El Gobierno nacional busca forzar un acuerdo con la oposición por la pandemia del coronavirus y las PASO

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Según publica Clarín Ante el plan de postergar primarias, el sector duro de Cambiemos advierte la posibilidad de una trampa.

Con la mira puesta en el año electoral, el gobierno de Alberto Fernández quiere compartir el costo político de tener que decidir más restricciones por la pandemia del coronavirus que impactarán en la economía. Para ello busca forzar un acuerdo con Juntos por el Cambio que también implique postergar las primarias y las elecciones.

Además, pretende arrancarle a la oposición un pronunciamiento para ampliar los plazos de refinanciación de la deuda con el Fondo Monetario Internacional estirando los plazos de 10 a 20 años.

Por eso la semana que transcurrió -y seguirá en esta que se inicia- la relación del Gobierno con la oposición volvió a tensarse fuertemente por la idea oficial de postergar el calendario electoral de las PASO del 8 agosto y los comicios de octubre, con la excusa de la pandemia.

Y dejó por un lado movimientos que mostraron algún intento de acercamiento -sin consenso opositor el kirchnerismo no podría avanzar-, como la reunión en la Casa Rosada entre el ministro Eduardo de Pedro, Sergio Massa y Máximo Kirchner, que convocó al jefe de los diputados del PRO Cristian Ritondo y al intendente Jorge Macri, con puesta en escena final de foto en el Patio de las Palmeras; y el cónclave – remoto a causa del positivo presidencial al Covid-19- entre Alberto Fernández y el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, para analizar los últimos datos sobre la pandemia y buscar acuerdos para enfrentarla.

Pero los intentos de bajar tensiones se chocan no solamente con la movida oficial respecto de alterar las PASO, que genera una profunda desconfianza opositora, distinto tenor de respuesta y el temor de varios referentes a caer en una trampa electoral del Gobierno.

El sector “duro” que encarnan Mauricio Macri con Patricia Bullrich y la Coalición Cívica también, pudo jactarse de la teoría de la “emboscada” y la imposibilidad de confiar en el Gobierno cuando el kirchnerismo -para lograr malestar opositor, y lo consiguió- salió a difundir que en ese cónclave del martes pasado -en teoría para hablar de desembolsos en obras de infraestructura para territorio bonaerense-, se había llegado a un acuerdo para correr las primarias.

La misma perspectiva de unificar acciones para enfrentar la segunda ola sobre todo en el Area Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) se ve afectada por distintos criterios, que en poco tiempo más tendrán también traducción en la campaña electoral, a la que no escapará el debate sobre el manejo de la pandemia.

Aunque Fernández busque reeditar su imagen positiva de inicios de la pandemia cuando se mostraba al frente de un “comando” unificado anti Covid junto a Larreta y Axel Kicillof, el alcalde porteño ha ido tomando distancia y hoy busca también diferenciarse, además de que en el medio, a instancias de Cristina Kirchner que ya buscó dañarlo como potencial rival electoral, en una dura ofensiva política y legislativa el oficialismo le recortó de un plumazo, fondos de coparticipación a la Ciudad por unos 65 mil millones de pesos.

La oposición, que tiene sus propias divisiones y pujas tanto internas dentro del PRO, como de la UCR que ya agita sus propios precandidatos y no quiere volver a ser el socio menor como en tiempos del macrismo, en que no tuvo incidencia en las decisiones de la Casa Rosada, buscará dar este martes en reunión de su mesa nacional una respuesta unificada sobre el plan oficial para correr las fechas de las elecciones.

Para conformar a todos, el mensaje de “esperar” cómo se desarrolla la situación sanitaria sería la opción más probable.

El gobernador de Jujuy, el radical Gerardo Morales, en entrevista con Clarín dijo el domingo que “se está hablando de postergar y es prematuro resolverlo ahora”, y pidió esperar a ver que sucede con la segunda ola y la marcha de la campaña de vacunación.

Del lado oficialista también buscan envolver a la oposición en un compromiso para pedirle al FMI estirar el plazo de reestructuración de la deuda a 20 años en lugar de a 10 años, como estipulan los estatutos del organismo. La idea de ligar a la oposición con el tema de la deuda – que ahora busca plasmar Máximo Kirchner desde su campo de acción en el Congreso- ya la lanzó la vicepresidenta Cristina Kirchner el 24 de marzo cuando dijo que “no tenemos plata” para pagar. Una movida que parece volar bajo en el plano de los públicos domésticos ya que hasta el propio ministro Martín Guzmán explicó en su momento que “las reglas de juego no se negocian unilateralmente con un país. Poder tener un programa distinto requeriría cambiar la arquitectura financiera internacional, y eso requeriría el apoyo de Estados Unidos, China, Japón, Alemania, Francia, Italia y de países más avanzados. (Clarín)

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