ni había tiempo material para someter al fuselaje del Pipper a una readecuación por parte de ingenieros aeronáuticos. “La cosa debía ser más simple, más casera, ciertamente improvisada y la teníamos que hacer nosotros. Y para eso no éramos muchos, pero lo suficientes para destrozar en pocos minutos lo que tanto laburo les dio a las mesas de diseños de Pipper Aircraf en EEUU, construir una máquina estable, balanceada, confortable para cinco pasajeros y un fuselaje con un alto índice de resistencia… y tal vez fue esto lo que nos permitió canibalizarlo para transformarlo en el primer avión delibery del país, en épocas de emergencia social”, recordó.

A raíz de ello se retrotrajo mentalmente a esos días donde cada minuto era crucial para que alguien muriera por congelamiento, hambre o deshidratación en algún campo nevado de Santa Cruz “Comenzamos la tarea de ver como podíamos lanzar más carga y decidimos aplicar nuestra “tecnología aplicada”: sacamos todos los asientos y accedimos directamente a la puerta de la bodega trasera para transformarla en una escotilla desde la que pudiéramos arrojar los alimentos”.

Después de tirar los asientos afuera, empezamos con la tarea de contrariar a los ingenieros de la Piper y ver como implementar un mecanismo para abrir la puerta de la bodega, desde adentro”, señaló Herlein recordando el esfuerzo que le demandó la tarea “No le costó mucho al “negro” Magallanes darse cuenta que sacando el tapizado, se podía colocar una cuerda que accionada desde adentro lograra abrir el dispositivo que nos iba a permitir lanzar la carga, no tan cómodamente como hubiéramos querido, pero con efectividad y volumen. Claro, para eso se necesitaba un “asistente” de escotilla y el número estaba muy reducido. Yo piloteaba, otro que aún no teníamos decidido alcanzaría los bultos y el único que sería asignado a la tarea de manejar el ingenio, no era difícil averiguarlo”.

Logrado el objetivo de habilitar la puerta de la bodega como ventana de expulsión de los bultos, debían probar esta suerte de modificación interna al fuselaje y fundamentalmente si la puerta abría en vuelo, pues la presión del viento la cerraba indefectiblemente. Esto ameritaba, entonces, una prueba real del ingenio: había que probar el sistema en vuelo y ver si efectivamente a 300 pies de altura (unos 90 metros de techo), el sistema funcionaba como preveían. 

Fue así que para hacer la prueba, decidimos aprovechar la larga pista del aeropuerto de Río Gallegos y sin meternos en las nubes, que ese día tenía un techo muy bajo, chequeamos el dispositivo”, señaló el piloto, tras describir cómo habían resuelto la logística técnica dentro del avión “Rubén Etchaves estaba “cuerpo a tierra” en el piso del fuselaje al lado de la puerta para accionar una soga que habíamos conectado al sistema de cierre de modo que al tirar de ella la compuerta se abriera. Y fue muy lindo y emocionante cuando apenas despegamos del piso, Rubén me dice “¡Se puede abrir bien!. El aeródromo esta a 300 pies de techo y lloviendo”. Inmediatamente volví a aterrizar en lo que quedaba de la larga pista, sin siquiera rozar las nubes”.

Salir sin demora

La decisión estaba tomada. Los improvisados navegantes de Pipper Azteca junto al intrépido piloto hicieron full combustible (tanque lleno) y también dos tanques auxiliares agregados que extendían la autonomía del Pipper Azteca, tras lo cual la máquina decoló de Río Gallegos y con una temperatura de 18 grados bajo cero el morro de la máquina puso proa al centro-norte de la provincia; destino: Gobernador Gregores. El viaje les permitía ver a sus pies, a los dueños del delibery aéreo, el gran obstáculo a batir: la nieve, que en algunos tramos superaba el 1.20/1,40 mt de altura.

Llegamos a Gobernador Gregores y nos estaban esperando personal de la municipalidad con el intendente Héctor Espina, al frente”, indicó Herlein y prosiguió relatando “Teníamos que lanzar 500 kilos de alimentos en diez estancias, dos paquetes de 25 kg en cada una, pero el avión nos permitía llevar paquetes para cinco lanzamientos por vuelo, es decir 10  paquetes con unos 250 kg, los cual nos limitaba el espacio, hasta incluso en la cabina”.

Prosigue el relato señalando que tras ajustar los últimos retoques a la Operación delibery, Héctor Espina (Intendente), Rubén Etcheves y el piloto, cargaron los alimentos empaquetados y los tres subieron al avión, acomodándose como podían, debido al estrecho margen que les daban los bultos, en ese momento la carga de mayor valor que llevaba el Pipper.

Comenzamos a carretear con el Azteca junto a Rubén Etchaves que iba cuerpo a tierra cerca de la puerta, es una posición bastante incómoda para volar, pero necesaria para cumplir la misión específica que se había determinado para él, la de abrir la puerta y tirar los paquetes.  El intendente Espina estaba presto a alcanzarle los paquetes y ayudarle a tener la puerta y yo al mando de los controles del avión, nos constituimos en la tríada de locos que iniciaban la primera travesía inédita en la aviación patagónica y me animo a decir, en el país, en tiempos de emergencia climática”.

Había que salir volando…

La remontada del Pipper Azteca es una historia en sí misma. Había tanta nieve acumulada a los costados de la pista de despegue, tanto hielo formado por las crudas heladas que sucedían a cada nevada, que se formaban altas paredes solidificadas y montículos duros de más de 2 metros de nieve, que impedían la maniobrabilidad de la máquina, en un lugar de la provincia donde el termómetros estaba por debajo de los 20 grados negativos de temperatura.

La temperatura interior de la máquina estaba regulada por un equipo autónomo de calefacción que tenía el avión, pero a juzgar por la cara de los tripulantes, el frío reinante no se sentía en su real magnitud. La incertidumbre de cómo podrían completar la misión y las condiciones en que debían volar, le elevaba aún más la adrenalina. “Rubén, el más incómodo, no dejaba de repetir como aliento casi obligado “¡Vamos, vamos, arranquemos!”, recordó Herlein, voz que escuchaba casi como una letanía desde la parte baja de la cabina, mezclado con el ruido de la aceleración de los motores y el creciente temblor de la carrocería del bimotor.

Para no privarse emociones, cuando Herlein llevó la máquina por la pista de hielo, para ponerla en situación de despegue, al ingresar a la calle de despegue, el avión rozó los planos inferiores de las alas con nieve acumulada en los costados de la pista. 

El ruido áspero y desagradable; recorrió por un segundo la estructura de la máquina. Adentro, el único imperturbable era el piloto, quien mantenía comunicación con la torre. Sus pasajeros cruzaron miradas, pero el fragor endemoniado de los dos motores evitó cualquier comentario y al segundo de ocurrido el incidente, todos habían vuelto a concentrarse en lo suyo, mientras con saltos y vaivenes propio de una danzarina en pista de hielo, el Pipper Azteca tomó velocidad y atravesado en relación a su vector, despegó el tren del piso helado y se dirigió hacia el bajo techo de nubes que cubría un cielo tan vasto como uniforme.

Iniciamos el vuelo hacia las estancias y lo primero que hicimos era establecer dónde y con qué rumbo lanzaríamos los paquetes”, recordó el piloto. “El lugar tenía que tener nieve sin obstáculos y además permitirme la aproximación, darle la orden a Etchevez para que abra y tire los paquetes y a su vez, debía tener el suficiente lugar de maniobrabilidad que me permitiera virar para salir, teniendo en cuenta que el vuelo de lanzamiento se hacía a no más de 20 metros de altura“.

Recuerdo que en esas condiciones y cruzando mentalmente cálculos que nunca había puesto en práctica, llegamos a la zona del Lago Belgrano, donde un paisano de ochenta años aproximadamente, hacia patria en esas latitudes y esperaba los alimentos de los cuales carecía hacía unos cuantos días.  También fuimos a estancias en el Lago Cardiel , el Lago Strobel y varias más en la zona este de Gregores. Piensen que si hoy son lugares difíciles, no quieran pensar lo que sucedía por allí hace hace 20 años atrás”, destacó Helein.

Uno de esos vuelos – prosiguió – lo realizamos a un paraje llamado Las Horquetas; un lugar hermoso cercano a Gobernador Gregores camino a Bajo Caracoles, pegadito a la ruta que en aquel momento no podíamos ver ni siquiera desde la altura en que volábamos, teniendo en cuenta que la perspectiva es distinta cuando uno se leva. Aún así, no podíamos ver su trazado” señaló como si la foto se le reprodujera en ese mismo instante. 

Ya habíamos pasado dos veces y tirado los bultos, pero por radio se nos pidió que hiciéramos una tercera pasada y lanzáramos un pack de leche, dado que en la familia había un niño, por lo tanto, el envío no podía esperar. Y así lo hicimos. Viré el avión, lo puse en ruta paralela hacia donde la casa de la familia asilada se dibujaba lejana como una mosca en la leche, acerqué la máquina lo más posible al “objetivo terrestre”, cuidando de que no desapareciera “en la panza del avión” para tener un lanzamiento preciso y unos cuantos metros antes de pasar por el frente y algunos más al costado de la casa, le di la orden a Etchevez y éste, como un bombardero avezado, abrió la escotilla y tiró el paquete de leche. Con la misión cumplida, le di motor a Pipper, lo mandé en trepada y volvimos a Gobernador Gregores.

En el vuelo de regreso, los hombres que habían logrado llevar alegría y tranquilidad a diez familias aisladas por la nieve, sonreían e intercambiaban aspectos de aquella vivencia inédita, hasta que, finalmente, el aeropuerto de Gobernador Gregores apareció como un punto negruzco y semisepultado por el manto blanco en el horizonte brumoso, con una temperatura que a esa altura promediaba los 30 o 32 grados bajo cero.

La máquina apuntó a la cabecera de pista y con la habilidad de un piloto curtido de volar en condiciones muy desfavorables, Herlein puso la máquina sobre el hielo y después de algunos “cabresteos” propio del suelo jabonoso y la velocidad, la máquina totalmente dominada, fue conducida a la plataforma. 

Una vez más, aquel ruido desagradable de haber tocado algo con las alas, se hizo sentir en el interior de la cabina. Otra vez las alas habían rozado con el plano inferior el cúmulo de nieve, como cuando hicieron las maniobras previas al despegue “Solo que cuando salimos, el ala había rozado sobre nieve más o menos blanda y cuando llegamos era hielo a lo que le pegamos”, recuerda Helein quien también recordó cómo lo resolvió “La dureza del hielo dobló el compensador estático del alerón y era un verdadero problema para volver a salir. Asique le pedí a mi amigo, el Jefe del Aeropuerto de Gregores Ramón Luján, que moviera los comandos dentro del avión, mientras yo afuera, enderezaba a mano el contrapeso, usando un poco de la fuerza que me permitía el frío helado de la Patagonia. No podíamos parar y tampoco podíamos darnos el lujo de quedar fuera de servicio, ya que de nosotros dependía mucha gente necesitada”.

Al otro día las operaciones se retomaron y los hombres que dieron vida a este operativo, completaron todas las entregas previstas y una semana después, muy cansado el piloto por el tipo de operación que llevaban adelante, el intenso frío, las condiciones de vuelo extremas, con vientos muy fuertes a sortear en la meseta, los cuales no bajaban de los 50 nudos (unos 93 Kms/h), regresó a Río Gallegos.

Hace unos años atrás, recuerda Herlein, se reecontró con su amigo de aventuras Rubén Etchevez, el bombarderoque eyectaba los paquetes de alimento al grito de “¡Ahora!” y tras el abrazo de tanto tiempo sin verse y después que se actualizaran sobre la vida actual de uno y otro, comenzaron a recorrer los viejos recuerdos de sus viajes juntos y fue allí donde Herlein contó casi con estupor “Me contó Rubén que unos 10 años después de aquellas maniobras que nos mandamos sobre las estancias, se encontró con un señor del Paraje Las Horquetas, el mismo donde habíamos hecho las tres pasada y le contó, no sin asombro, la precisión con la cual aquel pack de leche había caído en el frente de su casa” y con preocupación remarcó “Éste hombre le dijo a Etchevez, asombrado por el nivel de precisión, que cuando mi avión hizo la última pasada, él vio venir la máquina, vio en contraluz como se descolgaba un bulto negro de la panza del avión y buscó refugio en el marco la puerta de su casa, pensando que el pack de leche caería “en sus manos”, como un verdadero servicio de delíbery” pero tras ello el piloto reflexionó “Nosotros nunca lo supimos, (y éste hombre tampoco), lo cerca que estuvimos en derribarle la casa, porque si ese pack de leche caía en el techo, el efecto iba a ser el de una pequeña bomba, dada la altura, la velocidad y la masa que despliegan los objetos que se lanzan desde un avión y fue ésta una de las cuestiones que tuvimos en cuenta para que en todos nuestros lanzamientos, nadie resultara herido en tierra. En este caso el “exceso de precisión” de nuestro servicio de delíbery, no había sido una acción meritoria sino más bien un cálculo no tan preciso como había observado aquel hombre que se mostró tan agradecido con nuestra ayuda y asombrado con nuestra exactitud a la hora de hacer aquella tercera pasada sobre su casa”, concluyó Daniel Herlein, el piloto que de cazador de barcos, se reveló como un delibery aéreo, en épocas de emergencia climática. (Agencia OPI Santa Cruz)

23 Comentarios

  1. Realmente emocionante fue un acto de gran valor de seres humanos que no midieron ni el frío ni el riesgo qu con ello conllevaba para ayudar a otros seres humanos.¡Gracias!¡Bendiciones!

  2. Daniel gran tipo solidario como nadie. Cuando piloteaba el lear de la provincia siempre llevaba a alguien o lo traía de bs as para ahorrarle el pasaje… un capo

  3. Señora Morma , quiero y admiro su pueblo dede el año 1981 cuando pasaba como Comandante de LADE, por eso le mando un cariño enorme y la alegría que fue para mi haber podido realizar este vuelo de asistencia tan importante.

    Daniel Herlein

  4. Aplaudimos al COMANDANTE amigo Daniel Herling,reconociendo su arrojo por la peligrosidad para volar tan bajo sobre el manto niveo,el Aero Club Santa Cruz conserva en su historial misiones similares arrojando paqueteria en las Estancias de la zona Centro,…¡¡¡¡¡crudos inviernos!!!!que guardamos en nuestro recuerdo….tengo a mi lado uno de esos “”Pilotines “….Jose “Pepe”Fernandez…gran abrazo a Daniel

  5. que pena que las comisiones de toponimia en los Municipios, estén para homenajear a las personas fallecidas, a quienes hicieron mucho para merecer el reconocimiento social a través de imponerle el nombre a alguna calle u otra forma. Digo que pena, porque , QUE LINDO Y JUSTO, seria reconocerles en vida, a personas como Daniel Herlein, cuanto los admiramos y cuan contentos estamos de tener en nuestro medio ciudadanos como esta modesta
    persona.

  6. Un grande entre los grandes, he tenido la oportunidad de volar muchas veces con él como médico aero evacuador y es un gran compañero, se merece todos los elogios y más, un honor

  7. …historia conmovedora, increíble.
    De lo que somos capaces, cuando las cosas se ponen difíciles y se deja el egoísmo a un lado, para ver al otro como un semejante.
    …pienso, sería una historia extraordinaria para hacer una “peli de esas”, si el incaa se dejara de gastar guita en giladas “progres” y se dedicara a hacer CINE EN SERIO dejando “ideologías” aparte, después de todo, es con nuestra plata que se financian, digo, no..?
    Un abrazo muy cálido al Sr. Herlein y su “tripulación”, personas a quienes quisiera conocer.

  8. ¡¡Increíble historia que desconocía!! gracias OPI y felicitaciones a este piloto que no tengo el gusto de conocer. Desde Perú un gran abrazo a esa tierra en la que vivi 13 años de mi vida.

  9. Fui vecina de Daniel un tippo recontra servicial, atento y muy educado,,, Felicito al diario por rescatar esta historia increible. UN ABRAZO A MI EX VECINO

  10. VISTE OPI QUE SE PUEDEN HACER BUENAS HISTORIAS SIN AMARGARNOS TODOS LOS DIAS CON LA CORRUPCION DE ESTOS HIJOS DE PUTA??????? JAJAJA PERO BUENO IGUAL TE AGRADECEMOS QUE DIGAS LO QUE NADIE CUENTA
    BUENA HISTORIA Y BIEN CONTADA
    UN APRETÓN DE MANO AL LUNGO QUE LE COSTABA ENTRAR EN LA CABINA JAJAJJAJAJA

  11. Es muy conmovido por los comentarios de todos Uds.
    Recibir un saludo de un pionero como Pepe Fernandez y su esposa, y de Mario Blaser, lograron emocionarme realmente.
    Muchísimas gracias, valió la pena..

    Daniel Herlein

  12. Me reí mucho leyendo como hacian para tirar los paquetes y esto si lo juntamos con la nota de los barcos la verdad es que este piloto de la FAA hace mérito a la fama que los rodea…. muy bien

  13. Daniel:
    Nunca olvido cuando ganamos el Torneo de aterrizajes de presición en Toluin (Río Grande) contra 22 tripulaciones de Argentina y Chile- todo gracias a tu experiencia- volábamos en el Cessna JDZ.Estoy con Mario Bláser que los homenajes deben hacerse en vida. Te mando un fuerte abrazo, Eduardo Harris.

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