Gasto público: el Estado ya consumió más que en todo 2019

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Por: Diego Cabot

Según publico La Nación El ministro miró fijo y preguntó: “¿Y por qué tiene que bajar el gasto público”? Era domingo a la noche y se dirigía a su entrevistador. Probablemente, la nota periodística le llevó al funcionario una hora, entre lo que estuvo al aire de América TV más los preparativos técnicos. Durante esos 60 minutos, el Estado gastó $759 millones, a razón de 12,6 millones sesenta segundos. Y si alguien quiere una muestra más concreta que cierre los ojos y cuente uno. Al abrirlos, habrán salido $211.000 de las arcas públicas. Ahora bien, semejante cantidad de ceros, ¿qué significa? De acuerdo a los datos de la Asociación Argentina de Presupuesto (ASAP), en base a datos públicos hasta el 24 de septiembre pasado, el gasto público acumulado ya sobrepasó todo lo que se utilizó en 2019.

La aceleración de las erogaciones del Estado no se detienen y las partidas se acumulan . En cada uno de los días de 2020 se debió confeccionar un cheque de $18.223 millones . Nueve ceros cada 24 horas. El año pasado ese número llegaba a $13.046 millones y, si no se suma ni un peso adicional en todo el año, entre el presidente Alberto Fernández y sus ministros habrán utilizado $20.802 millones diarios, algo así como $240.000 por segundo, en promedio. Pero al ritmo que se avanza la máquina de gastar, nada indica que no se ampliará la disponibilidad mediante alguna modificación presupuestaria.

El presidente Alberto Fernández reunido con parte de su Gabinete, además de empresarios y sindicalistas El presidente Alberto Fernández reunido con parte de su Gabinete, además de empresarios y sindicalistas

Pero para explicar el gasto público hay que mirar qué pasa dentro de algunos rubros. Según datos del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf), el ahorro que pudo anotar el Gobierno con la falta de movilidad jubilatoria será de $72.000 millones de pesos. Uno de los temas que preocupan, además, es de dónde sale el dinero para pagar. Sin crédito externo, las llamadas fuentes de financiamiento son dos: la recaudación de impuestos y la emisión monetaria.

Y ahí sí hay algunos movimientos importantes. La caída de la recaudación tiene, claramente, el origen en la pandemia y el remedio: la cuarentena más larga del mundo. Los números hablan por sí mismos. El PBI cayó 19,1% en el segundo trimestre del año y los impuestos muestran claramente que la baja de la actividad generó menos ticket. El sector privado ajustó al punto de que la tasa de empleo, que es la que mide la población que trabaja entre los 16 y los 64 años, se desplomó al 33,4% frente al 42,2% de hace un año.

Mientras el sector privado ajustó, el Estado sumó 23.000 agentes y el gasto público subió. Pero el juego de las cañerías de ingresos a las arcas públicas y las de salida está conectado. La recaudación acusa el golpe de la caída de la actividad privada. El IVA, directamente relacionado al consumo, aumentó 19% hasta septiembre; los gastos van al ritmo del 40%. Pero la brecha no se cubre sólo con emisión monetaria, sino que se sumó más presión tributaria. El impuesto PAIS, que se cobra a la compra de dólares, ha pasado a ser relevante y, en parte, suple la caída de los tributos que tienen que ver con la actividad económica. El 30% que se adiciona a la compra de la moneda extranjera sumó hasta septiembre 110.000 millones de pesos. Habrá algo más, en estos días, el Congreso debate la creación de un nuevo impuesto llamado a la riqueza.

Sin dudas, el ministerio que tenga dentro de su presupuesto la Anses se lleva la mayor parte del mismo. En este caso, Trabajo, el que maneja Claudio Moroni, es responsable del 50% del gasto acumulado. El cheque diario que se confecciona ahí es de $9208 millones.

Le sigue el Ministerio de Desarrollo Productivo. Matías Kulfas acumula en sus balances todos los pagos que se hacen para apuntalar la producción. Allí se gastan por día $1345 millones diarios. No parecen demasiado efectivos esos aportes: como se dijo, el PBI cayó 19% en el segundo trimestre y, según contó el economista Damián Di Pace, solo tres de cada 10 empresas lograron el mismo nivel de actividad que antes de la cuarententa. Una duda sobrevuela a los “desarrolladores productivos”: qué pasaría si se quitan los anabólicos que se inyectan.

La ministra de Seguridad, Sabina Frederic, anota un gasto público de $577 millones diarios. Bien se podría poner el foco en la efectividad de ese dinero ya que las quejas sobre los servicios que entrega el Gobierno en este ítems son constantes.

Luego sigue Daniel Arroyo. El ministerio de Desarrollo Social gasta a diario 556,65 millones de pesos diarios. Mientras la pobreza ya llegó a 40%, Arroyo eroga 23,19 millones de pesos por hora. Dicho de otra forma, si cada día el ministro tiene una jornada de 10 horas, confeccionará un cheque de 55 millones cada 60 minutos.

En la otra punta de la lista se posiciona el Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad y el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible. Elizabeth Gómez Alcorta utiliza 1,47 millones de pesos diarios y Juan Cabandié, $12,11 millones.

El Estado ya gastó más que todo lo que se utilizó en 2019. Hay varias cosas que explican esto: la cuarentena, la emergencia en Salud, la crisis social y de empleo, la caída de la actividad y la consecuente baja en la recaudación. Un problema es que el gasto público se ha convertido en una máquina de consumir dinero; el otro, que sólo lo proveen los que pagan impuesto y la impresora de billetes. (La Nación)

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