Francia reedita el operativo político para frenar a la extrema derecha

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El presidente francés, Emmanuel Macron sale de un colegio electoral después de emitir sus voto acompañado de su esposa Briggitte Macron- Foto: NA
El presidente francés, Emmanuel Macron sale de un colegio electoral después de emitir sus voto acompañado de su esposa Briggitte Macron- Foto: NA

Según publica La Nación Emmanuel Macron tendrá que esforzarse en estos duros 15 días que quedan hasta el ballottage para convencer al electorado de que Marine Le Pen es lo que “no son” los franceses.

Por: Luisa Corradini

Bien se podría calificar de divina sorpresa. O de profundo suspiro de alivio. Después de días de incertidumbre, que vieron a la extrema derecha ganar terreno, los resultados de esta primera vuelta demostraron que los votantes franceses continúan apegados a los valores republicanos que caracterizan a esta sociedad. A través del voto útil, como muchas otras veces —y como sucederá sin duda en el ballottage— los electores dieron a Francia la oportunidad de seguir siendo una de las grandes naciones del globo.

“¡Ni un solo voto debe ir a Marine Le Pen! ¡Ni un solo voto debe ir a Marine Le Pen! ¡Ni un solo voto debe ir a Marine Le Pen!”… Con su legendaria verba de tribuno, aun decepcionado por su 21,1% que lo colocó en tercera posición y lo dejó fuera de la segunda vuelta, el líder de extrema izquierda Jean-Luc Melenchon, se sumó hoy noche al mensaje de todos aquellos candidatos de derecha e izquierda republicana que, como ha sucedido históricamente en Francia, llaman a sus electores a impedir el acceso al Elíseo a la extrema derecha. Ese fue el caso de la socialista Anne Hidalgo, del verde Yannick Jadot, de la conservadora Valérie Pecresse, del comunista Fabien Roussel y del trotskista Philippe Poutou.

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Si esa consigna fuera seguida al pie de la letra el 24 de abril, Emmanuel Macron obtendrá un holgado triunfo, semejante al que logró en 2017, cuando reunió 66% de votos frente a Marine Le Pen, y se convertirá en el primer presidente reelecto en 20 años.

Pero Emmanuel Macron es perfectamente conciente de los peligros que lo acecharán en estos 15 días en los cuales enfrentará una nueva campaña. En primer lugar, todos aquellos que tanto a derecha como a izquierda consideran que “cualquier cosa, menos Macron”. A esa franja de la sociedad el presidente dijo hoy en su discurso que hará todos los esfuerzos necesarios para convencerlos del valor de sus propuestas. En cuanto a su estrategia frente a Marine Le Pen, el actual ocupante del Elíseo dio el primer indicio: la diabolización.

“Quiero una Francia humanista, del respeto, la tolerancia y la convivencia pacífica. Una Francia generosa y abierta. Una Francia donde todos tengan su lugar y sean considerados por igual. Sobre todo, no quiero una Francia que sea la internacional de los populistas y de los xenófobos. Eso no somos nosotros”, advirtió.

Tanto Marine Le Pen como Emmanuel Macron tendrán un duro trabajo por delante durante estos 15 días. La candidata de extrema derecha deberá convencer a los electores del ultranacionalista Eric Zemmour de votar por ella, evitando sin embargo identificarse abiertamente con sus ideas xenófobas y racistas. En esas arenas movedizas, la candidata recibió hoy un primer regalo envenenado cuando el polemista antimusulmán llamó a sus electores a transferirle sus preferencias el 24 de abril, a pesar de los violentos ataques que lanzó en su contra durante la campaña. Después de haberse esforzado durante años para normalizar —o más bien “desintoxicar”— su imagen y la de su partido ante la opinión pública, esa confirmación de pertenencia al universo impresentable de la xenofobia y el racismo, pesarán mucho más que el escaso caudal de boletas (7%) que le aportaría el electorado de Zemmour.

Macron deberá por su parte convencer a los franceses de que “nada está jugado de antemano”, y que el peor de los errores sería no ir a votar el 24 de abril pensando que ya ganó. Pero, sobre todo, el presidente-candidato tendrá que conseguir devolver a la líder de la Reunión Nacional su estatus de verdadera representante de la extrema derecha.

En todo caso, en vistas de los resultados de esta primera vuelta, los 58 millones de franceses inscritos en el padrón electoral parecieron anoche tener las cosas bien claras: una vez más, como en 2002 y en 2017 —es decir, cada vez que la xenofobia llegó a las puertas del poder—, el 24 de abril estarán escogiendo entre dos visiones diametralmente opuestas de sociedad, de país y, sobre todo, de mundo. (La Nación)

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